INDICE DE CONTENIDOS

22 - ENSAYO SOBRE EL DON
21 - POR UN FEMINISMO DE LA RECUPERACION
20 - LO QUE SE OCULTA TRAS LA CUESTION DEL
VELO ISLAMICO .
19 - LAS SERRANAS (primer avance)
18 -EL CREACIONISMO Y LA DOMINACIÓN:
VIGENCIA DE KROPOTKIN
17 - LOS LIMITES Y LA COMPLACENCIA
16 - A LA VERDAD - Lope de Vega
15 - D. Quijote explica a unos cabreros la edad dorada y se declara defensor del modo de vida de las mujeres en aquellos tiempos (Miguel de Cervantes)
14 - LA DEGENERACIÓN DE LA RAZA HUMANA POR LA
PÉRDIDA DE SUS CUALIDADES FUNDAMENTALES.
13 - ¿DÓNDE ESTA WALLYS? (un juego semántico)
12 - EL EQUIVOCO DE NIETZSCHE
11 - El abrazo materno y el continuum del sistema sexual de
la maternidad: a proposito del Metodo Madre Canguro
10 - PARTO ORGASMICO: testimonio de mujer y
explicación fisiológica.
9 - Sobre la función orgánica y social de la sexualidad (I)
8 - Hace falta una Declaracion Universal de la Condicion
humana.
7 - Aunque el fascismo se vista de seda, fascismo se queda.
6 - Tres versos de Lope de Vega
5 - Nota aneja al libro Pariremos con Placer (2ª edición)
4 - El deseo materno existe y hay que decirlo
3 - Amamantar por placer (reseña de un libro)
2 - ¿Domina el sistema neurológico los demás sistemas del
cuerpo? - Las cosas como son y las palabras para decirlo
1 - Objetivos de AMARYI



sábado, 28 de marzo de 2009

PARTO ORGASMICO: TESTIMONIO DE MUJER Y EXPLICACION FISIOLOGICA


A propósito del artículo publicado en El Mundo el 23.03.09 de VIV GROSKOP (The Guardian) en relación con el documental estadounidense sobre Parto Orgásmico

Los testimonios de mujeres que han tenido partos orgásmicos han sido recogidos por la sexología científica desde mediados del siglo pasado; Juan Merelo Barberá presentó un informe al respecto en el congreso de Ginecología de París en 1985 (1). Algunos de estos registros son: Alfred Kinsey del Institute for Sex Research de la Universidad de Indiana (EEUU) que cita tres casos (2); Masters y Johnsons del Reproductive Biology Fundation (Missouri, EEUU) citan doce casos en su libro Human Sexual Response (3); Shere Hite (4), en su Informe, dice haber recogido varios testimonios sin decir el número (con una cita textual de una mujer que aseguraba había sido el mayor orgasmo de su vida); en España, Serrano Vicens (5) se encontró algún caso, y el propio Juan Merelo halló nueve casos en su investigación; en Francia el Dr.Schebat del Hospital Universitario de Paris, en el propio hospital, registró, en un total de 254 partos, 14 casos de partos orgásmicos (2). Juan Merelo no cesó de insistir en que es más frecuente de lo que podamos pensar. La cifra que nos da ahora Ina May Gaskin (32 de 151 partos) es más alta, posiblemente debido a que se trata de partos en condiciones más naturales.

¿Roce de la cabeza del bebé en la vagina o eufemismo del dolor, como se apunta en el artículo de El Mundo?

