INDICE DE CONTENIDOS
por la pérdida de sus cualidades fundamentales.
15 - LA DEGENERACIÓN DE LA RAZA HUMANA
POR LA PÉRDIDA DE SUS CUALIDADES
FUNDAMENTALES. (nov. 2009)
14 - ¿DÓNDE ESTA WALLYS? (un juego semántico)
13 - EL EQUIVOCO DE NIETZSCHE
12 - El abrazo materno y el continuum del sistema sexual de la
maternidad: a proposito del Metodo Madre Canguro
11 - PARTO ORGASMICO: testimonio de mujer y
explicación fisiológica.
12 - Sobre la función orgánica y social de la sexualidad (I)
10- Hace falta una Declaracion Universal de la Condicion
Humana
9 - Aunque el fascismo se vista de seda, fascismo se queda
7 - Tres versos de Lope de Vega
6 - Nota aneja al libro Pariremos con Placer (2ª edición)
5 - Cuento corto de ciencia-ficción
4 - El dese materno existe
3 - Amamantar por placer (reseña de un libro)
2 - ¿Domina el sistema neurológico los demás sistemas del
cuerpo? - Las cosas como son y las palabras para decirlo
1 - Objetivos de AMARYI
domingo 29 de noviembre de 2009
Fe de error del texto La degeneración de la raza humana por la pérdida de sus cualidades fundamentales
LA DEGENERACION DE LA RAZA HUMANA POR LA PÉRDIDA DE SUS CUALIDADES FUNDAMENTALES:
‘Dar, recibir, devolver’ no es la explicación del ‘hau’ sino del término chinook ‘potlach’ (derivado del nootka ‘patshatl’) de una tribu del noroeste del Pacífico (tierra de Seattle).
El término ‘potlach’ significa donar o alimentar, que a su vez decían significaba ‘dar, recibir, devolver’.
Según Marcel Mauss (Ensayo sobre los dones. Motivo y forma de intercambio en las sociedades primitivas, en ‘Sociología y Antropología, Taurus, 1981), la noción de ‘potlach’ es la misma que la del ‘hau del bosque’, referida por el maorí Ranapari al antropólogo Elsdon Best en 1909 (Maori Forest Lore. Part III, en Transactions of the New Zealand Institute, 42, pp. 433-448). El maorí Ranapari le explicó a Best, que si alguien te da algo, no puedes quedarte con el ‘hau’ de ese algo, sino que tienes que devolverlo. El ‘hau’ era algo así como la empatía –algunos lo traducen por ‘espíritu’- que acompaña el objeto regalado, no el objeto mismo.
Jesús Ibáñez recoge estas informaciones para definir el concepto de explotación en términos de devastación, más allá de la perspectiva marxista del análisis del capital (sustracción de la fuerza de trabajo humana para realizar la plusvalía). Dice Jesús Ibáñez: Lo que Ranapiri quiere decirnos con su cuento del ‘hau’ es que todo beneficio, todo plusvalor, ha de retornar a su fuente, por lo menos en la medida necesaria para que continúe siendo fuente.
Desde mi punto de vista, el ‘potlach’, o el ‘patshatl’ o el ‘hau’ se refieren al modo de funcionar de la naturaleza, cuyo bloqueo continuado (para sustraer fuerza de trabajo o cualquier producción de la naturaleza), produce efectivamente su devastación. La sabiduría y la intuición de las poblaciones indígenas, que vivían en contacto con la madre tierra, era precisamente que no se podía contra-decir de modo persistente el modo de funcionar de la naturaleza.
Ibáñez se refiere a ello para definir un nuevo concepto general de la explotación; y yo para explicar la reciprocidad de la libido humana (el potlach’ o el ‘hau’ del sistema libidinal), y por qué su bloqueo continuado produce la degeneración de nuestra especie.
Este texto de Jesús Ibáñez (Hacia un concepto teórico de ‘explotación’, publicado en la revista Sistema nº 53, marzo 1983, y también como Epílogo de El Regreso del Sujeto), rompe el reduccionismo marxista y el análisis ‘interno’ del funcionamiento del capital, para situar el concepto de la explotación desde la perspectiva de la autorregulación de los ecosistemas. La primera edición de El regreso del sujeto de Jesús Ibáñez, corrió a cargo de la editorial Amerindia (Chile) vinculada a los biólogos Maturana y Varela.
(La Mimosa, 29.11.09)
jueves 19 de noviembre de 2009
La degeneración de la raza humana por la pérdida de sus cualidades fundamentales (nov. 2009)
Benjamin Constant (1809) Sobre el espíritu de conquista y la usurpación
No hay mayor ni más sotil ladrón que el doméstico; y así mueren más de los confiados que de los recatados; pero el daño está en que es imposible que puedan pasar bien las gentes del mundo, si no se fía y se confía.
Cervantes.
1.- La reciprocidad como elemento clave de la libido.-
Cuando una persona recibe amistad, confianza y afecto, está recibiendo algo que es propio del ser humano y que mana de su integridad psicosomática; es decir, la amistad y el afecto no es una norma de una cultura sino, en todo caso, se hizo cultura cultivando algo que brota de forma espontánea de nuestras pulsiones orgánicas, las cuales promueven el derramamiento del afecto sincero y de la conducta amorosa entre los congéneres; derramamientos convertidos en miradas, caricias, besos, abrazos, palabras, risas (de las que suben del vientre, no las de las máscaras), mimos, deseo, pasión, y toda una gama diversa e infinita -pues es específica de cada proceso ontogénico- de complicidades y de complacencias (*). Una mirada amorosa nos conecta con un bebé de 2, 3, 4 meses, que nos corresponde con su mirada amorosa; le sonreímos y nos devuelve también la sonrisa; frotamos nuestra cara contra su cuerpecito, y se ríe a carcajadas. El género humano somos, estamos hechos así.
La reacción de cualquier ser humano que no haya sufrido algún proceso de degeneración grave, ante una entrega afectiva, es responder de la misma manera, sincera y espontánea, que el bebé de tres meses, con la entrega recíproca de su amistad, de su confianza y de su afecto.
La reciprocidad es un elemento clave de la libido; realiza la función de formación del grupo humano desde el origen de la especie, cientos de miles de años antes de que aparecieran las normas y las leyes de cualquier civilización humana. Esta función social de la libido es clave porque gracias a ella nuestra especie se fijó en la cadena evolutiva y se estableció en la biosfera. Como decía Goytisolo, “un hombre sólo, una mujer/son como polvo, no son nada”. Sin grupo, sin el tejido social del cuidado y del apoyo mutuo, la humanidad no hubiera sobrevivido.
La amistad, la entrega del afecto y de la confianza, desde siempre se ha considerado una cualidad básica de la condición humana. Y también sabemos que la amistad o es recíproca o no es tal amistad. Quebrar la reciprocidad traicionando a un amigo o a una amiga, era algo vil, una prueba de degeneración del ser humano. Claro que como decía Cervantes, siempre ha sido más fácil engañar a quien confía en ti que al cauto, y por ello solía ser lo más rentable y lo más sórdido al mismo tiempo.
Cuando una persona engaña a otra y finge entregar amistad, confianza y afecto, con el objeto de extorsionarla o manipularla, está desplegando una voluntad de dominio, y está negando su propia capacidad de amar y de entendimiento, corrompiendo sus propias facultades humanas. Convencida quizá de su superioridad por el ejercicio de Poder, en realidad se ha convertido en un subproducto degradado de la especie humana. Es posible que l@s que las élites dominantes mantengan la creencia de la superioridad y de la grandeza del Poder, como cortina de humo para ocultar la degeneración que padecen l@s que la practican.
El Poder crea el campo de batalla y decide el tipo de armamento de cada guerra. Cuando las personas se dan cuenta de la guerra en la que viven, de que hay gente dedicada a la falsedad y a la mentira, automáticamente pierden el estado de confianza y pasan a reprimir los impulsos espontáneos de afecto y de reciprocidad. De manera que a medida que se extiende la guerra y la congelación del sistema libidinal, aumenta la robotización de los cuerpos y la degeneración de la raza humana.
La reciprocidad es una cualidad de la vida en general. Amo naturalmente a quien me ama, decía Lope de Vega, resumiendo con su ingenio poético, en un solo verso, todo esto de que la reciprocidad es característica de las cosas de la vida.
Unos aborígenes de Alaska (1) lo llamaban ‘el hau del bosque’. Cuando el antropólogo que registró esta información, a principios del siglo pasado, le preguntó al indígena que lo contaba qué era ‘el hau del bosque’, éste le contestó: ‘dar, recibir, devolver’; así es como para ell@s funcionaba el bosque, y así es como funciona la vida que, para su mantenimiento y desarrollo, se ha dotado de todos los sistemas que dicho funcionamiento requiere.
Como decían Maturana y Varela (2) todos los seres vivos somos organizacionalmente cerrados (con capacidad de autorregulación interna) e in-formacionalmente abiertos (nuestra formación se hizo en, y requiere de, un intercambio continuo con otros seres vivos, de nuestra misma especie y de otras). La autorregulación de cada ser vivo tiene una cierta autonomía pero depende de la apertura y de la relación externa.
Para mantenerse vivo, cualquier ente orgánico precisa conservar la organización interna, ‘el cierre’ que asegura su autorregulación (defenderse de las agresiones externas que puedan quebrantar dicha autorregulación), y ‘la apertura’, la relación con los seres de su entorno y de su hábitat. (’Cierre’ y ‘apertura’ son términos nuestros que aquí tienen poco que ver con el concepto de cierre y apertura de puertas o ventanas; es una manera de expresar, a falta de otros conceptos, el modo de fluir y remansarse de la vida orgánica, su equilibrio sinérgico).
En la especie humana, el hau del bosque es la libido, el sistema fisiológico sexual, con una función de apertura, derramamiento y aceptación entre unos seres humanos y otros.
La dignidad es un sentimiento que producimos para proteger ‘el cierre’, nuestra integridad individual. La in-dignación (investirse de dignidad) es el sentimiento de rechazo a la agresión al objeto de recuperar nuestra integridad. La dignidad y la in-dignación brotan de nuestra integridad original y no tienen nada que ver con el orgullo, la soberbia, etc., y otras características de la formación y adaptación psíquica al ejercicio de la dominación y/o de la sumisión (el ego). Las criaturas humanas reaccionamos con nuestra dignidad ante las agresiones e intentos de bloquear el ‘hau’. La dignidad no es un valor ético, es un sentimiento, una cualidad humana.
El proceso de sometimiento a la dominación es siempre un proceso de pérdida del sentimiento de la dignidad, una pérdida de una cualidad in-formacional.
La libido no es una cualidad psicosomática cualquiera, es una característica básica del ser humano, imprescindible para la supervivencia de la especie. Creo que si por ejemplo se produjera una mutación que nos hiciera a tod@s coj@s, cieg@s o sord@s, seguramente sobreviviríamos; pero no podemos sobrevivir sin el sistema sexual (y no sólo por la cuestión reproductiva, que seguramente podría realizarse in vitro y en un laboratorio).
La función de la líbido ha sido el tema central de otros escritos míos (3) y aquí no me voy a referir a dicha función general; sólo voy a referirme a algunos aspectos que a menudo pasan desapercibidos, desde esta perspectiva de la reciprocidad.
La ternura, por ejemplo, que sentimos hacia un perrito o perrita recién nacidas, o hacia un cachorro o cachorra mamífera cualquiera, es también una producción de nuestro sistema libidinal. Todo el mundo experimenta esa especie de cosquilleo y de tierna inclinación ante la presencia de algún cachorro. Incluso los cuerpos más acorazados se derriten momentáneamente ante un corderit@ o un gatit@ recién nacid@s. ‘Ternero’ y ‘ternura’ vienen de tierno, y ‘corderito’ forma parte de nuestro léxico amoroso.
Parece oportuno recordar, por si todavía alguien duda de que cosas como la ternura o el afecto o la amistad formen parte del sistema libidinal y de la fisiología sexual, que estas manifestaciones amorosas ya han sido comprobadas en términos hormonales (niveles de oxitocina en comidas familiares, en meriendas de amigas, etc.).
La criatura recién nacida induce a sus mayores la ternura, una respuesta sentimental para recibir el cuidado y protección que necesita. La ternura es un sentimiento acompañado de emoción, y en los cuerpos que conservan alguna integridad, el sentimiento arraiga con mucha fuerza: no es una emoción pasajera.
Hay que decir ya, que la reducción de los sentimientos a emociones es una parte de la estrategia actual de represión de la líbido. Los sentimientos que a lo largo de la vida vamos sintiendo (valga la redundancia), a veces intensos, a veces más ligeros, son nuestro esqueleto psíquico, la raigambre que da consistencia a la criatura humana, a diferencia de las emociones que acompañan los sentimientos, que son más o menos pasajeras. Pero en los últimos años cada vez se emplea más la palabra ‘emoción’ para hablar no sólo de las emociones sino también de los sentimientos, como si todo fuera lo mismo. El resultado es que se acaban considerando ‘emociones’ lo que en realidad son sentimientos. Esta confusión no es inocente, porque mientras que el control y la manipulación de los sentimientos lo identificamos como algo que atenta a la integridad de los seres humanos, ‘el control de las emociones’ se acepta con normalidad, como una conducta adaptativa que no afecta a nuestra integridad. Este reduccionismo es una estrategia conductista al servicio de la dominación.
El reduccionismo funciona porque las emociones son reales -lo que no es real es su descontextualización y la eliminación de los sentimientos en tanto que columna vertebral de nuestra integridad psíquica. Sin los sentimientos, perdemos nuestra consistencia, nuestras raíces en nuestra gente, en nuestro entorno, y nos convertimos en seres manipulables a conveniencia. No tiene pues nada de inocente.
También luego comentaré la descontextualización como técnica discursiva para modificar la interpretación de la fenomenología de la vida, como se está haciendo con las emociones, que una vez sacadas de su contexto, se reinsertan a conveniencia. Así formalmente no se niega el fenómeno, pero se desvirtúa su función. El reduccionismo, la extrapolación y, en general, la descontextualización son mecanismos habituales que nos encontramos a menudo para modificar la interpretación de la vida; lo que por ejemplo se hace también con la depredación de las especies, la agresividad defensiva, etc., para afirmar aquello de que ‘el hombre es un lobo para el hombre’ y que llevamos la guerra y la dominación en los genes, etc.. (4)
No se niega formalmente la ternura, pero se anula su función, queda en hibernación, en estado de no funcionamiento. Entonces se pueden introducir las pautas de conducta dictadas por los expertos, que a menudo contradicen nuestros sentimientos y nuestras emociones. Para la dominación es importante hacernos inconsistentes, hacer inoperantes nuestros sentimientos y su sabiduría, y por eso lo de reducirlos a emociones para así pautar su control en caso de que emerjan; y dejarnos en disposición de seguir el dictado del método, sea el de Estivill o el Canguro. Inoperantes nuestras pulsiones amorosas, descontextualizadas las emociones y obviados los sentimientos, podemos dejar llorar a nuestro bebé y seguir considerándonos madres que amamos a nuestras criaturas.
Despiezadas las mujeres y los hombres, despiezado el sistema libidinal, el amor se convierte en un concepto abstracto que se acomoda a todos los engaños posibles. La sabiduría popular, y también alguna canción, para hablar del amor verdadero decían ‘amor del bueno’, reconociendo de algún modo que en este mundo abundan muchas clases de amor que no son buenos.
Cuando ponemos nuestra confianza en el método, lo que hacemos es que lo anteponemos como criterio de conducta al impulso del deseo y a la ternura. La práctica continua de las metodologías trae consigo la relegación y el desplazamiento de los impulsos libidinales, y así es como el engaño se retroalimenta. Luego, poco a poco, los impulsos dejan de producirse o se inhiben inconscientemente, y las pautas diseñadas artificialmente se hacen costumbre y cultura.
Si la criatura no recibe amor, no produce amor; su sistema libidinal se estanca, se inhibe, queda reprimido; entonces se produce el contraefecto de esta contención, la agresividad y la violencia. Como la represión del amor se produce de manera invisible, también se hace invisible el origen de la violencia y del fratricidio, lo que permite presentarlos como naturales, e insertar el discurso del tánatos innato, de la naturaleza violenta del ser humano y su predisposición para la guerra. Así es como se puede, sin negar formalmente el amor materno ni la ternura, cambiar la capacidad de amar y la capacidad para la ternura, por la capacidad para dominar y para ejercer la crueldad. Sustraído el sistema libidinal de la organización humana, se introduce la dominación y la guerra.
El amor del bueno se hace un bien escaso, y se llama amor a un sucedáneo de amor que es un producto psicosomático de los cuerpos en pie de guerra. Y así seguimos diciendo que amamos a quien reprimimos, a quien dominamos, a quien arrebatamos su libertad, a quien poseemos, a quien hacemos sufrir, (te pego porque te quiero/ quien bien te quiere te hará llorar, etc.), y tan convencid@s puesto que no hemos conocido otra cosa.
La correlación entre la falta amor corporal en la infancia y la violencia fue mostrada por J.W.Prescott en 1975 (5); así como la correlación entre el grado de libertad sexual en las mujeres (que está asociada al amor primario) y el grado de violencia. Este estudio se realizó en 49 pueblos no industrializados, obteniendo Prescott una correlación del 98 %; una posterior revisión del estudio de Prescott mostró que se había equivocado y que la correlación era del 100 %. Esto quiere decir que hay un cero por ciento de posibilidades de que un ser humano libidinalmente saciado desde el nacimiento sea una persona violenta. Esta correlación posteriormente se ha comprobado en términos neurológicos: por un lado, se ha comprobado que la formación del sistema neurológico desde las 14/16 semanas de gestación no está genéticamente pautada y depende de la relación libidinal con el entorno; y por otro, que la adaptación de este sistema en formación, puede o bien desarrollar la capacidad para empatizar o bien la capacidad para la indiferencia y para la crueldad, según el tipo de interacción de la criatura con su entorno. Así es como neurológicamente se ha probado también que un entorno de congelación libidinal desarrolla criaturas predispuestas para la violencia. En 1985 un grupo de científicos bajo el patrocinio de la UNESCO (6) firmaron una declaración en este sentido, afirmando que es falso que la violencia esté genéticamente determinada y que la predisposición para la guerra forme parte de la naturaleza humana. Así pues el discurso del tánatos innato está científicamente desmentido y quien lo sostiene miente a sabiendas.
El origen de la violencia de hecho se conocía ya en el patriarcado primitivo. Los vikingos colgaban a los bebés de un árbol bajo la nieve, y los espartanos los tiraban montaña abajo, para que el acorazamiento de los supervivientes les convirtiera en guerreros capacitados para la crueldad. Eran formas bruscas de congelación del sistema libidinal; ahora son más sutiles, lentas e invisibles (como lo de hacer creer a las mujeres que el abrazo materno es un método, para sustraer el deseo del abrazo).
El diseño artificial de la vida humana crea una realidad autojustificativa: se ejerce una represión sutil y arbitraria para provocar una reacción violenta que justifique la represión abierta. Lo mismo en la crianza que en la acción política. El terrorismo se inventó hace mucho tiempo para justificar la represión y la guerra (el hundimiento del Maine, un buque de la armada estadounidense, a finales del siglo XIX por los propios norteamericanos para tener un motivo para declarar la guerra a España, es un ejemplo).