Llevo muchos años buscando explicaciones fisiológicas coherentes para entender el parto, y la verdad sea dicha, me ha costado bastante encontrarlas, pese a que dichas explicaciones existen, eso sí muy diseminadas y en obras de difícil acceso para las personas de a pie. El mero funcionamiento básico neuromuscular del útero no lo encontré hasta que leí Revelation of childbirth de Read (6): unos músculos longitudinales y otros circulares que funcionan como un par sincronizado. Los circulares son los que cierran (el cervix) y los longitudinales los que empujan para hacer descender el feto. Cuando esto sucede, el sistema nervioso simpático que inerva las fibras circulares tiene que desactivarse para que estas fibras aflojen la tensión y no ofrezcan resistencia al movimiento de las longitudinales, que están inervadas al parasimpático. Este funcionamiento le hizo concluir a Read (7) que el miedo, que mantiene activo el simpático, es el que produce el parto con dolor, porque mantiene las fibras circulares contraídas y apretadas ofreciendo resistencia al movimiento de las longitudinales; los tirones que entonces pegan las fibras longitudinales a las circulares producen el conocido dolor del calambre. Efectivamente, la dificultad del parto en general no tiene que ver con las famosas caderas estrechas sino con la distensión de los músculos del útero, y el dolor de las contracciones del parto son calambres. Read comparaba el funcionamiento del útero con la vejiga urinaria, que tiene un funcionamiento aparentemente similar: las fibras circulares cierran para retener la orina, y se aflojan para permitir que el movimiento de las fibras longitudinales expulsen la orina de la vejiga.

En la comparación que hace Read entre la vejiga urinaria y el útero creo que está la clave de la parte importante que le faltó para entender el funcionamiento del útero, porque los músculos del útero a diferencia de los de la vejiga urinaria, tienen receptores de oxitocina, y esto indica la existencia de un dispositivo específico para activar el reflejo muscular; un dispositivo que forma parte del sistema sexual.
Creo que si comparamos el funcionamiento del útero con el de los otros órganos en los que interviene el sistema sexual, podremos entender globalmente el funcionamiento del útero.

Como explica Martín Calama (8) la presión que ejerce el bebé al succionar el pezón no sería suficiente para extraer la leche, y es necesario un dispositivo interno en la madre para el bombeo y eyección de la leche; un movimiento reflejo de las fibras mioepiteliales que recubren los alveolos de los pezones. Este dispositivo se activa al encajarse las moléculas de oxitocina, que llegan por el torrente sanguíneo, en receptores que se encuentran en dichas fibras mioepiteliales. Es decir, que el dispositivo que activa el reflejo de eyección de la leche pertenece a un proceso sexual, porque la oxitocina se segrega con la pulsión sexual; de ahí la relación entre el deseo materno y el éxito de la lactancia como ya señaló en su día Niles Newton (9).
En su explicación sobre la fisiología de la lactancia, Matin Calama explica que los receptores de oxitocina en las mujeres, se encuentran además de en las mamas, en las fibras mioepiteliales de la vagina y del útero, y que a lo largo del embarazo aumentan incrementando la sensibilidad a la oxitocina que se segregará durante la lactancia. Esto nos aproxima a entender el continuum de la maternidad, como una continuidad de procesos del sistema sexual de la mujer.
El tipo de mecanismo que activa la eyección del flujo que lubrifica la vagina para el coito, o el que bombea el liquido seminal desde la vesícula seminal y produce el reflejo de eyección del semen, es el mismo que el del reflejo de eyección de la leche; y también el del reflejo de los músculos uterinos para el proceso del parto.
Por eso se dice que el amor nos licua; por eso la humedad ha sido símbolo de la sexualidad y la sequedad de la castidad, de la penitencia y de los retiros espirituales en los desiertos (ver diccionarios de simbologías (10), Ortiz Osés (11), El agua, la vida y la sexualidad de Michel Odent (12), Mircea Eliade, etc.); por eso el propio deseo, la misma pulsión inicial que segrega la oxitocina, nos licua antes de proceder al acto sexual. Esther Pérez en su ponencia en las Jornadas Feministas de junio 2006, sobre su experiencia de relactación con una niña adoptada, explicaba que al ver salir las primeras gotas de leche de sus pechos pensó que era el amor que se licuaba en gotas blancas.
Obviamente, el sistema sexual está implicado en muchísimas más funciones que la de activar los reflejos musculares de los órganos sexuales que aquí menciono, y la misma función de la oxitocina es un fenómeno muy complejo del que aquí se abstrae solo un aspecto para entender el parto. Tan sólo el seguimiento y la interacción de las demás hormonas sexuales conocidas nos da una idea de dicha complejidad. Creo que esto es obvio, pero es preciso decirlo, pues tan legítimo es el afán de conocimiento como necesaria la humildad ante la diversidad y la complejidad de la vida orgánica de la que tan sólo podemos aprehender una parte; creo que nuestra capacidad cerebral no tiene suficientes megas para albergar los 4 mil millones de años de evolución condensados en una célula o en cualquier ser vivo.