A pesar de que, como digo, fisiológica y antropológicamente se conoce perfectamente el origen de la violencia (7), el discurso del tánatos innato está omnipresente en nuestra sociedad, y se publicita y propaga continuamente, a sabiendas de su falsedad; se separan las criaturas de sus madres, y se proponen pautas de educación basadas en las creencias fratricidas, que desarrollan la competitividad (o tú o yo), la represión y la violencia. Sin embargo, nadie podrá convencer jamás a una madre, a poco amor materno que haya producido, que su bebé recién nacido tiene un ápice de maldad o de tánatos innato. El deseo materno es un enemigo radical de la dominación, porque pone en evidencia el estado original de la vida humana, a saber: que yo no puedo ser sin ti.
La ternura, por mucho que se la quiera descontextualizar, es un ejemplo de la función social de la reciprocidad del sistema libidinal. La industria de los muñecos de peluche, que representan la imagen del pequeñ@ cachorr@, descansa en esta frustración de la líbido amorosa hacia las pequeñas criaturas, lo mismo que la industria de los pezones de plástico descansa en la frustración del deseo materno. La universalidad y cuantía de dichas industrias dan indicación de la universalidad y cuantía de la frustración de nuestras cualidades primarias, y por lo mismo, son una prueba de la existencia de las mismas. En otros escritos míos he explicado más extensamente los argumentos y las pruebas que he encontrado para respaldar mi convicción de que el destino (filogenéticamente establecido) de todos los cuerpos es hacerse regazo y no coraza, es decir, vivir en fraternidad/sororidad y no en fratricidio.
Y ahora se están produciendo también muñecos de aspecto robótico y con rostros no humanos, para acompañar la robotización de la maternidad y de las relaciones humanas. ¿Llegará quizá el día en que la industria de los peluches se reconvertirá en industria de muñecos de rostros robóticos?
Nos hacen creer que no sabemos nada del cuidado de las criaturas, y nos empleamos en aprender los métodos y las pautas que dictan los expertos, y mientras nos aplicamos a ello, dejamos inoperantes nuestros impulsos amorosos con su función básica de interacción libidinal, y con toda su sabiduría. Además, la complacencia es la verdadera vía del aprendizaje, la que respeta y da satisfacción a la curiosidad del niño o de la niña. Esta curiosidad crece exponencialmente a medida que se satisface, y entonces se acrecienta la búsqueda del conocimiento y se multiplica el esfuerzo y la dedicación al estudio. La situación actual del o de la estudiante es esperpéntica por lo alejada que está de lo que podría ser de un sistema de aprendizaje respetuoso con los jóvenes seres humanos.
…
La reciprocidad libidinal comporta también dos cualidades bien conocidas que han caracterizado al ser humano: la generosidad y la gratitud.
La generosidad es un impulso amoroso hacia otra persona, un afán de complacer; es decir, la generosidad es un acto de derramamiento sin más objeto que el propio derramamiento, por el placer que produce la complacencia, y el gusto que produce el derramamiento propio; a diferencia de cuando se da esperando algo a cambio, lo cual es ya un indicador del deterioro del sistema orgánico corporal, que funciona robóticamente conteniendo las pulsiones del derramamiento, y también del deterioro del tejido social que hace posible la corrupción orgánica. La generosidad es el impulso de ‘dar’, que forma parte de lo que los indígenas antes mencionados llamaban ‘hau’. Es el derramamiento o la exudación del cuerpo, su apertura hacia el entorno. La gente que goza tanto regalando como recibiendo regalos puede comprender lo que digo; la otra, no lo sé con seguridad. He comprobado que hay gente que, a base de funcionar en el fratricidio imperante y de practicar sólo el trueque (no digamos si practica el saqueo), desconoce lo que es el derramamiento y su goce, y no puede entender el funcionamiento de la vida (lo cual es en sí mismo un terrible indicador del deterioro y degeneración de la especie humana).
La generosidad y la hospitalidad son cualidades humanas universalmente encontradas en pueblos sin dominación ni jerarquías, por historiado@s y antropólog@s que en los dos últimos siglos hicieron ‘trabajo de campo’. Cualidades referidas incluso por los propios conquistadores y viajeros de siglos anteriores. El asombro que manifiestan el propio Colón, o Bartolomé de las Casas, o el Capitán Cook, ante las manifestaciones de generosidad de las gentes que se encontraban, es una prueba de su ignorancia del funcionamiento de la vida y de no tener otro conocimiento que el del fratricidio. Tenemos también las referencias de la literatura antigua, a la llamada Edad Dorada o Antigua, recogidas por nuestros literatos más ilustres que leían el griego y el latín directamente (Cervantes, Lope de Vega, Góngora), sin mencionar lo que nos cuenta Bachofen en su famosa Introducción del Das Mutterrecht (8).
Gentes que daban lo mejor que tenían, como pura expresión de su humanidad, como desarrollo normal y espontáneo de sus facultades humanas. De hecho esta generosidad todavía existe como prueba irrefutable de toda la nobleza humana (Luis Cernuda), y lo sé porque he tenido el privilegio y la suerte de conocerla. Mis padres y mis hermanos, pese a toda la persecución sufrida, la practicaron, y no solo mis padres y mis hermanos, sino también varias personas más. Si busco las pruebas y escribo para manifestar mi convicción sobre las cualidades y la bondad innata del ser humano, es para dar fe de que las he conocido.
La generosidad y la hospitalidad son inversamente proporcionales al grado, menos o más absoluto, de devastación del ‘hau’ y de implantación de la dominación y de la competencia fratricida. La dominación nos individualiza, impide el flujo libidinal, corrompe la condición humana, cambia el derramamiento entre herman@s por la rivalidad y el saqueo: cambia el ‘yo no puedo ser sin ti’ por el ‘o tú o yo’.
Las personas generosas son complacientes e incapaces de dominar. Ni mi madre ni mi padre me dieron jamás una orden, ni grande ni pequeña; ni me obligaran a hacer cosa alguna, inculcándome así el respeto a la integridad del ser humano. El no recibir órdenes (no tener que someterse, ni verse nunca en la tesitura de tener que obedecer) es fundamental para la salvaguarda y desarrollo de la integridad psicosomática y de las facultades humanas, incluida la curiosidad y las ganas de saber. El sometimiento a los padres es un chantaje afectivo, porque el grandísimo amor filial que les profesamos hace posible la neutralización del sentimiento de in-dignación. Y este es el primer paso de la criatura humana para adaptarse a la dominación en general. Esta es la rendición básica e iniciática de la integridad humana, cuya explicación está recogida en la obra de Alice Miller.
Si todo el esfuerzo que los padres y las madres de hoy dedican a inculcar límites y disciplina a sus hij@s, se aplicara a cultivar y proteger sus facultades y capacidades ¡qué diferente sería la condición de la infancia y la noción del estudio! ¡Y qué cosa tan diferente sería el amor entre padres/madres e hij@s!
Todo el enfoque de la infancia y de la educación está trastocado y pervertido por la noción que tenemos de lo que es un ser humano, por la ignorancia y el dogma establecido al respecto sobre nuestras cualidades in-formacionales.
La gratitud es un sentimiento interior que también cursa con placer: es el propio derramamiento inducido por algún tipo de entrega libidinal. No tiene nada que ver con la gratitud formal ante un regalo realizado, por ejemplo, sólo en cumplimiento del protocolo social, que es diferente de la gratitud como producción libidinal en respuesta a algún tipo de ‘regalo’ o derramamiento de otro sistema libidinal. Es el impulso de ‘devolver’ del ‘hau’ del bosque. La gratitud forma parte de las reacciones de reciprocidad y es un producto libidinal característico de la condición humana. El dicho de ‘ser agradecidos es de biennacidos’, no se refiere al cumplimiento de una norma social, sino a una producción sentimental.
Vuelvo a precisar que no estoy hablando de ‘valores’ o de moral, sino de cualidades orgánicas in-formacionales de la especie humana.
En general siempre ha habido un tipo de normas sociales que han acompañado, o al menos recubierto algo de producción libidinal. Los seres humanos hemos seguido produciendo gratitud verdadera y sincera por debajo de las normas establecidas. Pero ahora la extensión de la competencia y del fratricidio deja cada vez menos margen para dicha producción.
No hay normas ni diseño artificial de la conducta humana que pueda sustituir la función de la líbido. El acorazamiento psicosomático, la represión del deseo y de los sentimientos, seguido de la imposición de pautas de conductas de sustitución, producen un daño y un sufrimiento comprobados neurológicamente (9) y psicológicamente (10); luego, aparecen las lesiones psicológicas crónicas, objeto de tratamiento cada vez más generalizado a lo largo de toda la vida de las personas; pero además, la robotización de la conducta humana llevada a los extremos a los que estamos llegando, supone una degeneración de nuestra especie de dimensiones y consecuencias que no podemos imaginar.
La antropología académica ha asociado la aparición de la dominación (el Patriarcado) con la prohibición de la sexualidad espontánea, lo que se conoce como el Tabú del Sexo. El Tabú del Sexo, históricamente registrado, es por sí mismo prueba de la incompatibilidad de la dominación con el sistema sexual humano. Desde Freud se ha pretendido que esta incompatibilidad del sistema sexual se refería a la civilización en general, con el argumento de que la civilización requiere de una determinada represión de los instintos (el supuesto tánatos innato) y de las pulsiones sexuales (presentadas como asociales). Sin embargo, los datos históricos y arqueológicos han probado la existencia de civilizaciones y culturas ‘de celebración de la vida’, en sintonía con el ‘hau’ y con la madre tierra (11), en sintonía con el sistema sexual humano, previas al Patriarcado, desmintiendo esta impostura.
Pese a la aparente libertad formal de la sexualidad, hoy su represión se realiza con una triple estrategia: una es la de silenciar sus elementos básicos (el deseo indiferenciado y la capacidad orgástica del cuerpo humano), enterrando el desarrollo de la sexología científica del siglo pasado; la segunda, promover la práctica del sexo pautada, sin deseo o con el deseo artificialmente codificado (la tecnosexología); y la tercera, malignizar la pulsión sexual, asociándola a la agresión y a la violencia.
Me había extendido más sobre el nuevo orden de represión de la sexualidad, los nuevos camuflajes de la represión de siempre, ahora más sutil y también más absoluta que nunca, gracias a la tecnosexología, a la práctica del sexo en estado de congelación del sistema libidinal, con la ayuda de las viagras, lubricantes vaginales, etc. Las nuevas formas de represión de la sexualidad merecen una especial atención porque son un elemento clave de la degeneración de la raza humana; pero hay tanto que decir, que he creído mejor tratarlo por separado en otro escrito.
La libido tiene una herramienta muy importante para realizar su función: la capacidad humana del lenguaje. La líbido y el lenguaje juntas constituyen la capacidad de entendimiento y de sociabilidad propia y característica del ser humano.
2.- La palabra.-
La capacidad del lenguaje se ha asociado a nuestra condición humana, como una de nuestras cualidades básicas.
Decía un indio de América del Norte, no recuerdo su nombre ni dónde lo he leído, que la palabra del hombre blanco no servía para lo mismo que la palabra del piel roja; que la palabra del hombre blanco tenía una función diferente: la palabra del hombre blanco servía para engañar y la del piel roja para entenderse (12).
De manera sencilla este indio explicaba la corrupción de una importantísima cualidad humana, básica para nuestro entendimiento y sociabilidad.
La palabra sirve para entendernos, la mentira para engañarnos y practicar el fratricidio y la dominación.
La voluntad de dominio corrompe la palabra y produce la mentira para cambiar el entendimiento entre los seres humanos por la dominación de unos seres humanos sobre otros. La mentira es una herramienta de la dominación.
No hace mucho existía todavía a este respecto la noción de la integridad humana, y se decía que una persona ‘no tenía doblez’ para referir dicha integridad; o que era una persona ‘de palabra’, o sea que no estaba corrompida y lo que decía era la verdad y se atenía a ella; que no engañaba ni mentía. Hoy casi hemos perdido esta noción. La doblez y la mentira prosperan impidiendo el desarrollo del entendimiento humano y el funcionamiento de la libido. Sustituyen las relaciones humanas impulsadas por la libido, por la amistad interesada o los matrimonios de conveniencia, la ternura por la crueldad, la complacencia por la dominación, la maternidad por un sucedáneo robotizado, el abrazo materno por una metodología, etc. La industria y la tecnología en lugar de ayudar y favorecer el entendimiento entre los seres humanos, se dedican a fabricar los sucedáneos y los artilugios requeridos por la mecánica de la dominación.
Desde sus orígenes, la mentira ha estado unida a la dominación y a la represión sexual. En el comienzo del patriarcado, se inventaron falsos seres todopoderosos (extra-terrenales y/o sobre-naturales, que habitaban en los cielos, en definitiva, invisibles o intangibles), que dictaban las normas contra-natura: el sometimiento de la mujer, la esclavitud y la servidumbre a las castas dominantes, la sublimación de la líbido, la justificación del saqueo y del botín, la defensa de la apropiación individual, etc. Los dirigentes de las castas dominadoras, sacerdotes o reyes, decían por ejemplo, que un tal Yavé que habitaba los cielos les había dado unos mandamientos (Moisés), o que Marduk, otro invisible e intangible habitante celestial, había ordenado unas leyes (Hammurabi), o Brahama, el Ser Supremo del hinduismo, un código que establecía las castas y las respectivas misiones que cada una de ellas debía cumplir para alcanzar la unión con el Ser Supremo (los sudras o casta de los siervos, según el Código de Manú, tenía como única misión servir a las tres castas superiores, los sacerdotes, los guerreros y los comerciantes).
Dios o el Ser Supremo era al mismo tiempo el dictador de las órdenes y el objeto de la sublimación de la líbido: puesto que la felicidad era la unión con Dios, con el Ser Supremo, lo cual se lograba cumpliendo las leyes o misiones que ordenaba.
Los primeros seres celestiales que representaron y simbolizaron la voluntad de dominio, fueron representaciones del Sol, que en tanto que fuente de energía extra-terrenal fue elegido como símbolo de la dominación sobre la vida, y como representación de la excelsa superioridad, lo mismo que a la pobre águila le tocó ser el símbolo de la destrucción de la sexualidad femenina y de la matrística (13); son las religiones que se conocen como religiones solares o heliopónticas. El imperio romano, que practicó la dominación de forma terrorífica y cruel, consagró también Roma al Sol Invicto (Aureliano, 274 d.c.), y llevó su símbolo, la esvástica (establecida como tal símbolo en los orígenes de la dominación aria, en el 3000 a.c. (14)), junto con el águila, en los estandartes de sus legiones y falanges; mientras la población civil, dividida entre patricios, plebey@s y esclav@s, forjaban su capacitación para la crueldad de forma masiva en los circos, contemplando matanzas de gladiadores o cómo los leones devoraban a gentes indefensas. Como dice Constant, la dominación requiere también la corrupción de las personas que no están arriba de la pirámide jerárquica. Cuando hacemos turismo y visitamos las ruinas de los circos romanos, tan abundantes por cierto, deberíamos ver algo más que piedras viejas, y empezar a reflexionar sobre la crueldad y el sufrimiento que comporta la dominación. Con el arte y la historia que nos enseñaron en el colegio, nos colaron sutilmente la justificación de la guerra, de la crueldad y del sufrimiento humano.
Los mitos deben contemplarse como una gran sofisticación de la mentira, que alcanzó cotas de elaboración y de propagación altísimas para bloquear el hau de la vida, para congelar el sistema libidinal: todas las civilizaciones de la dominación descansan en algún mito (en general acompañado de prácticas rituales y de ceremonias para disciplinar el cuerpo y controlar/sublimar sus pulsiones) de similar contenido, desde el punto de vista de la fenomenología de la vida, tanto en Oriente como en Occidente.
Una característica común de todos los mitos se centra en el sometimiento de la mujer, en obligarla a renunciar a sus costumbres y a su sexualidad, sustentadoras de las formaciones sociales y culturales en sintonía con el hau. Por eso, en todas las mitologías existen dioses y héroes solares que matan a la serpiente o al toro (o becerro) representantes de la sexualidad femenina.
Cada mito cuenta una historia falaz que oculta la devastación originaria de los pueblos matrísticos: ya sean los cuentos sobre los drávidas (el pueblo indígena de la India, llamado pueblo de la tierra y de la serpiente) que quedaron convertidos en la casta de los parias o intocables, lo último de la escala social; o los de la Biblia sobre los pueblos mesopotámicos, o la literatura griega, como La Iliada, considerada como la primera obra literaria de nuestra civilización, que se escribió para falsear el sentido de la guerra de Troya (15), así como otros mitos escritos para establecer el matricidio (Edipo, Orestes, etc.) y aplastar el recuerdo de la matrística en la Vieja Europa (16).
El sometimiento y la aceptación de la inferioridad de un@s respecto al sexo dominante o a la casta superior o al adult@, desde los comienzos ha requerido del engaño; y tan importante ha sido y es para la dominación la tarea del engaño, que siempre la casta superior dentro de las castas superiores, ha sido la de los sacerdotes (levitas, brahamanes), los encargados de establecer las mentiras y mantener a punto la impostura general. Hoy la tarea del mantenimiento de la mentira, se llama ‘inteligencia’, y los sacerdotes ya no justifican su autoridad en una supuesta relación privilegiada con los dioses. Pero, al igual que los sacerdotes del patriarcado primitivo, están en la cúspide de la pirámide social.
En la evolución de algunos pueblos de cazadores-recolectores, que en el siglo pasado presentaban formas de dominación y jerarquía en un estado muy incipiente, se ha podido comprobar que la aparición de dichas formas de dominación y jerarquía, acontecía con la aparición del chamán que dirigía los rituales. (17). La etimología de la palabra ‘jerarquía’ (archos = Poder; hyeros = sagrado) también revela este aspecto del origen de la dominación, como señala la mismísima Riane Eisler: a saber que la primera casta dominadora fueron los sacerdotes o representantes de las divinidades (18) porque su tarea de promover el engaño y la sublimación de las pulsiones vitales era y es el ejercicio básico de la dominación.
También ‘baal’, el nombre del dios solar de los semitas, significaba dominación, y se decía por ejemplo que tal señor era el ‘baal’ del campo, o el ‘baal’ de su mujer; es decir, dios y dominación eran la misma cosa.
Según el Código de Manú la casta sacerdotal está por encima de las otras dos castas dominantes, que sustentan el Poder militar y el Poder económico; otra cosa es que si a estos dos Poderes no les gusta como sus sacerdotes llevan las cosas, siempre se pueden aliar y llevar a cabo un golpe Estado para cambiarlos. Pero en cualquier caso, la escala jerárquica reconoce que el Poder requiere de manera prioritaria la puesta a punto de la mentira.
El ser humano, siendo lo que es, ofrece una resistencia natural a la dominación, por lo que la dominación siempre necesita de la fuerza física y de la mentira para imponerse y mantenerse. Siempre necesitará una casta sacerdotal para organizar el engaño y una casta de guerreros para imponer el dominio por la fuerza. Siempre necesitará corromper la capacidad de entendimiento y las cualidades básicas de un determinado número importante de seres humanos, jerárquicamente degradados. Si los seres humanos no fuéramos lo que somos, con las cualidades y capacidades que tenemos, efectivamente un diseño artificial podría mantenernos organizados como robots, nuestras conductas siguiendo los dictados y cumpliendo las misiones encomendadas sin resistencia y sin necesidad de mentiras y ni de amenaza física; pero siendo lo que somos, sólo puede mantenerse con la fuerza y la mentira, en guerra permanente contra la voluntad de entendimiento del ser humano: los brotes de in-dignación son y serán siempre recurrentes. La dominación no es una guerra como medio de conseguir un fin pacífico; la dominación es el medio para mantenerse a sí misma, es la guerra permanente de unos seres humanos contra otros, y por ello los medios y el fin se confunden.
La dominación, como medio y como fin, comporta la congelación libidinal y la guerra fratricida.
Es fácil de entender que la dominación no puede ejercerse de forma continuada sólo con la amenaza de la fuerza, y que necesita asociarse con la mentira; y también que la mentira sola no podría mantener la impostura y necesita de la amenaza física. Por eso Franco, que dejó todo atado y bien atado, instaló al mismo tiempo las bases militares estadounidenses y el conductismo en las facultades de psicología (eliminando el psicoanálisis, la sexología científica, etc.).
Incluso ahora, en la nueva era de la dominación invisible, de globalización de la mentira, con la mentira convertida en arma de destrucción masiva, la amenaza permanente de la fuerza es necesaria. El terror y el horror moral, que decía Coppola (Apocalipsis Now). Por eso los imperios tienen bases militares por doquier para que las cosas estén atadas y bien atadas.
El mantenimiento de la impostura, además de la censura y de la empresa engañosa permanente, de tanto en tanto también necesita hacer una ‘limpieza’ de los grupos humanos étnicos o sociales que desarrollan la crítica racional a la masacre y al terrorismo. Estos hitos han comportado quemas y eliminaciones masivas y selectivas de libros, brujas y herejes (la Inquisición, el nazismo, el franquismo), etc. etc. y se conocen históricamente como etapas de ‘oscurantismo’, (destinadas a que la gente no vea lo que hay, y a ocultar el conocimiento que siempre acaba siendo subversivo para la dominación). Creo que si la humanidad sobrevive, se contemplarán las últimas tres o cuatro últimas décadas como una de las épocas más oscurantistas de toda nuestra historia, tanto por la destrucción implacable del conocimiento, de brujas y de herejes, que ha tenido lugar, como por la producción masiva de mentiras y de falsos científic@s, por la renovación y extensión de viejas religiones y de viejos mitos, y por la creación nuevas religiones y de nuevos mitos.
La misma persecución a la palabra pone en evidencia que la dominación descansa en el engaño y en la mentira, pues si descansara en la verdad no tendría por qué temerla.
Junto con la capacidad de amar, la capacidad del lenguaje se opone a la dominación; promueve el conocimiento de la fenomenología de la vida, la solidaridad y el apoyo mutuo, la resistencia ante la dominación.
3.- La capacidad humana de entendimiento y el dogma básico.-
La palabra y la libido asociadas nos capacitan para el entendimiento y la sociabilidad natural humana. Son cualidades básicas in-formacionales de nuestra especie; es decir, cualidades asociadas a nuestra formación filogenética, que nos hacen ser lo que somos y no otra cosa.
Para que se entienda: la edad, el sexo, el color de la piel, la estatura, la fuerza física, etc. no son cualidades in-formacionales básicas, como sí lo son en cambio la líbido y la palabra.
No es casualidad que reiteradamente en la historia patriarcal hayan intentado hacernos creer que, por ejemplo, las mujeres o l@s negr@s éramos infrahuman@s, como hoy todavía sucede, sobre todo con la infancia. Diferencias dentro de nuestra misma especie, se descontextualizaban y se extrapolaban como si fueran diferencias entre seres humanos y seres no humanos, o bien servían para establecer funciones y categorías jerárquicas artificiales entre unos seres humanos y otros. Y mientras tanto, para someternos, se dedicaban a la devastación de nuestras cualidades verdaderamente básicas, las que nos distinguen como seres humanos en el conjunto de la biosfera.
Así, desde los orígenes de la dominación (5000 años aproximadamente), la líbido y la palabra han sido objeto de devastación, para sustituir la capacidad humana de entendimiento por la voluntad y la capacidad de dominar y saquear a los propios congéneres.
Esta sustitución no se hace a las claras, tal y como recomendaron algunos de los grandes padres del Patriarcado (para Platón la mejor de las leyes era la que impidiera que los jóvenes se dieran cuenta de lo que es bueno y de lo que es malo; para Pascal era imprescindible que el pueblo no se apercibiera de la impostura para que ésta no llegara rápidamente a su fin, etc.), y se realiza de manera subrepticia y fraudulenta, al objeto de normalizar y naturalizar la voluntad de dominación, como si fuera lo propio, consustancial al ser humano.
Como ha explicado Amparo Moreno (19), se ha logrado que identifiquemos lo humano con el prototipo de humano imbuido de voluntad y capacidad de dominio. Y se ha logrado que esta identificación se normalice como un dogma básico, cuyo cuestionamiento es casi inaccesible: es el dogma conceptual básico como lo calificara la antropóloga estadounidense Ruth Benedict, sobre el que descansa nuestra civilización. Para quien quiera un mejor entendimiento de esta identificación, me remito a la obra citada de Amparo Moreno.
Esta es la gran impostura, la madre de todas las imposturas, el dogma básico que subyace al discurso de la dominación: creer que el ser humano es el arquetipo viril que ha sido y es protagonista de nuestra historia patriarcal, una historia de guerra entre los sexos, de dominación, esclavitud, sufrimiento humano y saqueo. Creer que somos esto, que las criaturas humanas tienen un tánatos innato, que nuestr@s hij@s son tiran@s, vag@s y perezos@s, que la letra sólo con sangre entra, y que la paz de los sexos es sólo posible mediante un pacto de sometimiento a una regulación artificial y al matrimonio de conveniencia. Como decía también Amparo Moreno, quizá la persona más lúcida que he conocido en mi vida, la propagación de las creencias fratricidas y el respeto cómplice de la guerra está en nuestro sistema reglado de enseñanza. La guerra se respeta porque se justifica, por la indiferencia con la que se citan las innumerables guerras de nuestra historia silenciando el horror y el sufrimiento que implican. En el colegio aprendimos todas las guerras, sus nombres, sus fechas, sus conquistas, sus botines, sus líderes, sus banderas, sus armas: lo aprendimos todo excepto lo que es una guerra, cualquier guerra.
La civilización patriarcal no se define por la dominación del hombre sobre la mujer sino por el tipo de humano, masculino y femenino, que hace posible tal dominación, y que considera la guerra como un medio legítimo de conseguir lo que quiere (Aristóteles). Tampoco se define por la explotación y la expoliación del trabajo, el hambre, la prostitución, el matrimonio, etc., o cualquiera otra de sus características, sino por el tipo de sujeto capaz de todas las atrocidades e incongruencias de dicha civilización.
Sin embargo el dogma del arquetipo humano patriarcal se hace añicos con un solo dato: la civilización patriarcal tiene 5000 años y la humanidad se hizo un lugar en la biosfera y prosperó durante unos dos millones de años, gracias a sus cualidades básicas in-formacionales, a su capacidad de entendimiento; como diría Reich, gracias a su sistema económico sexual en el que descansa su sociabilidad natural.
El desarrollo de la sexología científica en el siglo pasado dio lugar a una nueva y joven ciencia llamada antropología sexual, que celebró su primer simposio en mayo de 1965 en Kentucky, USA (20). Este nuevo campo de conocimiento fue el resultado de cruzar la historia y la antropología con los hallazgos de la sexología científica, viniendo a dar la razón tanto a Bachofen como a Reich, que ya habían descubierto en las civilizaciones prepatriarcales, la función socializadora de los impulsos sexuales y del sistema sexual femenino y masculino.
La capacidad y la voluntad de dominio implican la existencia de seres sometidos a la dominación, relegados a categorías subordinadas. Cada categoría, cada casta tiene su misión que cumplir, dicen. La dominación por eso siempre trata de justificar la jerarquía y la segregación social, como si fueran elementos naturales de organización; a menudo convirtiendo la diversidad de funciones en una justificación de la jerarquía; pero no hay mayor complejidad de sistemas y diversidad de funciones que las que conforman a los seres vivos autopoyéticos y autorregulados, y no implican jerarquía alguna (21). En realidad, la jerarquización de las diferentes funciones tiene por objeto ejercer el dominio sobre dichas funciones y sobre el conjunto de la estructura. La viabilidad de la dominación depende de la jerarquización de sus estructuras.
Los seres excelentes y excelsos, los grandes, deben estar en la cúspide o constituyendo la élite dominante. Según las épocas, la justificación de la excelencia se asocia a unas cosas u a otras: desde los comienzos, la fuerza física fue una de las cualidades principales de la dominación (‘hercúleo’ viene de Hércules); la otra gran cualidad superior, la capacidad para forjar el engaño, también está desde los mismos orígenes: el montaje artificial y sus efectos especiales, lo que hoy eufemísticamente se llama ‘inteligencia artificial’ (eufemismo de la dominación totalitaria fascista).
La capacidad de entendimiento humano, la verdadera y básica cualidad humana, en cambio no nos segrega en castas superiores o inferiores, es universal, y pese a la gran diversidad del género humano, nos hace a todos y a todas iguales, en cuanto a nuestra condición y facultades básicas, y promociona la fraternidad y la sororidad humana.
4.- La reivindicación de las cualidades básicas in-formacionales del ser humano como única esperanza
La gente de mi generación crecimos preocupada por la injusticia y la desigualdad social: la situación de la mujer, tanta gente pobre malviviendo, conviviendo y sirviendo a la gente rica, la explotación del capitalismo, el imperialismo con sus guerras y la devastación de zonas enteras del mundo, etc.etc. Pero no nos preocupaba la supervivencia de la humanidad. Lo tomábamos como un hecho incondicional y definitivo. A pesar de la lacra de las desigualdades, de la pobreza, de la injusticia y de la guerra no sentíamos peligrar la existencia de la humanidad en nuestro planeta. No supimos ver que la civilización que había conducido a semejante situación tenía una componente suicida (biocida en general).
Hoy la preocupación ya no es la condición de la mujer, la pobreza o la guerra, sino la supervivencia de la humanidad, aunque por supuesto, todo está relacionado y causado por lo mismo. Quizá los ricos o la gente de derechas que siempre ha estado del lado de los poderosos, debieran también empezar a preocuparse y a cuestionar la civilización de la dominación.
Creímos haber visto toda la perversidad del monstruo de la dominación totalitaria en la primera mitad del siglo pasado, pero también nos equivocamos: el segundo Holocausto que se encadenó tras el aparente final de la II Guerra Mundial, invisible y selectivo, está siendo mucho más perverso y exterminador que el primero.
Es fácil entender el fin por los medios que se están empleando. Entre fin y medios, en este caso no es que haya una correspondencia, si no que hay una identificación, porque los medios ahora son ya el fin mismo. Es una progresiva congelación del sistema libidinal y de la capacidad de entendimiento humano, y su sustitución por las estructuras de la dominación.
Decía Cervantes que No hay mayor ni más sotil ladrón que el doméstico; y así, mueren más de los confiados que de los recatados; pero el daño está en que es imposible que puedan pasar bien las gentes del mundo, si no se fía y se confía (22).
En esta citan se condensa lo que he tratado de exponer en este texto: es imposible que puedan pasar bien las gentes del mundo, si no se fía y se confía, es decir, si no vivimos según nuestra capacidad de entendimiento; y también la paradójica conclusión a la que llegamos, puesto que mueren más de los confiados que de los recatados.
Y digo paradójica, porque si es cierto que morimos más l@s confiad@s que l@s mentiros@s, ¿qué es lo que podemos hacer? Es una verdadera paradoja, porque ciertamente quienes fiamos y confiamos caemos como moscas y el cinismo, en cambio, es el sinónimo de la prosperidad. La política se me escapa, me resulta imposible. Respeto y entiendo a la gente que se dedica a la política; creo que hay que hacerla, que hay que luchar por regular y tratar de reducir las prácticas fratricidas, la guerra, los desmanes, el saqueo. Pero deberíamos de tener una política que se dedicase a ‘explotar nuestros yacimientos energéticos ’. Si la hipótesis sobre la capacidad de entendimiento humano es cierta, tenemos a nuestra disposición una fuente inagotable de energía para salvarnos. Otra cosa es cómo aprovecharla ahora, estando como está anegada, cómo hacer que mane el agua otra vez de la fuente. Algo y de modo urgente tenemos que hacer para promocionar nuestras cualidades que están ahí, no en contra si no a la vez que se hace política de regulación de la dominación.
Por otra parte, estoy convencida de que el desarrollo de nuestras cualidades humanas no sería cosa muy difícil si tan sólo hubiera noción de ellas. Hay desde luego una gente que tiene perfecta noción de las cualidades del ser humano: la que sabe lo que tiene que hacer para corromperlas (23). Pero creo que la inmensa mayoría no tiene noción de las cualidades y de la bondad innata del ser humano (el dogma conceptual básico en el inconsciente colectivo). Y lo digo porque si la gente tuviera noción de ello no daría el trato que da a sus hij@s; si tuviera noción de sus cualidades, en lugar de darles órdenes y ponerles límites, les facilitaría los medios para la expansión de sus deseos y de sus vidas; si tan sólo supiera de que están hech@s sus hij@s; porque las órdenes y los estrictos límites de la infancia de hoy, en el asfixiante marco de la familia nuclear, no sirven para desarrollar sus cualidades in-formacionales básicas, sino para modelarles como consumidores y esclavos de la nueva sociedad orwelliana. Creo que la gente no sabe lo que es una criatura humana y por eso se dedica a desvitalizarla. Y tampoco sabe, claro está, que sustrayendo la vitalidad de sus hij@s está forjando el diseño artificial de la dominación fascista.
Quiero decir con esto, que si se pudiera borrar la acción simbólica de ‘el dogma conceptual original’, tendríamos más de la mitad del camino recorrido para borrar del mapa a la dominación.
La declaración de 1985 del grupo de científicos bajo patrocinio de la UNESCO que he mencionado (6), puede que sea uno de los textos de trascendencia política más importante que se hayan escrito, porque es de los pocos que traspasa el dogma del fratricidio y del tánatos innato, y va en el sentido de recuperar la noción de lo que es el ser humano; apunta a nuestras capacidades y facultades básicas in-formacionales, y a la posibilidad de una convivencia humana que descanse en lo que realmente somos. Creo que la única esperanza y la única fuerza capaz de evitar nuestra extinción como especie es que la reivindicación de la condición humana se convierta en un gran sunami que se trague la voluntad y la capacidad de dominio. No creo que haya ninguna otra fuerza capaz de vencer al monstruo. Y por eso no creo que sea suficiente hacer políticas de regulación de la dominación, o tratar de ponerle límites como los del reconocimiento de los derechos humanos. Hacen falta políticas de expansión de las cualidades humanas, no sólo políticas de límites de la dominación.
No se trata de reivindicar valores o principios éticos, sino las cualidades de nuestra condición humana.
Donostia, noviembre 2009
Notas:
(Escrito fuera de mi lugar habitual de trabajo, no tengo a mano las fuentes que cito y doy las referencias de memoria)
(*) Uno de los efectos más perversos de la sociedad de la publicidad y del consumo es el machaque de la diversidad del gusto y del deseo humano: la dominación siempre necesita uniformar los objetos de su dominación, siempre la misma decoración de las casas, las mismas modas, la misma sonrisa en las máscaras de cartón piedra; en cambio la vida hace cada huella dactilar, el óvalo de cada cara, el matiz de cada sentimiento, y el deseo en cada beso, diferentes.
(1) Referido por Jesús Ibáñez en El Regreso del Sujeto, ed. Siglo XXI
(2) Maturana y Varela, citados en el capítulo 1 de El Asalto al Hades
(3) Desde La Represión del deseo materno publicada en 1996, etc.
(4) Desde la polémica entre Darwin y Kropotkin; polémica que por cierto, al menos situaba las cosas, enfrentando vida y dominación. Hoy, arrumbada la simbiogénesis como fenomenología imprescindible en la evolución de las formas de vida (Margulis/sagan), se nos presenta una falsa polémica entre dos corrientes que explican la evolución, el darwinismo y el creacionismo; pero ambas son las dos caras de una misma mentira que encubre la fenomenología de la vida, la falsificación del verdadero debate para que no se descubra la verdad de la vida y de su evolución: ni los fanáticos con su Dios creador todopoderoso, ni los cínicos con su capacidad para la violencia y la dominación pueden explicar la vida; la supervivencia de los más fuertes es una verdad relativa que se descontextualiza para ocultar que lo originario y básico de la vida son los procesos simbióticos, es decir, el apoyo mutuo (ver capítulo 1 de El Asalto al Hades y el artículo: La función orgánica y social de la sexualidad).
(5) Prescott , Body pleasure and the originis of violence, Bulletin of the Atomist Scientist, nov. 1975
(6) Esta declaración se puede descolgar en sites.google.com/site/recuperartextos).
(7) Sobre las aportaciones de la neurología al origen de la violencia, se puede ver lo que recogí en la ponencia: La represión del deseo materno y el matricidio a la luz de la neurología… Jaca 2006
(8) Bachofen, Cervantes, Colón… citados y más extensamente tratado en el capítulo 1 de La sexualidad y el funcionamiento de la dominación; en el capítulo 2 de El Asalto al Hades, y también en el epílogo de La represión del deseo materno.
(9) La obra del neurólogo francés Henri Laborit (L’inhibition de l’action, La nouvelle grille, etc.) es una explicación del proceso neurológico patológico que subyace a la dominación. También Bergman (Restoring the original paradigm y ponencia Jornadas Paris 2005) explica, citando varios estudios, ‘el impacto de por vida’ que la separación de la madre del bebé produce en el sistema neurológico en formación. Hay un texto de Laborit publicado por la Unesco sobre el origen de la violencia que se puede descargar en la web de la Unesco; el documental y la ponencia de Bergman se pueden descargar en : sites.google.com/site/rescatandotextos
(10) Recogido en Schore etc., también citados por Bergman.
(11) Nikolas Platon y Jordi Pigem
(12) Creo que también en Ibáñez, El Regreso del Sujeto
(13) Ernest Borneman acuñó el concepto de matrística para las formaciones sociales prepatriarcales, criticando el uso de ‘matriarcado’ que etimológicamente significa ‘poder de las madres’.
(14) La esvástica es un símbolo clave de la dominación, que nos remonta a la devastación originaria de la sexualidad; la esvástica surge al cambiar el significado de las dobles espirales cruzadas que representaban los meridianos de placer (en la época previa a la dominación y al tabú de sexo, el placer fue objeto principal del arte prepatriarcal (ver el Asalto al Hades y Pariremos con placer)), por la representación del Sol en movimiento que sería la esvática girando. Los símbolos más arraigados de la matrística, que no podían ser masivamente eliminados del inconsciente colectivo, cambiaron su significado, lo que sucedió con las dobles espirales, que se transformó en el símbolo del sol, cuando éste se eligió como símbolo de la dominación masculina, y con la serpiente, que se convirtió en monstruo y en demonio. En el caso de las dobles espirales se cambia el contenido del ‘bien’, y en el caso de la serpiente, se cambia el ‘bien’ que representa por el ‘mal’.
(15) Explicado por Javier de Hoz en su introducción a la edición de Austral de La Iliada.
(16) La civilización de la Vieja Europa, según Marija Gimbutas, se extiende desde el octavo milenio antes de Cristo hasta su hundimiento que comienza a partir del tercer milenio con las últimas oleadas de las invasiones indoeuropeas. Ver capítulo II de El Asalto al Hades, en el que hago un resumen de la misma.
(17) Los estudios antropológicos de los cazadores-recolectores realizados en el siglo pasado están recogidos en la obra de John Zerzan El futuro primitivo.
(18) El cáliz y la espada, Riane Eisler
(19) Amparo Moreno, El arquetipo viril protagonista de la Historia, (La sal Ed. Des dones) y La ‘otra’ política de Aristóteles (Ed, Icaria).