Volviendo al parto después de esta pequeña digresión: el sistema sexual que activa el reflejo muscular en diferentes partes del cuerpo es el mismo, pero los músculos del útero no se parecen en nada a las finas capas mioepiteliales de los pechos o de la vagina: los del útero son anatómicamente los músculos más potentes y fuertes del cuerpo humano, a la vista del impresionante trabajo que tienen que hacer para que salga el feto por ese famoso canal de nacimiento estrechado por el bipedismo de nuestra especie.

Se ha dicho que el problema que este estrechamiento planteaba para el nacimiento se resolvió con el nacimiento prematuro. Pero no es del todo exacto. Si el nacimiento prematuro por sí solo hubiera resuelto la cuestión, sin duda habría más mamíferos en posición erecta. La especie humana no es la única que nace prematuramente y la neotenia no es un fenómeno específico humano. La resolución de la contradicción supuso, además del nacimiento prematuro, un desarrollo de la sexualidad sin precedentes en la cadena evolutiva, es decir, un desarrollo que sí es único y específico de los humanos, para promover el fantástico movimiento de los músculos del útero: el orgasmo femenino; porque el placer se produce con el movimiento pulsátil (vibración, temblor, latido) de los tejidos musculares, movimiento cuya expansión percibimos con la sensación de placer.

La envergadura de las fibras musculares del útero nos da la medida de la fuerza expansiva de las mal llamadas contracciones del útero, (y digo mal llamadas porque en realidad es un movimiento de contracción-distensión, sístole y diástole, fibras que se encogen y luego se distienden, se vuelven a encoger y se vuelven a distender… ); quiero decir, que la fuerza expansiva de este latido del útero es mucho más importante que la que pueden producir las fibras musculares de las mamas o de la vagina.

Entonces, la relación entre el pecho, el útero y la vagina se debe a que la oxitocina viaja por el torrente sanguíneo y alcanza sus receptores allí donde están, a saber, en las llamadas zonas erógenas del cuerpo, y cuando se desencadena un movimiento más o menos simultáneamente en dichas zonas, tenemos la sensación de una conexión entre ellas (los meridianos de placer dibujados por el arte neolítico). Ambroise Paré (1575) (13) atribuía la relación entre las mamas y la matriz, a conexiones del sistema nervioso, pero ‘la conexión’ no pertenece al sistema nervioso sino al sistema sexual, y se debe a que la oxitocina está en el torrente sanguíneo y se engancha allí donde encuentra receptores adecuados. Esto explica que la excitación sexual de las mamas se extienda al útero, y que el proceso de expansión del placer puede empezar por donde sea pero si se mantiene y acaba en orgasmo, implica siempre al útero, el órgano de mayor masa muscular y que tiene o debería tener la mayor cantidad de receptores de oxitocina (según claro está el estado del útero; una ginecóloga me contaba que los úteros que operaban estaban a menudo en un estado atrófico impresionante).

Por otra parte, la sexología ha explicado que efectivamente el útero es el centro erógeno básico de la mujer. Maryse Choisy (14) tras un seguimiento concreto durante 10 años de la sexualidad de 195 mujeres definió muy claramente el papel del útero en el orgasmo femenino. Aunque no sintamos el útero sino sólo el placer que expande, podemos imaginar la fuerza expansiva de esos supermúsculos… y saber a ciencia cierta que la intensidad del orgasmo es correlativa a la intensidad de los latidos del útero, como se ha comprobado por medio de electrouterograma. El matrimonio Masters y Johnson (15) efectivamente comprobó que en todos los orgasmos se producen ‘contracciones’ del útero, sea cual sea el origen del proceso orgásmico, y además registraron el latido del útero durante el orgasmo con electrodos intrauterinos (orgasmos simples, múltiples, relajación final…), registrando simultáneamente, con electrocardiograma, el sobre-esfuerzo del corazón correlativo al esfuerzo de los músculos uterinos.
Hay que decir que en el útero hay un tercer tipo de fibras musculares que constituyen una capa interna en la pared de la bolsa uterina. Son músculos que rodean los vasos sanguíneos haciendo ochos y espirales, y su función es estimular y activar el riego sanguíneo para aportar el oxígeno necesario para el intenso trabajo que realiza el útero, y para retirar las sustancias de desecho (6). Poco a poco vamos entendiendo las claves del gran potencial y de la gran capacidad orgástica femenina.