(20) Este simposium se realizó en el contexto del Congreso de la Central States Anthropological Society, en Lexington, Kentucky. Participaron Messenger, Milton Altschuler, Gebhard, Donald Marshall, Harold Schneider y Robert Suggs. Las conclusiones fueron recogidas por The Institute for Sex Research de la Universidad de Indiana (el Instituto Kinsey). Referido por Ernest Borneman en la introducción de su libro: El Patriarcado.
(21) La distinción entre jerarquía y sinergia, la forma de organización de la vida, la he explicado con más detenimiento en el capítulo 1 de El Asalto al Hades, y en el artículo La función orgánica y social de la sexualidad ( www.casildarodriganez.org y sites.google.com/site/casildarodriganez.)
(22) Doy las gracias a Antonio Orejudo por esta cita de Cervantes en su columna El fin del mundo está cerca, publicada en El Público (octubre 2009).
(23) por ejemplo, sabe algo que casi nadie sabe, que el vínculo consanguíneo más fuerte e importante desde el punto de vista de la organización social natural, es el de madre-hija, el principio de la comadrería y de la urdimbre, la que hace raigambre y produce la consistencia del ser humano.
domingo 6 de septiembre de 2009
1 - ¿Donde esta Wallys?
Encontrar algún pufo en la traducción o transcripción de textos no ortodoxos, ha pasado de ser un lugar común a ser un juego, como el de encontrar a Wallys.
En lugar de ¿dónde está Wallys?,¿dónde está el pufo?.
Encontrar el pufo, además de un juego tiene la enorme virtud de señalarnos las cosas más interesantes, que son las que se intentan esconder con el pufo.
Este apartado estará dedicado a recoger los pufos que me he ido encontrando.
En algunos casos se trata del cambio de una palabra por otra en una traducción;
por ejemplo:
1) En la versión en castellano del documental de Nils Bergman ‘Recover the natural way’, refiriéndose al ‘Kangaroo Mother Care’ (‘el Cuidado Madre Canguro’) se traduce:
AN ALTERNATIVE TO INCUBATOR
por
UN COMPLEMENTO A LA INCUBADORA
Obviamente, ‘complemento’ no es lo mismo que ‘alternativa’, más bien es lo contrario. Creo que sobran los comentarios sobre la intención que esconde esta falaz ‘traducción’.
2) Otro ejemplo, por seguir con Bergman, es la traducción de su ponencia en las Jornadas de La Liga de la Leche en Francia en marzo del 2005, presentada en el Simposio de La Liga de la Leche de España en Bilbao, en noviembre de ese mismo año; en la misma se traduce:
LE CHOIX NEUROCOMPORTAMENTEAUX
Por
LAS PAUTAS NEUROCOMPORTAMENTALES
También en este caso ‘choix’ es lo opuesto a ‘pauta’. Detrás de esta ‘traducción’ están los permanentes esfuerzos por ocultar la información proveniente de la neurología que está confirmando de forma irrefutable el impacto de por vida que tiene la separación de la madre después de nacer, en el cerebro de la criatura humana. La neurología ha explicado que la formación del cerebro es un proceso de opciones que se realizan en función del hábitat en que la criatura se encuentra; pero si este proceso estuviera pautado (genéticamente), no habría impacto alguno fuera el que fuera ese hábitat. Comprobado el original en inglés del texto de Bergman, efectivamente éste emplea el término inglés de CHOICE, equivalente al CHOIX francés.
3) En el libro en castellano EL LENGUAJE DE LA DIOSA de Marija Gimbutas, en el capítulo 14 dedicado a la serpiente (pág. 121), al final del primer párrafo se ha traducido:
[…made the snake]
a symbol of the continuity of life and of the link with the underworld.
por
[… hizo de la serpiente]
un símbolo de la continuidad de la vida y de la conexión con el Otro Mundo.
Es imposible que nadie traduzca ‘underworld’ por ‘Otro Mundo’; ‘underworld’ es mundo subterráneo, el subsuelo de la tierra, y además está con minúscula. La intención es dar más apoyo a la deificación de las representaciones de la mujer, una de ellas la serpiente, dándole una función de vínculo entre lo terrenal y lo celestial.
4) En libro EL SENDERO ABORIGEN, al comienzo del primer capítulo se cita una frase de mi libro EL ASALTO AL HADES:
de las profundidades de la tierra y del inconsciente humano, arqueólog@s y psiconalistas están desterrando la verdad de la condición humana
en lugar de:
estan desenterrando la verdad de la condición humana
cuando des-terrar es lo contrario a des-enterrar.
5) En la Revista MEDICINA NATURISTA, en el nº 10 que recoge las ponencias del Congreso de Medicina Naturista de Zaragoza 2006, se lee:
reprimir el deseo materno y nidificar la maternidad…
en lugar de
reprimir el deseo materno y nadificar la maternidad
La 'nadificación' de la maternidad (hacer que la maternidad sea ‘nada’) es un término que empleo para explicar lo que nuestra sociedad patriarcal hace con la maternidad, una vez robotizada y controlada fisiológica y anímicamente; la nadificación de la maternidad es correlativa a lo que sucede con el deseo materno, que se inhibe y se reprime de forma inconsciente, para lo cual es preciso que el concepto mismo sea inexistente en nuestro universo simbólico y vital; con esta pequeña ayuda se tira por la borda todo el esfuerzo argumental de la ponencia para explicar ambas cuestiones.
Tengo que decir que esta Revista ha publicado en su último número una fé de esta errata, lo cual agradezco de corazón porque es la única que lo ha hecho.
................
Estos ejemplos se refieren a las formas más simples y burdas de cambiar el sentido de lo que un autor o autora dice; pero la gama es muy amplia y variada, y va desde lo más simple a lo más sutil y más elaborado. A veces sólo es un cambio de una preposición o de la puntuación lo que cambia el sentido.
.................
6) Un ejemplo de esto último es la transcripción recogida en el libro de las Jornadas de la Xarxa Feminista de Barcelona del 2006, de las palabras que pronuncié en el Homenaje a Victoria Sau. Según dicho libro (pág. 440), mi intervención terminaba diciendo.
Es per això per que crec en Victoria Sau; en aquest buit de maternitat en què vivim representa un maternatge compensatori…
[Es por esto por lo que creo en Victoria Sau; en este vacio de maternidad en el que vivimos representa un maternaje compensatorio…]
en lugar de:
Es por esto por lo que creo que Victoria Sau, en este vacio de maternidad en el que vivimos, representa un maternaje compensatorio…
Tan sólo cortando la frase y añadiendo una preposición (‘en’) hacen que todo el sentido cambie y parezca que soy una fanática adoradora de Victoria Sau: ‘creo en Victoria…’ como si creyera en un dios.
7) A veces los cambios no cambian el sentido, sino que hace ininteligible una frase, con lo cual también se consigue su sabotaje, destrozando a veces un trabajo que ha costado muchas horas y mucho esfuerzo realizar. Por ejemplo, en la ponencia citada de Nils Bergman, se lee:
La primera violación, en el peor de los casos, para todos los recién nacidos, es la separación de su madre, es decir, su hábitat natural.
traducido del francés
La première violation, le pire de cas, pour tous les nouveaux-nés, est la séparation d’avec leer mère, l’habitat normal.
Al cambiar ‘el peor de los casos’, por ‘en el peor de los casos’, al añadir la preposición parece que la afirmación se restrinja ‘a los casos peores’; así la afirmación contundente y precisa de Bergman, pierde fuerza, o en cualquier caso hace que no quede claro. También en esta ponencia se traduce sistemáticamente NORMAL por NATURAL. Detrás de esta ‘traducción’ está la intención de hacer normal lo artificial.
..........................
Los ‘wallys’ están doquier y toman formas muy diversas; a veces añadiendo, a veces quitando, se cambian los sentidos y los contenidos de lo que queremos decir; muchas veces son un combinado de muchas cosas como en este último ejemplo:
...........................
8) En otra ocasión, en el prólogo de un libro, me recortaron tres párrafos cortos, supuestamente por exigencias de maquetación de la editorial. Como luego sobraba sitio, casi una página entera, lo rellenaron con una cita de Leboyer. La explicación del recorte era, que aparecía la palabra ‘líbido’ en dos de los tres párrafos, y en el tercero, la palabra ‘autorregulación’, palabras tabú que no aparecían en el resto del prólogo.
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miércoles 16 de julio de 2008
martes 16 de junio de 2009
EL EQUIVOCO DE NIETZSCHE
Para hacer grandes cosas es preciso ser tan superior a sus semejantes como lo es el hombre a la mujer, el padre a los hijos y el señor a los esclavos.
(...)
La guerra es, en cierto modo, un medio natural de adquirir, puesto que comprende la caza de los animales bravíos y la de aquellos hombres que, nacidos para obedecer, se niegan a someterse; es una guerra que la naturaleza misma ha hecho legítima.
(...)
La naturaleza… ha creado unos seres para mandar (arkhos) y otros seres para ser mandados (arkhomenes : forma pasiva del verbo arkho).
La Política, Aristóteles.
El equívoco de Nietzsche fue tratar la moral judeo-cristiana, una moral para propiciar la resignación y la sumisión, como si fuera la única moral contraria a la vida. Cronológicamente anterior a la moral judeo-cristiana, (y también lógicamente anterior), fue la moral que afirmó como lo bueno la voluntad y la capacidad de dominio de unos seres humanos sobre otros, y estableció como modelo de humano-superior el que ejercía tal voluntad de dominio sobre sus semejantes, proclamados sus inferiores; una moral que legitimó el uso de la fuerza para la conquista y el saqueo, como medio 'natural' de adquirir bienes, y como medio para mandar, debilitar y eliminar cuando fuera preciso, al débil e inferior. Con palabras de Amparo Moreno Sardá (1), lo que apareció en primer lugar, fue un decir en contra de las aspiraciones y la capacidad humana de entendimiento, en el que se fundamentó la valoración positiva de la voluntad de dominio de unos seres humanos sobre otras y otros hombres y mujeres. Ruth Benedict lo llamó dogma conceptual original.
Nietzsche no fue más allá de la moral patriarcal, porque no había entendido la vida; siguiendo el sistema de valores patriarcal, consideró una debilidad humana lo que es su mayor fuerza: su capacidad de autorregulación y de automantenimiento; y allí donde había una función social de cuidado de la etapa primal de la vida, vio una debilidad y una inferioridad social. No entendió que el mantenimiento de la vida implica el nacimiento y el crecimiento, y que los grandes árboles como los hombres robustos, antes tienen necesariamente que ser pequeños, y tienen que ser gestados, cuidados y protegidos por sus congéneres, y que no por ello, ellos o sus madres son inferiores al hombre robusto y hercúleo; son sólo diferentes etapas y momentos de la misma vida humana. Condenar la sexualidad femenina y debilitar a las mujeres fue la gran heroicidad de nuestros primeros patriarcas. El sistema de valores patriarcal es un manual de misoginia, y Nietzche fue junto con Schopenhauer un adalid de la misoginia en pleno siglo XIX.
Con la nueva moral del patriarcado primitivo aparecieron los dioses masculinos que habitan los cielos, y un nuevo orden simbólico, centrado en el culto al Sol, que como fuente de energía extraterrenal se presentaba en contraposición a la energía de la vida terrestre y de la sexualidad que impulsaba la vida humana. No fue una elección casual identificar el Sol con la fuerza y la nueva noción de superioridad. El diccionario Larrousse, en la voz Sol dice: objeto de culto de todas las civilizaciones antiguas que generalmente se simbolizaron en unas divinidades determinadas. Las llamadas religiones heliopónticas, fueron propagadas por los arios e indoeurpeos y las extendieron en su expansión territorial en el tercer milenio a.c., promocionando su consideración de lo bueno y lo malo que legitimaba el nuevo modelo de ser superior. Así proliferaron las divinidades solares masculinas: Mitra, Suria, Sashmesh, Khrisna, Tammuz, Horus, Ra, Baal (o Bel), Lugus (o Luch), etc., y sus diosas consortes, Tanit, Isis etc. Pero además de las deidades propiamente solares, los grandes dioses de las distintas culturas adquieren el apellido de ‘solar’, como el Júpiter Heliopolitano.
Los mitos de dioses y héroes solares que matan a las serpientes y dragones, representantes de la sexualidad femenina, explican el cambio de civilización y de moral. Al mismo tiempo que la serpiente se convierte en monstruo y demonio, otro símbolo también es arrebatado a las viejas culturas prepatriarcales entregadas al cultivo y recreación de la vida: las dobles espirales cruzadas que pasaron de símbolo de la sexualidad a ser el símbolo del Sol.
El cambio de significado de las dobles espirales cruzadas, acontecido en los comienzos del patriarcado primitivo, es el origen de la esvástica, el nombre con el que hoy se la conoce, y que es un término de etimología sánscrita, por lo que la enciclopedia Espasa localiza su origen en la India, confundiendo, creo yo, el orígen del término con el orígen del símbolo. No fue casualidad que el nacional-socialismo, en tanto que la más absoluta expresión de la dominación sobre la vida, y que por ello ha sido y sigue siendo la más cruenta manifestación del patriarcado, adoptara la esvástica como su símbolo. (¿Quizá también por ello el himno de la Falange española empieza con el 'Cara al Sol', o la ETA se llama también EKIN, que quiere decir 'sol' en euskera?)
Hay una palabra que muestra esta identificación del culto solar con la dominación, en el patriarcado primitivo: ‘baal’; el dios Baal de los semitas, uno de los dioses solares más conocidos, por las menciones que se le hacen en la Biblia y por la ciudad de Baalbek (que en la era grecorromana se la llamó Heliópolis, donde se rendía culto al Júpiter Heliopolitano). Pues bien, ‘baal’ también se usaba para expresar la relación de dominio o de propiedad sobre las cosas y personas; y así se decía que el marido era el ‘baal’ de la esposa, o tal señor el ‘baal’ del campo.
En Oriente, las religiones que se establecen para hacer encajar de forma pasiva la sumisión y la estratificación social, no rompieron con las primitivas religiones solares y conservaron el culto a la superioridad y a la jerarquía, junto a sus símbolos (el Sol, la esvástica), añadiendo elaborados mecanismos de aceptación de la condición de cada rango, y refinadas técnicas sublimación de la sexualidad, tan eficaces que hoy se están propagando en Occidente también.
El estudio de la genealogía de la moral patriarcal nos lleva desde nuestra moral de la resignación cristiana a la moral de la dominación, es decir, al dogma conceptual original, y nos hubiera permitido entender su contenido genocida: su decir en contra de todos los ingredientes que componen la capacidad de entendimiento de los seres humanos: en contra de la capacidad orgástica humana, en contra de las pulsiones sexuales, en contra de la verdadera maternidad y, finalmente, su decir en contra de la palabra, que también, con la generalización de la mentira, nos ha sido arrebatada.
Decía Miguel Delibes de Castro (Público, 25.05.09), que estamos viviendo la sexta extinción masiva, y que esta vez el meteorito somos nosotros (haciendo referencia al impacto del meteorito que al parecer provocó hace 65 millones de años la quinta gran extinción, en torno del 60/70 % de las especies). Es decir, esta vez el meteorito somos la misma especie humana que hemos levantado una civilización que cortocircuita mecanismos de la autorregulación de la vida en general, y de la humana en particular: ¡así somos de tontos!
Me viene a la memoria un slogan publicitario de un producto de Coca-cola que decía: la naturaleza es sabia pero no tanto, resumiendo el engreimiento y los delirios de grandeza de quienes creen que su inteligencia artificial es superior a la naturaleza, y que pueden contradecirla a conveniencia de sus intereses
El equívoco de Nietzsche se concretó en un ‘hay que pasar de moralinas’ y sirvió de excusa para utilizar cualquier método en pro del nuevo paradigma de hombre superior. Pero matar y mentir, emplear la mentira como arma de destrucción masiva, no son cuestiones de moral o de ‘moralinas’ de tal o cual cultura o religión inventadas por la humanidad, sino que son simplemente contrarias a la vida.
Más allá del bien y del mal judeo-cristiano y de la moral de los superhombres está la autorregulación de la vida que tiene sus propios mecanismos sensibles de percepción: el placer que indica su buen funcionamiento (lo bueno), y el dolor que indica que algo va mal (lo malo). La justificación del sufrimiento, de la mentira y de la muerte no es una moral de la vida sino de la dominación.
(1) Amparo Moreno : El arquetipo viril protagonista de la historia, laSal edicions de les Dones, Barcelona 1987; y La ‘otra’ política de Aristóteles, Icaria, Barcelona 1988.
viernes 5 de junio de 2009
EL ABRAZO Y EL CONTINUUM DEL SISTEMA SEXUAL MATERNO: EL ABRAZO MATERNO NO ES UN METODO

Nils Bergman (2002) dice que para la criatura al nacer sólo hay dos situaciones posibles, que resume con un juego de palabras: ‘mother’ y ‘other’ (‘madre’ y ‘otros’); y lo hace para trazar una línea divisoria que deja claramente definido el único hábitat que la criatura reconoce como adecuado y tranquilizador, el cuerpo de su madre; y que el estar sobre cualquier cosa o persona que no sea su madre no lo reconoce y le produce stress. Bergman insiste en ello aunque es obvio que los grados de stress pueden ser muy diferentes, y la gravedad de los impactos correspondientes también; y que es mejor que escuche voces familiares, aunque su principal fuente sensorial que en esos momentos guía sus impulsos, el olfato, esté recibiendo señales irreconocibles.
Creo que si Bergman centra su explicación en la dicotomía mother/other (madre/otros), es porque si dedicamos nuestro esfuerzo y nuestro trabajo a reducir el mal menor del ‘other’, podremos incluso sin quererlo, estar de hecho participando en el mantenimiento del mal esencial, la eliminación de la madre, por utilizar una expresión de Odent.
Lo peor de la dominación y del sistema represivo no es la conducta que impone sino la que impide que se desarrolle. (Lo segundo peor es que la devastación se produzca de manera invisible, porque entonces no se puede actuar conscientemente para evitarla).
Y lo que se impide con la eliminación de la madre es el normal desarrollo del sistema neuro-endocrino-muscular del que depende todo el metabolismo basal de la criatura recién nacida, convirtiendo un proceso natural en un proceso patológico (Bergman 2002). Además, al bloquear el sistema de la criatura, también se bloquea el de la madre con lo que también se bloquean los sistemas de retroalimentación y autorregulación mutuos. En cambio, la introducción de la patología sirve para retroalimentar la intervención de la medicina. Así se produce el sabotaje de la función femenino-materna y de la vida humana en su etapa primal.
Por ello, dice también Bergman (2005), cualesquiera que sean las circunstancias, lo peor que le puede suceder a una criatura al nacer es no ser recibido por su madre, y permanecer separado de ella. Y también sabemos que la cesárea no tiene por qué ser un motivo que impida que la madre abrace a su criatura desde el momento en que es extraída del útero.
Seguimos pues con todo tipo de excusas en nombre de la ciencia para la eliminación de la madre (Odent), aunque la ciencia ya haya probado que dicha eliminación es una violación del cuerpo de la criatura (Bergman 2005)).
Asi es como llegamos a esta propuesta del método madre canguro, aliado de un tipo de cesárea que físicamente elimina a la madre. Césarea y método madre canguro se convierten en otra fórmula para ejecutar el matricidio moderno.
La conversión en España del Kangaroo Mother Care en el Metodo Madre Canguro no es inocente. El Método Madre Canguro, a diferencia del abrazo materno, lo puede practicar cualquiera, convirtiéndose en otro ritual de interferencia del continuum del sistema sexual materno y del acoplamiento de la díada madre-criatura.
El abrazo materno brota del interior del cuerpo materno, y es el único cuerpo que puede producirlo; no tiene nada que ver con método alguno, funciona por el propio impulso del deseo y tiene su propia sabiduría.
La diferencia entre el abrazo definido por el método y el abrazo que brota del impulso interior, la experimentamos a menudo y es fácil de reconocer; es la diferencia entre un abrazo o un beso que se da porque nos sale de dentro, y un abrazo o un beso que se da en cumplimiento de una formalidad convencional, socialmente establecida.
El beso y el abrazo que recibimos nos alcanza de modo diferente según el deseo de quien nos besa y nos abraza. No hacen falta palabras para saber si un beso es un protocolo formal o si hay algo de deseo y de afecto verdadero; nadie nos tiene que decir la intensidad y matices del deseo de quien nos abraza y nos besa, ni tampoco medir la cantidad de oxitocina en la sangre para saberlo. Aunque en el caso de la maternidad, sí se han medido las descargas de oxitocina en la madre inmediatamente después del parto y sabemos todo lo de la impronta, etc... A pesar de lo cual parece que da igual que sea un cuerpo que otro, puesto que no se trata de que actúe el sistema sexual del continuum materno, sino de seguir un método; un método que puede seguir cualquiera, incluso el cuerpo más disciplinado y aséptico.
Y así nace una nueva función patriarcal del hombre y una nueva legitimación de la eliminación de la madre: practicar el método madre canguro. Como dice Victoria Sau, ¡la madre ha muerto! ¡viva el Padre! (Y como diría Agustín García Calvo: ¡Pobres hombres!).
* 2005 : Le Portage Kangaroo, Jornadas de la Liga de la Leche
y colgado en : sites.google.com/site/rescatandotextos
La traducción de La liga de la leche de España presentada
2) En cuanto a la expresión de Michel Odent
(traducción de Jerónimo Bellido) en
sites.google.com/site/rescatandotextos
3) La expresión de Victoria Sau
4) La de Agustin Garcia Calvo:
niñas) en colaboración con el departamento de Sociología IV
sábado 28 de marzo de 2009
PARTO ORGASMICO: TESTIMONIO DE MUJER Y EXPLICACION FISIOLOGICA
A propósito del artículo publicado en El Mundo el 23.03.09 de VIV GROSKOP (The Guardian) en relación con el documental estadounidense sobre Parto Orgásmico
Los testimonios de mujeres que han tenido partos orgásmicos han sido recogidos por la sexología científica desde mediados del siglo pasado; Juan Merelo Barberá presentó un informe al respecto en el congreso de Ginecología de París en 1985 (1). Algunos de estos registros son: Alfred Kinsey del Institute for Sex Research de la Universidad de Indiana (EEUU) que cita tres casos (2); Masters y Johnsons del Reproductive Biology Fundation (Missouri, EEUU) citan doce casos en su libro Human Sexual Response (3); Shere Hite (4), en su Informe, dice haber recogido varios testimonios sin decir el número (con una cita textual de una mujer que aseguraba había sido el mayor orgasmo de su vida); en España, Serrano Vicens (5) se encontró algún caso, y el propio Juan Merelo halló nueve casos en su investigación; en Francia el Dr.Schebat del Hospital Universitario de Paris, en el propio hospital, registró, en un total de 254 partos, 14 casos de partos orgásmicos (2). Juan Merelo no cesó de insistir en que es más frecuente de lo que podamos pensar. La cifra que nos da ahora Ina May Gaskin (32 de 151 partos) es más alta, posiblemente debido a que se trata de partos en condiciones más naturales.
¿Roce de la cabeza del bebé en la vagina o eufemismo del dolor, como se apunta en el artículo de El Mundo?
Llevo muchos años buscando explicaciones fisiológicas coherentes para entender el parto, y la verdad sea dicha, me ha costado bastante encontrarlas, pese a que dichas explicaciones existen, eso sí muy diseminadas y en obras de difícil acceso para las personas de a pie. El mero funcionamiento básico neuromuscular del útero no lo encontré hasta que leí Revelation of childbirth de Read (6): unos músculos longitudinales y otros circulares que funcionan como un par sincronizado. Los circulares son los que cierran (el cervix) y los longitudinales los que empujan para hacer descender el feto. Cuando esto sucede, el sistema nervioso simpático que inerva las fibras circulares tiene que desactivarse para que estas fibras aflojen la tensión y no ofrezcan resistencia al movimiento de las longitudinales, que están inervadas al parasimpático. Este funcionamiento le hizo concluir a Read (7) que el miedo, que mantiene activo el simpático, es el que produce el parto con dolor, porque mantiene las fibras circulares contraídas y apretadas ofreciendo resistencia al movimiento de las longitudinales; los tirones que entonces pegan las fibras longitudinales a las circulares producen el conocido dolor del calambre. Efectivamente, la dificultad del parto en general no tiene que ver con las famosas caderas estrechas sino con la distensión de los músculos del útero, y el dolor de las contracciones del parto son calambres. Read comparaba el funcionamiento del útero con la vejiga urinaria, que tiene un funcionamiento aparentemente similar: las fibras circulares cierran para retener la orina, y se aflojan para permitir que el movimiento de las fibras longitudinales expulsen la orina de la vejiga.
En la comparación que hace Read entre la vejiga urinaria y el útero creo que está la clave de la parte importante que le faltó para entender el funcionamiento del útero, porque los músculos del útero a diferencia de los de la vejiga urinaria, tienen receptores de oxitocina, y esto indica la existencia de un dispositivo específico para activar el reflejo muscular; un dispositivo que forma parte del sistema sexual.
Como explica Martín Calama (8) la presión que ejerce el bebé al succionar el pezón no sería suficiente para extraer la leche, y es necesario un dispositivo interno en la madre para el bombeo y eyección de la leche; un movimiento reflejo de las fibras mioepiteliales que recubren los alveolos de los pezones. Este dispositivo se activa al encajarse las moléculas de oxitocina, que llegan por el torrente sanguíneo, en receptores que se encuentran en dichas fibras mioepiteliales. Es decir, que el dispositivo que activa el reflejo de eyección de la leche pertenece a un proceso sexual, porque la oxitocina se segrega con la pulsión sexual; de ahí la relación entre el deseo materno y el éxito de la lactancia como ya señaló en su día Niles Newton (9).
Por eso se dice que el amor nos licua; por eso la humedad ha sido símbolo de la sexualidad y la sequedad de la castidad, de la penitencia y de los retiros espirituales en los desiertos (ver diccionarios de simbologías (10), Ortiz Osés (11), El agua, la vida y la sexualidad de Michel Odent (12), Mircea Eliade, etc.); por eso el propio deseo, la misma pulsión inicial que segrega la oxitocina, nos licua antes de proceder al acto sexual. Esther Pérez en su ponencia en las Jornadas Feministas de junio 2006, sobre su experiencia de relactación con una niña adoptada, explicaba que al ver salir las primeras gotas de leche de sus pechos pensó que era el amor que se licuaba en gotas blancas.
Volviendo al parto después de esta pequeña digresión: el sistema sexual que activa el reflejo muscular en diferentes partes del cuerpo es el mismo, pero los músculos del útero no se parecen en nada a las finas capas mioepiteliales de los pechos o de la vagina: los del útero son anatómicamente los músculos más potentes y fuertes del cuerpo humano, a la vista del impresionante trabajo que tienen que hacer para que salga el feto por ese famoso canal de nacimiento estrechado por el bipedismo de nuestra especie.
Se ha dicho que el problema que este estrechamiento planteaba para el nacimiento se resolvió con el nacimiento prematuro. Pero no es del todo exacto. Si el nacimiento prematuro por sí solo hubiera resuelto la cuestión, sin duda habría más mamíferos en posición erecta. La especie humana no es la única que nace prematuramente y la neotenia no es un fenómeno específico humano. La resolución de la contradicción supuso, además del nacimiento prematuro, un desarrollo de la sexualidad sin precedentes en la cadena evolutiva, es decir, un desarrollo que sí es único y específico de los humanos, para promover el fantástico movimiento de los músculos del útero: el orgasmo femenino; porque el placer se produce con el movimiento pulsátil (vibración, temblor, latido) de los tejidos musculares, movimiento cuya expansión percibimos con la sensación de placer.
La envergadura de las fibras musculares del útero nos da la medida de la fuerza expansiva de las mal llamadas contracciones del útero, (y digo mal llamadas porque en realidad es un movimiento de contracción-distensión, sístole y diástole, fibras que se encogen y luego se distienden, se vuelven a encoger y se vuelven a distender… ); quiero decir, que la fuerza expansiva de este latido del útero es mucho más importante que la que pueden producir las fibras musculares de las mamas o de la vagina.
Entonces, la relación entre el pecho, el útero y la vagina se debe a que la oxitocina viaja por el torrente sanguíneo y alcanza sus receptores allí donde están, a saber, en las llamadas zonas erógenas del cuerpo, y cuando se desencadena un movimiento más o menos simultáneamente en dichas zonas, tenemos la sensación de una conexión entre ellas (los meridianos de placer dibujados por el arte neolítico). Ambroise Paré (1575) (13) atribuía la relación entre las mamas y la matriz, a conexiones del sistema nervioso, pero ‘la conexión’ no pertenece al sistema nervioso sino al sistema sexual, y se debe a que la oxitocina está en el torrente sanguíneo y se engancha allí donde encuentra receptores adecuados. Esto explica que la excitación sexual de las mamas se extienda al útero, y que el proceso de expansión del placer puede empezar por donde sea pero si se mantiene y acaba en orgasmo, implica siempre al útero, el órgano de mayor masa muscular y que tiene o debería tener la mayor cantidad de receptores de oxitocina (según claro está el estado del útero; una ginecóloga me contaba que los úteros que operaban estaban a menudo en un estado atrófico impresionante).
Por otra parte, la sexología ha explicado que efectivamente el útero es el centro erógeno básico de la mujer. Maryse Choisy (14) tras un seguimiento concreto durante 10 años de la sexualidad de 195 mujeres definió muy claramente el papel del útero en el orgasmo femenino. Aunque no sintamos el útero sino sólo el placer que expande, podemos imaginar la fuerza expansiva de esos supermúsculos… y saber a ciencia cierta que la intensidad del orgasmo es correlativa a la intensidad de los latidos del útero, como se ha comprobado por medio de electrouterograma. El matrimonio Masters y Johnson (15) efectivamente comprobó que en todos los orgasmos se producen ‘contracciones’ del útero, sea cual sea el origen del proceso orgásmico, y además registraron el latido del útero durante el orgasmo con electrodos intrauterinos (orgasmos simples, múltiples, relajación final…), registrando simultáneamente, con electrocardiograma, el sobre-esfuerzo del corazón correlativo al esfuerzo de los músculos uterinos.
La desconexión interna corporal de las mujeres ha permitido la ocultación del papel del útero en la sexualidad; así por ejemplo, el ‘yoni’ de los tratados de sexualidad tántrica, literalmente quiere decir ‘útero’, y sin embargo se ha traducido por vagina, porque en nuestro paradigma de sexualidad el útero no existe. Pero digan lo que digan los manuales de sexualidad, lo sintamos o no, el útero es el órgano de expansión del placer por antonomasia. El funcionamiento y la envergadura muscular del útero, como digo, explican la famosa capacidad orgástica femenina puesta de manifiesto por Serrano Vicens, quien comprobó que dicha capacidad no es ni mito ni enfermedad, y que la ninfomanía es un epíteto calumnioso y misógino para tratar de hacer anormal y patológico lo que es normal y natural.
Así pues, el parto orgásmico no lo produce el roce de la cabeza del feto en la vagina, y todavía menos es ‘un eufemismo del dolor’ (para esto último me remito también a Read). El parto orgásmico se produce porque el propio movimiento del útero es en sí mismo productor de placer, siempre que los músculos funcionen acompasadamente, según el proceso sexual normal; que es lo que sucede cuando el parto se produce de forma natural y se activa según la forma establecida filogenéticamente, por el sistema sexual de la mujer. Leboyer (16) sin necesidad de electrodos intrauterinos también describió los dos tipos de contracciones, las generadoras de placer y las generadoras de calambres y de intolerables sufrimientos.
En la ‘contracción’ normal del parto, dice Leboyer, el útero se encoge muy lentamente en un movimiento que empieza arriba y va bajando poco a poco, al llegar abajo hace una pausa y luego empieza lentamente a distenderse de abajo hacia arriba, y al llegar arriba vuelve a hacer otra pausa; dice Leboyer que se asemeja a la respiración de un niño cuando duerme plácidamente y vemos cómo su pecho sube y baja lentamente con cada respiración. También describe las otras contracciones que conocemos tan bien: el útero en lugar del movimiento lento que empieza arriba y va bajando lentamente, se contrae entero en bloque, todo a la vez. Es un movimiento brusco que se suelta también bruscamente. Es decir, es un movimiento espasmódico en lugar de un latido lento y pausado.
El tipo de movimiento que realizan los haces musculares del útero en el parto es el mismo que el que realizan durante el orgasmo: es decir, son o debieran ser el mismo tipo de ‘contracciones’; no del todo iguales porque las ‘contracciones’ del parto tienen que llegar a la total apertura de la boca del útero, un proceso que debe hacerse despacio y suavemente, para que ni la madre ni la criatura sufran, y que por eso, en condiciones normales dura entre 1 y 5 horas (mientras que un útero espástico puede tardar 24 ó 40 horas, (17)). En cambio, el orgasmo fuera del parto no tiene otra misión que la descarga de la líbido para la regulación corporal, y concretamente para la preparación del útero para el día que tenga que abrirse (lo mismo que los óvulos anidan periódicamente para cuando el nido efectivamente haga falta); este orgasmo fuera del parto, que no tiene que abrir la boca del útero, puede durar por lo general entre 30 y 60 segundos; pero son contracciones del mismo tipo que las del parto en cuanto al latido acompasado y sincronizado de los haces musculares longitudinales y circulares, y también en cuanto al incremento de la pulsación cardiovascular para acompañar el esfuerzo muscular. (Hay otras similitudes histológicas, etc., que recoge Niles Newton en un cuadro comparativo en Maternal Emotions (9)). Una prueba de la similitud entre ambos tipos de ‘contracciones’ (la del orgasmo y la del parto), la tenemos a la vista en el electrouterograma del orgasmo realizado por Masters y Johnson (3). También Leboyer (16) asegura que en su documental Autour de la naissance, estas contracciones placenteras y verdaderamente adecuadas se pueden reconocer en el exterior, en el mismo movimiento del vientre que las acompaña, así como por el rostro de la mujer que camina hacia el éxtasis (no he visto el documental a pesar de llevar buscándolo desde que leí el libro de Leboyer, hace muchos años; si alguien lo tiene en su versión íntegra, le agradecería una copia).
Esto explica también otros testimonios: los que refieren la existencia de pueblos enteros que desconocen el dolor en el parto (Montaigne (18), etc.). También el tono imperativo del ‘parirás con dolor’ que indica que en ese momento no era así pero que sabían cómo conseguirlo.
Y esta es la otra pregunta importante: ¿cómo es posible que de forma tan generalizada el parto se produzca con dolor?
Es de suponer que no será uno sino muchos (entre ellos, el stress y el miedo que señala Read) los aspectos de la distorsión del proceso normal del parto. En cualquier caso, el útero espástico está causado de forma inequívoca por la represión sexual de la mujer desde la infancia; y esto es coherente con estudios realizados sobre la densidad de los receptores de oxitocina. Odent, en la Cientificación del amor (19) recoge un estudio realizado en Suecia y otros, que ha mostrado que esta densidad es variable y a veces escasa (las muestras de tejido uterino de mujeres a las que se les había practicado cesárea tenían una escasa proporción de receptores de oxitocina). Lógicamente, si las mujeres no desarrollan una suficiente cantidad de receptores de oxitocina y el útero carece de sensibilidad suficiente a la oxitocina, difícilmente podrán parir. La variabilidad de la densidad de los receptores de oxitocina nos remite también a la vida sexual de la mujer antes del parto: en qué medida ha desarrollado o no ha desarrollado sus pulsiones sexuales, en qué medida ha desarrollado o no lo ha hecho los receptores de oxitocina. Y aquí es donde cobran sentido las pulsiones sexuales de la infancia, que claro está no se producen por nada, y mucho menos porque el demonio habite los pequeños cuerpos humanos, sino porque tienen una función fisiológica. El desarrollo corporal humano establecido filogenéticamente, incluye las pulsiones sexuales infantiles para promover la madurez de sus órganos, y en concreto, promover el movimiento de los músculos uterinos en las niñas. Por eso nos encontramos con juegos, corros y bailes sexuales (20) infantiles y compartidos con mayores, en las culturas de sexualidad espontánea. Estos juegos y bailes estimulaban y promovían la expansión de las pulsiones que mantenían los úteros de las niñas activos; es decir, no sólo no se prohibían las manifestaciones de la sexualidad infantil, sino que se propiciaban y se amparaban culturalmente. En nuestra civilización siempre había habido algún margen de expansión sexual clandestina, las brujas con sus escobas (que no eran para volar por los aires) etc.; pero ahora l@s niñ@s están más vigilados que nunca y más programadas y más aislad@s, y cada vez tienen menos posibilidades de desarrollar sus pulsiones. En la Grecia clásica la sexualidad entre adult@s y niñ@s estaba normalizada (21), mientras que ahora ni se contempla la posibilidad de que dicha sexualidad surja espontáneamente y con la complacencia y el consentimiento del niñ@, sino que automáticamente se califica de abuso de poder adulto y como agresión sexual, dando por sentado que el niño o la niña no puede tener impulsos, deseos o apetencias sexuales.
Creo que hoy, aparte de la medicalización de la maternidad y de las tres generaciones de partos hospitalarios que, como dicen Wagner, Bergman y otr@s, tanto daño han hecho y siguen haciendo, tenemos también un mayor deterioro de la sexualidad femenina, gracias al marketing sociológico del falocentrismo, a la fuerza impactante de los medios audiovisuales y a las estrategias psicológicas de dicho marketing. Con esto quiero decir, que si Serrano Vicens emprendiera ahora su investigación no creo que encontrase los mismos resultados que encontró en los años 50 del siglo pasado (un 2,5 % de las 1417 mujeres estudiadas tenían habitualmente 30 ó más orgasmos consecutivos).
El parto orgásmico y la recuperación de la maternidad implican recuperar una sexualidad femenina perdida. Aunque ahora las mujeres creamos tener más libertad sexual que antes, en realidad tenemos más libertad formal pero más represión y más violencia interiorizada (los úteros espásticos y atróficos, los dolores de parto y de regla, así como los cánceres de útero y mama serían la punta del iceberg de esta violencia). Dicha recuperación supondría un cambio de paradigma de sexualidad femenina, recuperar la noción y el conocimiento antiguo que antes se tenía de la misma. Hoy por hoy existe una desinformación y un desconocimiento generalizado de la sexualidad de la mujer, como lo demuestra este artículo sobre el parto orgásmico.
NOTAS:
(1) MERELO BARBERA, J., Parirás con placer, Kairós, Barcelona 1980.
(2) Citado por Merelo Barberá y en el monográfico de Integral sobre Embarazo y Parto Gozosos
(3) MASTERS, W. y JOHNSON, V., Human Sexual Response, Little, Brown & Co, Boston 1966.
(4) HITE, Sh. El Informe Hite, 1977, citado por Merelo y en el monográfico de Integral.