La desconexión interna corporal de las mujeres ha permitido la ocultación del papel del útero en la sexualidad; así por ejemplo, el ‘yoni’ de los tratados de sexualidad tántrica, literalmente quiere decir ‘útero’, y sin embargo se ha traducido por vagina, porque en nuestro paradigma de sexualidad el útero no existe. Pero digan lo que digan los manuales de sexualidad, lo sintamos o no, el útero es el órgano de expansión del placer por antonomasia. El funcionamiento y la envergadura muscular del útero, como digo, explican la famosa capacidad orgástica femenina puesta de manifiesto por Serrano Vicens, quien comprobó que dicha capacidad no es ni mito ni enfermedad, y que la ninfomanía es un epíteto calumnioso y misógino para tratar de hacer anormal y patológico lo que es normal y natural.

Así pues, el parto orgásmico no lo produce el roce de la cabeza del feto en la vagina, y todavía menos es ‘un eufemismo del dolor’ (para esto último me remito también a Read). El parto orgásmico se produce porque el propio movimiento del útero es en sí mismo productor de placer, siempre que los músculos funcionen acompasadamente, según el proceso sexual normal; que es lo que sucede cuando el parto se produce de forma natural y se activa según la forma establecida filogenéticamente, por el sistema sexual de la mujer. Leboyer (16) sin necesidad de electrodos intrauterinos también describió los dos tipos de contracciones, las generadoras de placer y las generadoras de calambres y de intolerables sufrimientos.

En la ‘contracción’ normal del parto, dice Leboyer, el útero se encoge muy lentamente en un movimiento que empieza arriba y va bajando poco a poco, al llegar abajo hace una pausa y luego empieza lentamente a distenderse de abajo hacia arriba, y al llegar arriba vuelve a hacer otra pausa; dice Leboyer que se asemeja a la respiración de un niño cuando duerme plácidamente y vemos cómo su pecho sube y baja lentamente con cada respiración. También describe las otras contracciones que conocemos tan bien: el útero en lugar del movimiento lento que empieza arriba y va bajando lentamente, se contrae entero en bloque, todo a la vez. Es un movimiento brusco que se suelta también bruscamente. Es decir, es un movimiento espasmódico en lugar de un latido lento y pausado.

El tipo de movimiento que realizan los haces musculares del útero en el parto es el mismo que el que realizan durante el orgasmo: es decir, son o debieran ser el mismo tipo de ‘contracciones’; no del todo iguales porque las ‘contracciones’ del parto tienen que llegar a la total apertura de la boca del útero, un proceso que debe hacerse despacio y suavemente, para que ni la madre ni la criatura sufran, y que por eso, en condiciones normales dura entre 1 y 5 horas (mientras que un útero espástico puede tardar 24 ó 40 horas, (17)). En cambio, el orgasmo fuera del parto no tiene otra misión que la descarga de la líbido para la regulación corporal, y concretamente para la preparación del útero para el día que tenga que abrirse (lo mismo que los óvulos anidan periódicamente para cuando el nido efectivamente haga falta); este orgasmo fuera del parto, que no tiene que abrir la boca del útero, puede durar por lo general entre 30 y 60 segundos; pero son contracciones del mismo tipo que las del parto en cuanto al latido acompasado y sincronizado de los haces musculares longitudinales y circulares, y también en cuanto al incremento de la pulsación cardiovascular para acompañar el esfuerzo muscular. (Hay otras similitudes histológicas, etc., que recoge Niles Newton en un cuadro comparativo en Maternal Emotions (9)). Una prueba de la similitud entre ambos tipos de ‘contracciones’ (la del orgasmo y la del parto), la tenemos a la vista en el electrouterograma del orgasmo realizado por Masters y Johnson (3). También Leboyer (16) asegura que en su documental Autour de la naissance, estas contracciones placenteras y verdaderamente adecuadas se pueden reconocer en el exterior, en el mismo movimiento del vientre que las acompaña, así como por el rostro de la mujer que camina hacia el éxtasis (no he visto el documental a pesar de llevar buscándolo desde que leí el libro de Leboyer, hace muchos años; si alguien lo tiene en su versión íntegra, le agradecería una copia).
Esto explica también otros testimonios: los que refieren la existencia de pueblos enteros que desconocen el dolor en el parto (Montaigne (18), etc.). También el tono imperativo del ‘parirás con dolor’ que indica que en ese momento no era así pero que sabían cómo conseguirlo.
Y esta es la otra pregunta importante: ¿cómo es posible que de forma tan generalizada el parto se produzca con dolor?