(5) SERRANO VICENS, R. ,La sexualidad femenina, Júcar 1972; Informe Sexual de la Mujer Española, Lyder 1977.
(6) READ, G.D., Revelation of childbirth, William Heinemann Medical Books, 1945. El libro más conocido de
Read es :Childbirth without fear, 4th ed. Harper and Row, New York 1972;
(7) Junto con una investigación sobre el parto sin dolor en aborígenes africanas y también sobre los nociceptors que
determinan la sensibilidad al dolor.
(8) MARTIN CALAMA, J., ‘Fisiología de la Lactancia’, Capítulo 7 del Manual de Lactancia Materna, Asociación Nacional de Pediatría, editorial Médica Panamericana.
(9) NILES NEWTON, Maternal emotions, Nueva York 1955.
(10) Por ejemplo Diccionario de Símbolos, Juan Eduardo Cirlot, Ed.Siruela, Madrid 1969, voces ‘sequedad’, etc.
(11) ORTIZ OSÉS, A. Las claves simbólicas de nuestra cultura Anthropos, Barcelona 1993.
(12) ODENT, M. El agua, la v ida y la sexualidad, Urano, Barcelona 1991.
(13) AMBROISE PARÉ, L’Anatomie, Livre I, ‘Sur la generation’, 1575. Citado por Yvonne Knibielher
en Histoire des Mères, Montalba, 1977.
(14) CHOISY, M., La guerre des sexes, Publications Premières, Paris 1970.
(15) Para quien no tenga el libro de Masters y Johnson, Human Sexual Response, en donde se publicaron los electro-
uterogramas del orgasmo, están recogidos en mi librito Pariremos con Placer (2ª edición): www.casildarodriganez.org
(16) LEBOYER, F. El parto: crónica de un viaje, Alta Fulla, Barcelona 1976.
(17) WILHELM REICH (1952), en Reich habla de Freud Anagrama, Barcelona 1970.
(18) MICHEL E. MONTAIGNE, Ensayos, libro I, XVI.
(19) MICHEL ODENT, La Cientificación del Amor, Creavida 2001. Los estudios que cita son:
- REZAPUR, M. et al., Myometrial steroid concentration and oxytocin receptor density in parturient women at term.
Steroids 1996; 61:338-44
- FUCHS, AR., et al., Oxytocin and the initiation of human parturition. Stimulation of prostaglandin production in
human decidua by oxytocin. Am. J. Obstet. Gyneco. 1981; 141:694-97
- SOLOF, M., HINKO, A., Oxytocin in receptor and prostaglandin release in rabbit amnion, The Neurohypophisis,
Annals of the New Y. A.of Sciences, 1993, Vol 689:207-218
- INSEL Y SAPHIRO en: PEDERSEN ET AL., Oxitocin in maternal, sexual and social behaviours, Annals of the
New York Academy of Sciences, 1992; 6527
GARRIDO, M.C., El juego del corro en la cultura femenina, Inédito 2006.
(21)FERNANDEZ DE CASTRO, CH., La otra historia de la sexualidad, Martínez Roca, Barcelona 1990.
domingo 22 de marzo de 2009
Sobre la función orgánica y social de la sexualidad (I)
Y todo por vivir amando vive.
Baltasar E. de Medinilla
Amo naturalmente a quien me ama
Y no sé aborrecer a quien me aborrece
Que a la naturaleza el odio infama.
Lope de Vega
Meciendo mi carne
Meciendo a mi hijo
Voy moliendo el mundo
Con mis pulsos vivos.
Gabriela Mistral
Los poetas y las poetisas a veces han intuido y han puesto palabras a la verdadera función y al verdadero funcionamiento del amor, hilándolas y ritmándolas significativamente. Recuerdo que en mi adolescencia recitaba lo de todo invita a amar y todo ama/ y todo por vivir amando vive, y las palabras con su ritmo y su sentido me mecían como una madre, haciéndome ver lo que vive y ama sobre la Tierra, más allá de la dominación y del fratricidio imperantes. No podía imaginarme que un día poesía y ciencia se darían la mano, para explicarnos cómo y por qué el amor y la vida funcionan de la manera en que lo hacen. Los versos de Medinillla se confirman en sus dos dimensiones, corporal y social, en diferentes campos; los hallazgos arqueológicos del siglo pasado se añadieron a los de la historia y la antropología (1), y los de la endocrinología y la neurología, a lo que la sexología y el psicoanálisis ya habían revelado (2). Explicarlo es una tarea que me viene muy grande, y estas líneas sólo tratan de dar algunas pistas.
La pulsión sexual y la capacidad orgástica
Para empezar, la sexualidad es un sistema que forma parte de la fisiología humana. Según los tratados de neurología (3), el proceso comienza con el impulso sexual que se desencadena desde el hipotálamo. El movimiento expansivo del placer, percibido como temblor, onda, oleaje, borbotones, etc., en su infinita gama de formas, ritmos, intensidades y matices, recorre todos y cada uno de los rincones y niveles orgánicos que nos conforman (molecular, celular, órganos, etc.), imprimiendo un tono y un ritmo unísono a todo el organismo. Nuestra morfología implica dicho movimiento que cumple una importante función en las autorregulaciones parciales y en la del cuerpo como un todo. La capacidad orgástica corporal existe desde la etapa intrauterina y hasta que sobreviene la muerte. La sexología científica del siglo pasado llamó también ‘carga libidinal’ o ‘libido’ al potencial orgástico inherente al organismo humano. Reich, desde esta perspectiva científica, decía lo mismo que Medinilla cuando aseguraba que la pulsión sexual es la pulsión vital per se (4), que deshace la coraza, impulsa, anima y regula el organismo humano. Por eso, la castración sexual ha sido siempre una técnica de desvitalización para la domesticación de los animales, humanos incluidos.
Hay que tener en cuenta dos cosas difíciles de ver desde nuestro condicionamiento cultural: la producción del deseo y el proceso de expansión del placer son mecanismos del sistema autónomo (o involuntario) parasimpático, el cual supone un estado de relajación corporal, difícil y escaso en un tejido social competitivo; y también que es un proceso interno espontáneo de nuestro metabolismo básico, que cuando se trata de pautar o convertir en una metodología diseñada exteriormente se cortocircuita con diversas consecuencias.
Las emociones y el inconsciente
La neurología (3) también explica que las pulsiones orgánicas como las sexuales, defensivas o de lucha, cursan con emociones y sentimientos para implementar su desarrollo. El sentimiento amoroso y la emoción erótica acompañan el desarrollo de la pulsión sexual produciendo una armonización de los sistemas corporales, en un movimiento expansivo tan impresionante que a veces se ha calificado de sentimiento oceánico, como si el cuerpo fuera tan solo una gota de agua en medio de toda el agua y fuerzas del océano. Sin embargo, si la pulsión se inhibe, el sentimiento y la emoción quedan huérfanas de la pulsión que las daba sentido, provocando una pérdida de la sabiduría emocional, creando desconcierto y ansiedad. El llamado analfabetismo emocional es fruto de la represión, y es la punta del iceberg de un fenómeno represivo interno más amplio. La propia desconexión interna, fraguada en un desarrollo ontológico de inhibiciones continuado, hace que el proceso sexual y su frustración sean a menudo sensorialmente imperceptibles e inconscientes.
De hecho, el inconsciente fue descubierto por G. Groddeck (5) al observar las pulsiones sexuales más fuertes y a la vez más silenciadas de nuestra sociedad: las pulsiones maternales. El amor materno tiene, en la madre y en la criatura, la carga libidinal más alta porque es el único amor simbiótico de la vida humana, y la fuerza y características de la pulsión se formaron para mantener la atracción mutua durante el desarrollo orgánico en estado simbiótico. La importantísima función de esta libido, en un periodo especialmente sensible de nuestra formación, fue descrita por M. Balint (6). Hablar hoy del amor materno como una producción del sistema sexual suena a marciano (7), porque está desfigurado y corrompido, sometido a una represión particularmente inexorable según palabras de Freud (8). Es preciso tener en cuenta la devastación patriarcal de la sexualidad de la mujer (la anulación del deseo que ha supuesto su sometimiento durante generaciones, los ginocidios recurrentes de las cazas de brujas, la actual fuerza del marketing sociológico, etc.) para comprender cómo es posible que nuestro condicionamiento cultural consiga la trágica supresión actual de la libido materna, d-esquiciando toda la sexualidad y toda la vida humana.
La sexualidad es un encadenamiento de procesos que tienen lugar en todos los niveles de organización del cuerpo, pero no es un proceso que se cierra en el cuerpo humano, sino que está abierto al exterior, y depende de que los demás congéneres, empezando por la madre del periodo simbiótico de gestación, vivan a su vez en el despliegue de su libido, en el continuum de la sexualidad y del amor. Si el cuerpo no puede abrirse al amor y a la sexualidad de sus congéneres, su repliegue y su encierro acaban por frenar la producción propia. No hay placer sin con-placer. La sexualidad tiene una expansión y una función básica en el tejido de las relaciones sociales. Como decían Deleuze y Guattari (9) el deseo recorre o debería recorrer el campo social.
Pese a las actuales apariencias, la sexualidad impulsa todas las etapas de la vida humana, siendo la sexualidad coital sólo una parte de la misma. El proceso sexual tiene una función reguladora que va más allá de la reproducción, tal y como el propio deseo y nuestra propia experiencia diaria se encargan de hacernos saber, a pesar del acorazamiento y de las desconexiones internas
Una armonía hecha de diversidad, reconocimiento y reciprocidad
Según palabras del neurólogo francés H. Laborit: “Somos un conjunto hipercomplejo de sistemas, en el que cada sistema engloba al precedente y se halla englobado por el de complejidad superior: así pasamos de la molécula al complejo enzimático (…), luego a las organizaciones intracelulares, luego a las células, de éstas a los órganos, de los órganos a los sistemas, hasta alcanzar el nivel del organismo entero” (10). Esta organización en niveles de complejidad, por un lado es un resultado evolutivo, y por otro, un requisito de la propia complejidad y diversidad in-formacional, es decir, de la complejidad y diversidad de funciones que nos dan forma y nos hacen ser lo que somos y no otra cosa.
El proceso evolutivo que dio lugar a los organismos vivos complejos se ha llamado simbiogénesis (11), y explica que las formas de vida evolucionaron de las más simples a las más complejas por acoplamientos simbióticos (de ahí el término ‘simbiogénesis’). Una simbiosis quiere decir que dos formas de vida autónomas, con su capacidad de autorregulación y su ecosistema propio, se unen promoviendo una autorregulación conjunta y un ecosistema común en el que ambas quedan englobadas, manteniendo cada cual su propio funcionamiento autorregulador. Esto explica que una célula no deja de ser una célula porque forme parte de un tejido. Es decir, la simbiogénesis explica que en un organismo hipercomplejo cada sistema que lo forma tiene una capacidad de autorregulación propia, y por eso se dice que es un ‘sistema cerrado’ en su organización, y al mismo tiempo “abierto” en su relación ‘in-formacional’ con los otros sistemas. Tan importante es que se mantenga el cierre organizativo de un sistema (su autorregulación), como su apertura informacional y relación con los demás (autorregulación común). Los sistemas orgánicos están continuamente enviándose señales entre sí y en todos los sentidos y direcciones, y cada vez se encuentran más enzimas, fijadores, moduladores, etc. que forman parte de los procesos, así como los ‘receptores’ de las señales… Es una armonía hecha de diversidad, reconocimiento y reciprocidad. La relación establecida entre todos los niveles, hace que los mensajes in-formacionales circulen electrónicamente, molecularmente, etc., traspasando moléculas, células, órganos, etc. La morfología corporal que estudiamos en el bachiller es un compendio de encadenamientos que forman un determinado nivel de organización corporal: las redes vasculares en las que viajan todo tipo de moléculas, las redes neurales, neuro-musculares, neuro-endocrino-musculares, cardio-vaculares… etc. etc. Imaginemos ahora todo lo que sucede a otros niveles, pensando tan sólo en el recorrido de un electrón que viaja en cascada en los procesos de oxidación, o el proceso de formación de las moléculas de ATP, o en cualquier otra cosa conocida de nuestra fisiología, para entender que la ‘apertura’ de los sistemas supone una infinidad de avisos y señales circulando armoniosa y continuamente en el hipercomplejo conjunto corporal.
La sinergia y el principio de co-operación
Y ahora pensemos en el modo de funcionar unísono y sincronizado de toda esta complejísima organización. Dice Laborit: “Si en un organismo no existen jerarquías, no existe relación de dominio, es porque cada célula, cada órgano, cada sistema, realiza una función cuya finalidad es participar en la conservación de la estructura del conjunto, sin la cual ningún nivel de organización, del más simple al más complejo, podría sobrevivir” (10). A diferencia de la organización jerárquica vertical por la que circulan las órdenes, en el mundo orgánico circulan los avisos y las señales, según establecido en su propia formación en el proceso evolutivo. Este tipo de organización, sin jerarquización a pesar de su increíble diversidad y complejidad, se ha llamado sinergia (12), y ha sido posible en una larga evolución de procesos de simbiogénesis.
Así pues la cooperación no es un principio ético o político, es un principio orgánico. Es un principio ético en la medida en que es necesario que la cultura no vaya contra natura.
La sinergia de un organismo presupone su armonía interna; de otro modo no sería tal organismo; la armonía de la diversidad es una cualidad in-formacional de los entes orgánicos (13).
. Esta comprensión de la dinámica y morfología interna de las formas vivas nos permite entender la función del movimiento del placer que recorre los diferentes niveles de sistemas orgánicos (molecular, celular, etc.) estableciendo un tono y un ritmo unísono común a todos; es decir, es una función sinérgica para el desarrollo de todas las cualidades y capacidades corporales. Podemos entender también que su inhibición produce cierres, desconexiones, repliegues, contracciones, rigideces, acorazamientos, encharcamientos, putrefacciones… en definitiva el despiece corporal. El alma es una unidad imaginaria que compensa el cuerpo realmente despiezado, decía Jesús Ibáñez (14), explicando hasta qué punto son necesarias estrategias culturales de sublimación emocional para reprimir la sexualidad. Despiece y enfermedad como explicó Reich (15): retracción, agonía y muerte de las células (origen del cáncer), cuando pierden la regulación de la apertura de ciertos sistemas; señalando en concreto la relación entre el cáncer de útero y de mama y la represión sexual de la mujer, relación ya confirmada por estudios epidemiológicos.
Un importante indicador del placer: la densidad y la ubicación de los receptores de oxitocina
Veamos ahora en concreto un aspecto de la fisiología del proceso sexual. La pulsión sexual pone en marcha un específico sistema neuro-endocrino-muscular, que activa el sistema autónomo parasimpático y cierra el simpático (si se abre el simpático el proceso automáticamente se detiene); segrega un cóctel de hormonas sexuales, entre otras la oxitocina (2) que al llegar a sus receptores específicos, ubicados en unos determinados haces musculares inervados al parasimpático, les hace vibrar y latir (contracción-distensión, sístole-diástole), para bombear y eyectar el líquido seminal, eyectar flujo vaginal para proceder al coito, bombear y eyectar la leche de las glándulas mamarias, abrir los haces musculares del útero para proceder al parto, o simplemente expandir el placer por todo el cuerpo, porque no por casualidad la ubicación de los receptores de oxitocina coincide con lo que llamamos zonas erógenas del cuerpo. Leboyer, refiriéndose al parto, habló del ritmo ciego y todopoderoso del mundo visceral, y Odent ha explicado (16) que ese ritmo es el ritmo de la pulsión, de la secreción de oxitocina y del latido de los tejidos y vísceras donde se hallan los receptores de oxitocina (por eso popularmente se dice que el amor verdadero es visceral); un ritmo simultaneo al de los otros niveles de nuestra morfología.
El sistema sexual tiene un proceso de formación ontogénico, y la cantidad de receptores de oxitocina es variable (17) y depende del desarrollo de las pulsiones sexuales primales e infantiles. En culturas previas al Tabú del Sexo, antes de la prohibición de la sexualidad espontánea, encontramos juegos y bailes que estimulaban y recreaban la sexualidad uterina desde la infancia: los famosos corros femeninos (18), danzas del vientre y otras prácticas autoeróticas en torno a la excitación del útero (las famosas escobas de las brujas no eran para volar), incrementaban la densidad de receptores de oxitocina necesaria para el desarrollo de la capacidad orgástica, y para parir fácilmente y con placer. Las pulsiones infantiles tienen una función orgánica necesaria y un sentido benefactor en la vida humana. R. Serrano Vicens (19) recogió 1417 historias sexuales de mujeres que revelan que el desarrollo de la capacidad orgástica femenina durante la infancia y la adolescencia, con prácticas autoeróticas y lésbicas, en la España de los años 50, antes de la era del marketing, era todavía muy elevada; y que la ninfomanía de la mujer es un calificativo calumnioso misógino para hacer patológico y anormal un hecho normal y natural. Este estudio muestra también, corroborando lo anteriormente dicho, que cuanto más desarrollo de la sexualidad en la infancia y adolescencia, más éxito y mayor grado de satisfacción se daba en las relaciones conyugales. Muestra también que la actual división de la sexualidad ‘homo’ y ‘hetero’ es artificial. Serrano Vicens era médico de cabecera.
El placer siempre está producido por el sistema sexual y tiene una gama infinita de formas, intensidades y matices. Maryse Choisy (20) ha descrito un tipo de orgasmo atípico en mujeres al que llamó ‘no paroxísmico’, que se produce cuando el útero en lugar de latir mantiene un determinado temblor sostenido, como el temblor de una medusa suspendida en el mar. Choisy habla de orgasmo porque realiza toda la descarga del potencial libidinal al igual que los otros tipos de orgasmos, como lo prueba el estado subsiguiente de plena gratificación. Pero hay procesos en que se descarga sólo una pequeña parte del potencial, o se descarga de forma muy sutil. Hay estudios que muestran que en una comida amistosa, en la que la gente se siente a gusto, se producen secreciones de oxitocina; y también hay estudios hechos en mujeres, cuando se juntan con amigas, comprobándose también la subida de los índices de oxitocina; y también hay quien piensa que la risa, que hace temblar las células con sus flexibles membranas, forma parte del sistema sexual o es un pariente cercano.
La sexualidad produce la sensación del bienestar que acompaña a la autorregulación corporal, a la plenitud de la armonía de la sinergia corporal (como cuando un gato ronronea); por ello tonifica y anima a los cuerpos, propicia iniciativas y creatividad (ganas de hacer cosas, pasión por las cosas), y se retroalimenta seduciendo, consintiendo y complaciendo. “Buscar el placer y evitar el dolor es la vía de acción –algunos dirían Ley- del mundo orgánico”, decía Kropotkin (21), resumiendo de modo sencillo la función de la sexualidad. El placer no es una ilusión del neocortex, hay que decirlo, porque lo único que nos enseñan en el sistema educativo es la morfología de los órganos genitales. Ni siquiera en las universidades de medicina o de psicología se habla del deseo y de la capacidad orgástica, cuando la ciencia tendría ya todos los datos para acabar con los mitos y mentiras inventados para organizar la inhibición de la sexualidad. Especialmente grave es el mantenimiento del oscurantismo en relación con la maternidad, por su función clave en la vida humana.
Una civilización es sostenible si respeta el funcionamiento básico de la vida
Los antropólogos y antropólogas del siglo pasado que hicieron trabajo de campo en algunos lugares alejados de nuestra civilización (22), coinciden en señalar la espontaneidad y la felicidad de las gentes, que en la simplicidad de sus vidas mantenían el funcionamiento básico de la vida. Dicho esto, hay que añadir de inmediato que la vida no es incompatible con la tecnología o la industria, y que una civilización puede ser todo lo compleja que se quiera, sólo tiene que respetar lo básico de la vida para que sea sostenible. Nuestra civilización patriarcal no es sostenible porque impide el modo de funcionar básico de la vida.
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(1) Ver los libros ‘El Asalto al Hades’ (cap.2), ‘La sexualidad y el funcionamiento de la dominación’ (epílogo), y ‘Pariremos con placer’. (www.casildarodriganez.org/libros).
(2) Ver ‘La represión del deseo materno y el matricidio a la luz de la neurología y la práctica clínica neonatal’ (Jaca 2006) y ‘El matricidio: correlación entre líbido y fisiología’ (Zaragoza 2006) (www.casildarodriganez.org), en donde cito algunos de ellos. Señalar también por su importancia: ODENT, M., ‘¿El final del asesinato de Cristo?’, revista francesa L'Arc nº 83, (www.esternet.org); a los autores LABORIT,H., SCHORE, A.N., LLOYD DE MAUSE y NILS BERGMAN (‘Le portage Kangaroo,’ ‘La Leche League France’, marzo 2005). En cuanto a la endocrinología hay dos libros que constituyen un hito en la cientificación del amor: PEDERSEN C.A. ET AL ‘Oxitocin in maternal, sexual and social behaviours’, ‘Annals of the New York Academy of Sciences’, 1992; 6527; y NEWTON,N., ‘Maternal emotions’, Nueva York 1955.
(3) KAHLE, W., ‘Atlas de Anatomía III: Sistema nervioso y órganos de los sentidos’, Omega 1994.
(4) REICH, W. (1942), ‘La función del orgasmo’, Paidós 1995.
(5) GRODDECK, G. (1923), ‘El libro del ello’, Taurus 1981.
(6) BALINT, M. (1979), ‘La falta básica’, Paidós 1993.
(7) En Japón sí existe el concepto de amae o amaeru para designar el amor primal. Takeo Doi (1962) ‘Amae, a key concept for understanding Japanese personality structure’. Psychologia (Kyoto), vol 5,1.
(8) FREUD, S. (1931) ‘Sobre la sexualidad femenina’, Tomo III Ob. Completas, B. Nueva, 1968.
(9) DELEUZE, G. y GUATTARI, F., ‘El antiedipo, capitalismo y esquizofrenia’, Paidós 1985.
(10) HENRI LABORIT (1981) ‘Mecanismos biológicos y sociológicos de la agresividad’, en ‘La violence et se causes', ed.UNESCO, Paris (pág.49). (www.unesco.org).
(11) MARGULIS, L., SAGAN, D. ‘¿Qué es la vida?’, Tusquets 1996.
(12) Sobre los tipos de organización ver ‘¿Domina el sistema neurológico humano a los demás sistemas del cuerpo?’ pulposymedusas.blogspot.com
(13) Más pistas sobre la armonía orgánica en el cap. 1 de ‘El Asalto al Hades’ (nota 1).
(14) IBAÑEZ, J., ‘Por una sociología de la vida cotidiana’, Siglo XXI 1994.
(15) REICH, W. (1948), ‘La biopatía del cáncer’, N.Visión 1985.
(16) ODENT, M., Primal Health, Clairview 2002.
(17) ODENT, M., ‘La cientificación del amor’, Creavida 1999.
(18) GARRIDO, M.C., ‘El juego del corro en la cultura femenina’, Inédito 2006.
(19) SERRANO VICENS, R., ‘La sexualidad femenina’, Júcar 1972; ‘Informe Sexual de la Mujer Española’, Lyder 1977.
(20) CHOISY, M., ‘La guerre des sexes’, Premiers 1970.
(21) KROPOTKIN, P., ‘Folletos Revolucionarios I’, Tusquets 1977.
(22) ZERZAN, J., en ‘Futuro Primitivo’ (Numa, Valencia 2001) cita varias decenas de ellos. También recogido por Felix Rodríguez de la Fuente (‘Animales Salvajes de África Oriental’, Everest 1984).
viernes 19 de diciembre de 2008
Hace falta una Declaración Universal sobre la Condicion Humana
Estos días atrás, con motivo del aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, distintos medios se han hecho eco de la desgraciada situación en la que están estos reconocidos y proclamados Derechos. Y lo más inquietante es que parece que vamos de mal en peor, es decir, que estamos peor que hace unos años.
Hace ya tiempo que Alice Miller vaticinó este agravamiento de la violencia y de la violación de los derechos humanos; de hecho, es lei motiv de su obra. La correlación entre el trato a la infancia y la violencia social es una evidencia abrumadora.
La sociedad se ha dotado de leyes y de normas para regular los niveles de violencia, como si el hombre fuera 'un lobo para el hombre', y lo que hace falta es apelar y reconocer que los seres humanos somos generosos, desprendidos, amantes desinteresados, complacientes, compasivos, responsables predispuestos a conservar la vida y a cuidadarnos l@s un@s a l@s otr@s.
La idea es hacer una Declaración Universal sobre la Condición Humana, no sólo porque tendrían que mostrar el panorama de la restauración social de los paradigmas originales de la vida, sino como estrategia para lograr un mayor respeto a los Derechos Humanos reconocidos, en tanto y no se logra dicha restauración social.
En 1965 un grupo de científicos, del entorno de la UNESCO (entre los que se encontraba Federico Mayor Zaragoza), hizo una declaración sobre la violencia, para afirmar que no está genéticamente determinada, y que científicamente no se puede sostener aquello de que ‘el hombre es un lobo para el hombre’.
Quizá habría que partir de aquella Declaración para elaborar una Declaración Universal de la Condición Humana, que sirviera de referente para que los agentes sociales y políticos implementaran planes de fomento y de desarrollo de dichas cualidades.
Esto es solo un ejemplo. Entre mis hij@s hay una diferencia de edad de casi 5 años, y en ciertas etapas de su infancia se juntaban a diario en casa grupos de niñ@s, vecin@s y amig@s de amb@s, que venían a jugar, con esa diferencia de edad, y el funcionamiento samoano fluía sin conflicto alguno. Si yo tenía que bajar a comprar pan o a alguna cosa, les decía sólo que se acordasen de Samoa, lo cual quería decir que l@s mayor@s tenían que estar al tanto de l@s pequeñ@s porque yo no lo iba a estar.
Mis amig@s que han hecho turismo por el mundo, conociendo mi interés por la infancia, me han ido enviando postales de niñ@s (de la India, Kenya, etc.) y conservo algunas en las que se puede ver a niñ@s de 5 ó 6 años llevando aúpas a pequeñ@s. Esto es un vestigio del tipo de relaciones infantiles samoano.
La relación natural es que l@s mayores cuiden de l@s pequeñ@s. Me remito al texto Continuities and Discontinuities in Cultural Conditioning de Ruth Benedict(1) para entender por qué nuestra cultura destruye esa relación, al negar las habilidades, capacidades, sentimientos, sentido de la responsabilidad de l@s niñ@s, haciendo de ell@s una panda de tont@s y de inútiles consumistas que sólo hacen que dar trabajo.
La extrapolación a gran escala puede parecer utópica o irrealizable, pero creo que es lo que hay, que no hay otra posibilidad de salvación para la Humanidad, que esta de la promoción de nuestras cualidades básicas, es decir, la restauración del funcionamiento de todo lo básico - biológicamente determinado - que ha sido violado. La civilización contra natura es un suicidio, y la llamada inteligencia artificial es el arma que está ejecutando este suicidio. Esto no es una negación de la tecnología o de la industria, o de la necesidad de crear artificios inteligentes: sólo es el reconocimiento de que la civilización, los artificios y la inteligencia tienen que estar en armonía con la naturaleza, no pueden violar los aspectos básicos de su funcionamiento. Nuestros hábitos y costumbres tienen que modificarse para restaurar un modo de funcionar acorde con nuestras cualidades básicas.
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Aunque el fascismo se vista de seda, fascismo se queda
EL CONDUCTISMO EMOCIONAL
Y LA CREACIÓN DE UNA TEORÍA DE SUSTICIÓN DE LA SEXUALIDAD,
PARA UN NUEVO ORDEN SOCIAL ORWELLIANO
El conductismo emocional no podía ser otra cosa que una estrategia política perversa. No había otra explicación, era un diagnóstico per se, y también por exclusión. Se trata:
1º) de hacer desaparecer la noción de la sexualidad; ahora bien, como reprimir la sexualidad en nombre de la civilización ya no suena políticamente correcto, lo que se hace es
2º) descomponerla en ‘instinto’ por un lado, y en ‘emociones’ por otro; porque tanto el control (e incluso la represión) de los ‘instintos’ como el de las ‘emociones’ sí pueden tener una apariencia políticamente correcta, a diferencia de lo que ocurre con la sexualidad después de todo lo avanzado en el siglo pasado; por ello nos han bombardeado con la noción de las ‘emociones-negativas’, que está sustituyendo con éxito la noción de ‘sexualidad-pecado’ que ha quedado desfasada; así es como la necesidad del autocontrol de las emociones encubre la autoinihibición de la líbido, y permite un margen de argumentación y de justificación para implementarla.
3º) finalmente se va dando al impulso sexual una apariencia perversa, asociándolo incluso identificándolo con las prácticas sexuales impuestas por la fuerza, para que parezca que el impulso sexual lleva a la agresión sexual, al abuso, a la violación, etc., lo que de hecho ya se ha logrado con la sexualidad infantil.
Los tres aspectos forman parte de una estrategia global de una ‘nueva’ teoría conductista para un nuevo orden social orwelliano, de dominación invisible y sumisión inconsciente.
Voy a señalar algunas cosas que he percibido recientemente, de diversa importancia en cuanto al impacto social, que tienen en común el que me han hecho pensar en lo arriba escrito.
Han podido diseñar agujeros negros para succionar la gran inmensidad del capital financiero mundial: eso pueden hacerlo porque el Capital es un artificio sin capacidad de autorregulación, y como tal artificio le pueden cambiar sus elementos para acumular más y con más control lo acumulado. Sin embargo con respecto a los seres vivos, este Poder es un gigante con los pies de barro, y sus programas de alteración de los procesos en los organismos vivos no acaban de funcionarles del todo; a veces programan una cobaya para que salga con el pelo naranja o azul, y les sale con el pelo rojo o verde; meten programas para conducir los egos, pero no tienen en cuenta la criatura humana que subyace al ego, y a veces ésta sale respondona y no se deja amilanar por el ego, y le da la vuelta a ese programa meticulosamente diseñado para su ego.
Sin entrar en la miseria científica de la respuesta de Punset, la miseria humana es difícil de catalogar. Se entiende ahora su lanzamiento mediático por la trama política dedicada a implementar la sociedad orwelliana.
La segunda cosa que me ha llamado la atención, es el libro último de Michel Odent que me ha llegado, Ecología Prenatal de la editorial Creavida. No lo he leído todavía, sólo le he echado un vistazo y me ha llamado la atención el título del capítulo 8: Esbozo de una teoría sobre los instintos-emociones. ¡Pobre Michel Odent! Con lo ardiente defensor que es de la sexualidad humana y de su función corporal y social… Esto es otra pieza más de la creación de una teoría de sustitución de la sexualidad, que permita implementar el nuevo orden de dominación invisible, mediante el control voluntario de las emociones… y de las conductas, claro. Una nueva teoría, además de la mano de un autor identificado con ‘la cientificación del amor’, etc. etc. Incluso encabezan el capítulo con una cita mía sobre la función de los flujos y efluvios de la sexualidad maternal en las relaciones sociales, pero asegurándose de que la cita sólo dice que dichos efluvios y flujos proceden del cuerpo materno, y que no aparece la palabra ‘sexualidad’: dejando así la puerta abierta a hacerlos provenir de ‘los instintos-emociones’.
Llevan años bombardeándonos con la biología del amor sin sexualidad, la vida sin autorregulación, los cuerpos sin líbido, ¡¡el cuerpo a cuerpo con la madre como una metodología!!, el juego infantil como método pedagógico, el analfabetismo emocional y sexual, etc., etc., y ahora ya la nueva teoría de los instintos-emociones: todo con tal de hacer desaparecer los impulsos que hacen que las personas se muevan por sí mismas, es decir, hacer desaparecer lo que hace que no seamos objetos, ni máquinas ni robots, para que efectivamente seamos como los seres inanimados que no se mueven por sí mismos. Suprimir los impulsos propios es el pre-requisito para ser movidos por las cuerdas con las que nos tienen sujet@s.
Hay muchas imágenes que pueden representar esta robotización: hay una que he mencionado a menudo, el chupete de plástico. Otra imagen es la del niño o niña que en cuanto tiene cinco minutos sin programación, dice ‘me aburro’, y acto seguido los padres le enchufan la tele o la videoconsola.
El niñ@ que se aburre en cuanto tiene 5 minutos libres, es un hecho insólito en la historia de la Humanidad. Un hecho insólito que junto con el chupete de plástico debería ser objeto de toda la atención de la antropología. Harían falta tesis doctorales para estudiarlo, claro que ya están sustituyendo los doctorados por los masters, para que nadie piense e investigue por su cuenta.
Antes l@s niñ@s estaban siempre en la calle correteando e inventando todo tipo de juegos y de cosas, y las madres salían a llamarles cuando estaba la comida lista, y a veces les costaba conseguir hacerles entrar en casa. Ahora los padres se pasan el día comprando juguetes y apuntándoles a actividades extraescolares para que sus hij@s no se les aburran y no les den la lata.
Volviendo a las cosas que me han hecho pensar en la estrategia contra la sexualidad, quería mencionar también un cortometraje que me ha enviado un desconocido por Internet, diciéndome que lo ha hecho inspirándose en mis libros. En el documental aparecen dos muñecos de aspecto robótico, un hombre y una mujer realizando un coito o algo así, mientras que una pequeña máquina, como si fuera un despertador, hace tic-tac y va echando oxitocina. La estética es de un surrealismo mecanicista, propia de lo contrario de la sexualidad, es decir, propia de la tecnosexología. En un momento dado, el hombre saca un puñal y agrede a la mujer. Al final aparece una frase supuestamente mía (aparece con mi firma) contraponiendo el útero y el corazón. O sea viene a decir que si el impulso sexual es agresivo, el amor ‘bueno’ no debe salir del útero sino del corazón. Estoy haciendo un resumen de memoria y rápido, pero se puede ver dicho corto en: http://www.animacam.tv/contenido.php El título del corto es ‘Oxitocina’ . Así pues según el autor de este documental mis libros inspiran actos de violencia sexual.
Decía que estos datos tienen distinta importancia pero el mismo significado, y apuntan en la misma dirección: descomponer el fenómeno real de la sexualidad, para poder implementar una represión disfrazada de ‘control’ de sus componentes por separado, y acabar malignizando y asociando la pulsión sexual a la perversión y a la violencia.
Así tenemos el siguiente panorama global: El SIDA, como peste asociada a la promiscuidad, los embarazos y abortos de adolescentes, la pedofilia asociada al abuso infantil y convertida en plaga, etc.; y para terminar, en el mundo de la judicatura y penitenciario, toda una concatenación de sabotajes encaminados a que los agresores sexuales cometan cuantas más tropelías mejor, con jueces y secretarias que no encarcelan a los ya juzgados y condenados por delitos sexuales, funcionarios que no vigilan a los que llevan pulsera con GPS, etc.
En cuanto al movimiento reivindicativo de la maternidad, me remito al escrito colgado en esta misma blog ‘El deseo materno existe y hay que decirlo’; en resumen, hay una doble estrategia: una, la de la ocultación de las pulsiones sexuales maternas para las mujeres en general; y la otra, la administración de hormonas artificiales y otras drogas para disuadir fácticamente a las mujeres que tienen acceso a la información.
Versos de Lope de Vega
Amo naturalmente a quien me ama
y no sé aborrecer a quien me aborrece:
que a la naturaleza el odio infama.
Lope de Vega, de La Filomena
L@s poetas con cierta frecuencia nos sorprenden por su capacidad de expresar en pocas palabras tratados enteros de filosofía o de política. Aquí tenemos en tres versos la condición recíproca, y por ello armoniosa, de la sexualidad, y el sentido bondadoso de la naturaleza. Lope de Vega además de gran poeta, era un gran antropólogo y un gran sociólogo.
Entre sus hallazgos socio-antropológicos están la diferencia entre la madre antigua verdadera y la madre patriarcal, y la diferencia entre la piel y el paño de tela para un bebé recién nacido.
Al igual que Machado, de una pincelada deshace la confusión entre las cosas de la vida
y las cosas del fratricidio y de la dominación.
NOTA A AÑADIR AL LIBRo "PARIREMOS CON PLACER" 2ª EDICIÓN
La densidad de los receptores de oxitocina en el tejido muscular uterino es variable, según un estudio realizado en músculo uterino de mujeres a las que se les había practicado una cesárea. Se tuvo en cuenta si la cesárea había sido programada, si se había realizado un trabajo previo sin lograr la dilatación necesaria, y si se había realizado dicho trabajo suministrando oxitocina sintética. Se encontró una variabilidad en la densidad o cantidad de dichos receptores (1).
Esta variabilidad estaría en relación directa con la facilidad o dificultad de los partos, lo cual es consistente con todo lo dicho en el apartado sobre La fisiología natural del útero de este libro.
Michel Odent (2) sugiere que, a su vez, esta variabilidad dependería de la vida sexual de la mujer antes del parto, lo cual corroboraría lo dicho en el apartado La represión de la sexualidad en la infancia y el útero espástico también de este libro.
(1) Rezapur M. et al., Myometrial steroid concentration and oxytocin receptor density in parturient women at term. Steroids 1996; 61:338-44. Citado por Michel Odent en la Cientificación del Amor. También cita los siguientes estudios:
Fuchs, AR., et al., Oxytocin and the initiation of human parturition. Stimulation of prostaglandin production in human decidua by oxytocin. Am. J. Obstet. Gyneco. 1981; 141:694-97
Solof, M., Hinko, A., Oxytocin in receptor and prostaglandin release in rabbit amnion, The Neurohypophisis, Annals of the New Y. A.of Sciences, 1993, Vol 689:207-218
(2) Michel Odent, La cientificación del amor, Ed.Creavida 2001
CUENTO CORTO DE CIENCIA-FICCION
Era su tercer día de escuela después de las vacaciones. Nacho se sentó en su sitio, un poco inquieto porque aquel día iba a asistir a su primera clase de ‘Educación Sexual’. Era una extraña inquietud, un desasosiego que no hubiera podido explicar, caso de haberlo intentado. De pié, junto al monitor del ordenador, estaba el profesor con un libro de pastas de color naranja en las que se podía leer MANUAL PRACTICO DE EDUCACION SEXUAL.
El profesor levantó los ojos y, creyendo adivinar lo que estaba pasando por las cabezas de sus alumnos, precisó que otro día explicaría cómo se forman los espermatozoides y los óvulos, ya que aquella primera lección trataba sólo de la realización de la cópula.
El pene, siguió leyendo, para introducirse en la vagina tiene que estar erecto, es decir, duro, lo cual se consigue fácilmente aplicándole un pequeño masaje. La postura más cómoda y que facilita mejor la cópula es que la mujer esté tumbada con las piernas abiertas, así el hombre puede tumbarse encima para introducir su pene. La mujer debe untarse la vagina con un lubricante vaginal para facilitar la introducción y que no le resulte dolorosa. El lubricante vaginal se entrega gratuitamente en los Cursos de Profilaxis Pre-coital, pero también se pueden comprar en cualquier farmacia. El hombre, una vez introducido el pene, debe realizar algunos movimientos pélvicos, hacia atrás y hacia delante, para ayudar a que se produzca la eyaculación. Es posible que en algún momento de la cópula se produzca placer, lo cual no se debe considerar algo aberrante.
Para realizar la cópula es muy importante estar tranquilos, no tener miedo y no ponerse nerviosos. El miedo y los nervios dificultan la cópula, impiden que el pene se ponga erecto y que la vagina se distienda lo que dificulta y hace más dolorosa la introducción del pene. Hay estudios realizados que demuestran que la mayor o menor dificultad de la cópula está en relación directa con el grado de stress y con el miedo. Por eso se recomienda que la pareja, antes de proceder al acto sexual, haga meditación para eliminar de la mente pensamientos que puedan perturbarla o desasosegarla, y también unos ejercicios de respiración para relajar todo el cuerpo. El control de las emociones es un aspecto muy importante, pues las emociones, si no están debidamente educadas, pueden afectar negativamente la realización de la cópula.
Aunque no es obligatorio, es muy recomendable la asistencia a los Cursos de Profilaxis Pre-coital que se imparten gratuitamente en los centros de Salud y en donde se recibe educación sexual y educación emocional. En estos Cursos, además de explicar con más detalle todas las posturas y el método más adecuado para realizar la cópula, se estudian las posibles disfunciones que puedan aparecer (como la disfunción eréctil, la no dilatación del orificio vaginal o el excesivo dolor en la mujer), se realizan los diagnósticos de todas las disfunciones, y se ofrecen las correspondientes terapéuticas, incluida la administración de estimulantes o de hormonas complementarias, si fueran necesarias, en coordinación con el médico de cabecera.
En estos Cursos se aprende ante todo a controlar y a educar las emociones para conseguir una sexualidad sana. La educación sexual y la educación emocional son imprescindibles para controlar los impulsos sexuales que si no se controlan, llevan a la violencia sexual, a la pedofilia, a todo tipo de abusos y violaciones que lacran nuestra sociedad. Por eso se recomienda que todas las personas, al llegar a la pubertad realicen los Cursos de Profilaxis Pre-Coital, porque no sólo es el mejor medio para evitar las enfermedades de transmisión sexual y los embarazos no deseados, sino que es imprescindible para acabar con las violaciones y todo tipo de agresiones sexuales tan frecuentes en nuestra sociedad.
Toda pareja que haya decidido libremente tener hijos y por lo tanto, copular juntos, siguió explicando el profesor, además de seguir los Cursos de Profilaxis Pre-coital, tienen que realizar el Control Sanitario Preventivo en su centro médico; si no tienen Seguro Médico, existe también un servicio gratuito de la Sanidad Pública, cuyos protocolos siguen las recomendaciones mínimas de la Organización Mundial de la Salud. Allí además de haceros los análisis correspondientes para verificar vuestro estado de salud reproductiva, se os entrega la Tarjeta de Salud Reproductiva (TSR), que es diferente de la Tarjeta Sanitaria, en cuya banda magnética quedan anotados los datos de los controles Pre-coitales. En la TSR de la mujer, también se registrarán los controles Pre-natales y Post-natales, así como los controles menstruales en el caso de las mujeres que hayan sido tratadas para suprimir temporalmente la regla o regular sus trastornos. Estos controles y la TSR es el principal instrumento para evitar la transmisión de enfermedades como el SIDA, la Hepatitis etc. y también para evitar embarazos no deseados o tener hijos malformados. Según una reciente Ley del Código Civil, el certificado de la TSR de los padres será un requisito para inscribir al recién nacido en el Registro Civil. La TSR es un gran logro social para garantizar la salud y la reproducción sin riesgo de todos los ciudadanos. Afortunadamente los tiempos en que la sexualidad se desarrollaba sin educación ni control se han superado en casi todo el mundo y quedan muy pocas zonas a las que la educación sexual no ha llegado y en las que las mujeres se quedan embarazadas, paren y crían a sus hijos sin asistencia médica. Nuestro país colabora en los programas de la OMS y de UNICEF cuyo objetivo es que esta lacra quede erradicada en 30 años, para que no quede niño alguno en el mundo sin escolarizar, sin educación sexual, sin vacunación y sin asistencia médica.
Copular sin control médico puede acarrear graves consecuencias, enfermedades, embarazos no deseados e hijos malformados. Hace varias décadas que empezaron los programas de control de la reproducción, siguiendo las recomendaciones de la OMS. En nuestro país dichos programas fueron impulsados por la Corporación Nacional de Ginecología y Obstetricia, y por la Corporación Nacional de Pediatría, y fuimos pioneros en implantarlos, y desde entonces las cifras de enfermedades de transmisión sexual, de abortos y de niños malformados han descendido al 0,0001 % de la población.
El profesor dejó el libro sobre la mesa y continuó su charla: Ahora tenéis 7-8 años, quizá alguno o alguna de vosotras sienta a veces algún cosquilleo en las zonas genitales: no pasa nada, es el proceso normal de maduración y crecimiento de vuestros órganos y sistema reproductivo. Pero si ello hace que os sintáis mal o que sintáis alguna emoción que os desasosiega, debéis acudir a vuestro psicólogo o psicóloga que os podrá recomendar alguna terapia de educación sexual o de alfabetización emocional; en cualquier caso nunca se deben tomar iniciativas por cuenta propia, ya que los impulsos sexuales y las emociones descontroladas pueden ser peligrosas y llevaros a situaciones de riesgo para vosotros y para las personas de vuestro entorno. No somos animales, y por ello nuestros impulsos primarios deben ser educados puesto que su descontrol no sólo nos perjudica y hace que nos sintamos mal, sino que nos lleva a cometer agresiones. De hecho, la violencia de género sigue creciendo y ya causa más víctimas que los accidentes de tráfico; por otra parte, el índice de violaciones y de asesinatos por impulsos descontrolados en menores de 16 años sigue siendo muy alto. Dicho esto, hay que insistir en que si alguna vez sentís placer, al lavaros o en algún otro momento, en vuestras zonas genitales, no pasa nada, no es algo aberrante. Sólo debéis acudir a vuestro psicólogo si sentís impulsos o emociones que no podéis controlar. Siguiendo los métodos y las normas del Curso de Profilaxis Pre-coital, se puede llevar una vida sexual sana, controlada y sin riesgos.
Nacho se sintió aliviado. Su desasosiego y el nudo que se le formaba en el esófago cuando pensaba en el sexo, iban a acabarse; sus impulsos podían ser educados y controlados. Decidió que esa misma semana iría a ver a su psicólogo para que le recomendase una terapia de alfabetización emocional y de educación sexual.
P.D.
El chupete de plástico era la punta de un iceberg que estaba a la vista para cualquier mente científica, y no es casualidad que ni la ciencia ni l@s científic@s lo hayan visto. El iceberg va emergiendo con la depresión post-parto de la madre, con la conversión de la sexualidad infantil en perversión, con la violencia doméstica contra los inferiores en sexo y edad, con la sexología del sexo sin deseo, y con la descomposición de la sexualidad en instinto y emociones para posibilitar su educación y su control.
miércoles 22 de octubre de 2008
EL DESEO MATERNO EXISTE Y HAY QUE DECIRLO
El deseo materno es una pulsión sexual, y existe, a pesar de todo, en nuestros acorazados y desconectados cuerpos, aunque apenas lata, aunque apenas derrita y perfore nuestras corazas, y casi ni le llegue al neocortex. Reprimido, inhibido y calumniado, a pesar de todo, es la esperanza de la humanidad.
Como decía Michel Odent en una reciente entrevista, la cuestión no es qué le pase a tal o cual criatura concreta; la cuestión es si la humanidad puede sobrevivir si se hacen innecesarias las hormonas del amor… qué grado de robotización de los cuerpos puede soportar nuestra especie, y qué grado de robotización alcanzaremos si se castra su impulso básico.
El deseo materno es la pulsión sexual que guía y regula la maternidad. Esta es la verdad de la maternidad que no se sabe o que no se dice. Después de tres generaciones de partos hospitalarios y de lactancia artificial, las consecuencias son tan desastrosas en términos de enfermedades mentales y psicológicas (depresiones, suicidios), y en términos de violencia infantil y social, y son tan evidentes, que la gente empieza a hacerse preguntas, a buscar explicaciones y a relacionar las cosas. ¡Y vaya Ud. a saber si no se topan con la verdad! Sobre todo porque hay muchas cosas que están ‘cantando’, como la neurología y las prácticas clínicas neonatales, y que están confirmando lo que ya sabíamos desde otros campos de las ciencias (historia, arqueología, antropología, sociología, sexología, etc.)
La pulsión del deseo en general, es una experiencia que todavía muchos seres humanos hemos conocido, y sabemos que existe. Y también el deseo materno es una experiencia que hemos vivido muchas, quizá, espero, suficientes mujeres.
Esta experiencia proporciona el conocimiento de que las técnicas amatorias son aspectos secundarios, y que lo esencial de la sexualidad y de la capacidad orgástica humana, es el deseo. Refiriéndome a la sexualidad coital, que es la más conocida, creo que todo el mundo sabe que se pueden practicar las 400 posturas del kamasutra, y ni rozar siquiera la experiencia de una relación espontánea guiada por el deseo. Las posturas por sí mismas no nos derriten por dentro ni producen flujos. Sólo lo hacen en la medida en que ayudan a la inducción o producción del deseo. El deseo por sí mismo, antes de guiarnos hacia cualquier postura, sólo con producirse, nos derrite y nos licua.
El sentido del olfato, tan importante en la inducción del deseo (recordemos la famosa anécdota de Napoleón y Josefina), guía los movimientos de las criaturas recién nacidas para llevarlas al pezón de la madre. Basta con abstenerse de cometer la normalizada violación de sus cuerpos que se practica en los hospitales, y respetar sus impulsos. Dice Bergman que explicar y hacer que la madre o una enfermera coloque a la criatura en la postura adecuada para empezar a mamar, es peor (Restoring the original paradigm).
La tecnosexología que en su día ya denunció Merelo-Barberá, ahora se aplica a la maternidad, sin necesidad siquiera de hablar de sexualidad maternal. Así se recomiendan las posturas para dar de mamar, el contacto piel con piel, la no separación… aspectos físicos que se pautan, seguramente necesarios en nuestro mundo de maternidad medicalizada, pero que cuando se proponen sin decir lo esencial, el deseo, siguen dejando el campo abonado para la robotización de la maternidad.
Inhibida la pulsión del deseo, entonces ya sólo queda ‘educar’ y conducir convenientemente las conductas, las posturas, los sentimientos y las emociones. En mi último libro he tratado de explicar el conductismo emocional que se practica hoy, como alternativa al desasosiego que producen las emociones desarraigadas de las pulsiones, y para encauzarlas en nuestros hábitos culturales y sociales.
En los tratados de neurología (Kahle, Universidad de Frankfurt) se explica que las emociones y los sentimientos se producen para acompañar e implementar el desarrollo de las pulsiones. Las pulsiones de las situaciones de alerta y de defensa, como la ira, la cólera, el enfado, etc., de hecho las conocemos y nombramos precisamente por los sentimientos que las acompañan, aunque también conocemos otros aspectos de su fisiología, como el aumento del ritmo y la presión sanguínea, la sudoración, la tensión muscular –carne de gallina, pelos de punta, nudo en el estómago-, descargas de adrenalina y cortisol, etc.. Las pulsiones sexuales del estado normal de relajación, también cursan con sus sentimientos y emociones amorosas. Todos los sentimientos y emociones forman parte de las pulsiones que animan el cuerpo, y que le mantienen vivo. Pero nuestra sociedad de relaciones de dominación no trata de mantener los cuerpos en su plena vitalidad, sino todo lo contrario.
Educar las emociones, si no fuera porque en realidad es una estrategia política perversa, sería algo tan ridículo como educar los glóbulos rojos o cualquier célula de nuestro cuerpo. No hay que educar ninguna emoción: ellas saben más que todos l@s psicólog@s del mundo junt@s, y además están a nuestro favor, a favor de nuestra autorregulación y de nuestro bienestar. La educación emocional encubre una estrategia de regulación y ‘normalización’ de las conductas, y se construye, obviamente, sobre una gran mentira sobre el cuerpo humano; es la psicología de los cuerpos que inhiben automáticamente sus pulsiones, la psicología del despiece y de la descomposición corporal al servicio de la política de la dominación invisible y de la sumisión inconsciente.
Hoy por hoy, la pulsión sexual ha desaparecido de nuestro mundo conceptual. De ser el pecado de la carne ha pasado a la nada. ¡Cómo vamos a entender a las pobrecitas emociones que han quedado huérfanas y desamparadas del propio cuerpo que las ha producido! ¡Cómo no sentir ansiedad ante semejante descalabro! Los sentimientos y las emociones que vagan erráticas en nuestros cuerpos, nos desasosiegan porque no podemos entenderlas, no podemos entender lo que nos pasa, y no podemos poner remedio a lo que nos causa malestar puesto que no podemos identificarlo. Entonces vienen y nos dicen que somos analfabetos emocionales y que tenemos que educarnos emocionalmente, y nos lo creemos. Esta nueva psicología del conductismo emocional incluso a veces se presenta bajo el epígrafe de ‘bioenergética’, un concepto que inventó Reich para referirse a la energía sexual como energía de la vida (La producción sexual es la producción vital per se. Reich, La función del orgasmo), y que ahora se desvirtúa para convertirse en lo contrario, en la negación teórica de la producción sexual: la psicología de los cuerpos sin líbido.
Las emociones son sabias, tan sabias como las pulsiones que mantienen nuestro metabolismo basal mientras dormimos. Los cuerpos humanos no son analfabetos; son sabios. Cuando estamos conectad@s con nuestras pulsiones, también nuestras emociones y sentimientos son transparentes, y percibimos su origen y su sabia función a favor de nuestro bienestar y de nuestra autorregulación. Y cuando las emociones y los sentimientos son transparentes, no se nos puede engañar ni someternos inconscientemente. Y es que, cuando desinhibimos el deseo, recuperamos la armonía original entre las pulsiones y las emociones, un importante aspecto de la unión sinérgica de todos los sistemas nuestro cuerpo, y entonces este recupera todo su esplendor, su transparencia interna, su capacidad y su fuerza. He encontrado referencias antropológicas de al menos tres pueblos cuyas mujeres podían decidir cuando se quedaban embarazadas, sin fármacos ni condones.
La represión puntual de las pulsiones no es suficiente para hacernos perder la sabiduría corporal. Si el neocortex trabaja en armonía y a favor del cerebro límbico, tras los percances ocasionales la autorregulación se recupera. Por eso hace falta engañar al neocortex para que actúe de inhibidor del cerebro límbico; y por eso no tenemos que saber que el deseo existe, que la pulsión sexual es lo que pone en marcha el desarrollo de nuestra capacidad orgástica y que forma parte de nuestra regulación fisiológica; y muy especialmente, que guía y regula la maternidad. En la era de la dominación invisible, ya no se puede prohibir directamente el ‘pecado de la carne’ que explícitamente reconoce la pulsión corporal.
Pero en el fondo todo esto es poco novedoso. Lo nuevo es su apariencia ‘científica’ y su grado de sofisticación para adaptarse a una sociedad que, como predijeron los autores de la novela de ciencia-ficción, requiere que la gente no se de cuenta de que está siendo controlada y utilizada. Cuando yo era joven, esto que ahora llaman ‘educación emocional’, se llamaba sublimación del deseo y de la líbido. El amor, aunque dijeran que salía del alma y no del cuerpo, también lo situaban en el corazón. El corazón late para bombear la sangre y no es un órgano erógeno; y por eso quizá es un buen sitio para recolocar imaginariamente los sentimientos amorosos una vez desconectados de las pulsiones. “Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío” era nuestro mantra que recitábamos mientras que sublimábamos nuestras pulsiones adolescentes; o también “Sagrado Corazón de María, sed mi salvación.”

Lo de pintar el amor con sus rayos, lo copiaron de las sociedades prepatriarcales, que pintaban úteros y pechos, sus latidos y los movimientos expansivos de las ondas de placer. Una imagen vale más que mil palabras, dice el refranero, y con un poco de incienso y de canto gregoriano, puedes llegar a la sublimación mística más exquisita. Y, por si acaso, el corazón rodeado de una corona de espinas, uniendo el amor sublimado y el sufrimiento.
El amor verdadero no tiene el epicentro en el corazón, sino más abajo, en el vientre, donde nace el deseo, la pulsión sexual. Y no se expande en línea vertical ascendente, sino por todo el cuerpo, como los tentáculos de los pulpos que rodean y abrazan las panzas de los cántaros prepatriarcales.
El deseo materno es la pulsión sexual que guía y regula la maternidad. Esta es la verdad de la maternidad que no se sabe o que no se dice. La responsabilidad de quienes lo saben y no lo dicen es grande porque -también lo saben- el matricidio es de facto un genocidio. Y no es ninguna metáfora. Es tan grande la responsabilidad como la de los que sabían que los campos de concentración nazis eran campos de exterminio, y no lo dijeron.
Hace poco leí en Internet que se estaba experimentando con cobayas la aplicación de hormonas artificiales y otras sustancias, para inhibir total o parcialmente la impronta. Antes de formularme la pregunta de si sería sólo para aplicaciones en la ganadería, todas las células de mi cuerpo se me encogieron del susto; como con la escisión de los núcleos atómicos o la ingeniería genética: ¿quién, con qué criterios, y hasta qué punto puede controlar la aplicación de estas tecnologías? Todo eso es lo que en un instante ‘pensaron’ las células de mi cuerpo, y también por supuesto, mis neuronas. Desde luego ya no estamos en los tiempos en que se echaba bromuro en la comida de los presos o de los conventos para inhibir el apetito sexual, ahora las cosas están más perfeccionadas. Y si, independientemente de la intencionalidad, llevamos ya años aplicando hormonas artificiales en otras etapas de la vida sexual de la mujer, como en la contracepción, en el parto o en la menopausia, con dosis tan calibradas y formas tan variadas como los óvulos vaginales o los parches, también se podrían llegar a aplicar para contener el deseo materno en la lactancia, como complemento de la tecnosexología y del conductismo emocional.
Las hormonas artificiales no pueden sustituir a las hormonas naturales. Las hormonas naturales no son solo un compuesto químico: se producen con las pulsiones, en un momento y en unas circunstancias determinadas, con un ritmo y una cadencia específica, en interacción y al unísono con otros múltiples y complejos procesos que abarcan a todo el cuerpo. La pulsatilidad de una hormona es un concepto que ya aparece en los estudios clínicos, y los hay por ejemplo, que muestran que la eficacia del reflejo de eyección de la leche depende de la pulsatilidad de la oxitocina. Y sabemos también la diferente acción de la oxitocina sintética -vaginal o intravenosa-, y de la oxitocina segregada de forma natural en el parto.
El control de la sexualidad humana ha estado siempre en relación directa con la necesidad de una determinada robotización y manipulación de los cuerpos. La sexualidad femenina es una amenaza latente; es un conocimiento antiguo, por más que hoy esté velado, que la capacidad orgástica de las mujeres es incompatible con la exclusividad monógama, y que parir y lactar con y por placer forma parte de las cualidades filogenéticas de nuestros cuerpos. En cualquier caso, es importantísimo y extremadamente urgente acabar con la mentira corporal que afecta a la maternidad, saber y decir que el deseo materno existe y para qué existe.
La Mimosa, 18 de octubre 2008