Es de suponer que no será uno sino muchos (entre ellos, el stress y el miedo que señala Read) los aspectos de la distorsión del proceso normal del parto. En cualquier caso, el útero espástico está causado de forma inequívoca por la represión sexual de la mujer desde la infancia; y esto es coherente con estudios realizados sobre la densidad de los receptores de oxitocina. Odent, en la Cientificación del amor (19) recoge un estudio realizado en Suecia y otros, que ha mostrado que esta densidad es variable y a veces escasa (las muestras de tejido uterino de mujeres a las que se les había practicado cesárea tenían una escasa proporción de receptores de oxitocina). Lógicamente, si las mujeres no desarrollan una suficiente cantidad de receptores de oxitocina y el útero carece de sensibilidad suficiente a la oxitocina, difícilmente podrán parir. La variabilidad de la densidad de los receptores de oxitocina nos remite también a la vida sexual de la mujer antes del parto: en qué medida ha desarrollado o no ha desarrollado sus pulsiones sexuales, en qué medida ha desarrollado o no lo ha hecho los receptores de oxitocina. Y aquí es donde cobran sentido las pulsiones sexuales de la infancia, que claro está no se producen por nada, y mucho menos porque el demonio habite los pequeños cuerpos humanos, sino porque tienen una función fisiológica. El desarrollo corporal humano establecido filogenéticamente, incluye las pulsiones sexuales infantiles para promover la madurez de sus órganos, y en concreto, promover el movimiento de los músculos uterinos en las niñas. Por eso nos encontramos con juegos, corros y bailes sexuales (20) infantiles y compartidos con mayores, en las culturas de sexualidad espontánea. Estos juegos y bailes estimulaban y promovían la expansión de las pulsiones que mantenían los úteros de las niñas activos; es decir, no sólo no se prohibían las manifestaciones de la sexualidad infantil, sino que se propiciaban y se amparaban culturalmente. En nuestra civilización siempre había habido algún margen de expansión sexual clandestina, las brujas con sus escobas (que no eran para volar por los aires) etc.; pero ahora l@s niñ@s están más vigilados que nunca y más programadas y más aislad@s, y cada vez tienen menos posibilidades de desarrollar sus pulsiones. En la Grecia clásica la sexualidad entre adult@s y niñ@s estaba normalizada (21), mientras que ahora ni se contempla la posibilidad de que dicha sexualidad surja espontáneamente y con la complacencia y el consentimiento del niñ@, sino que automáticamente se califica de abuso de poder adulto y como agresión sexual, dando por sentado que el niño o la niña no puede tener impulsos, deseos o apetencias sexuales.

Creo que hoy, aparte de la medicalización de la maternidad y de las tres generaciones de partos hospitalarios que, como dicen Wagner, Bergman y otr@s, tanto daño han hecho y siguen haciendo, tenemos también un mayor deterioro de la sexualidad femenina, gracias al marketing sociológico del falocentrismo, a la fuerza impactante de los medios audiovisuales y a las estrategias psicológicas de dicho marketing. Con esto quiero decir, que si Serrano Vicens emprendiera ahora su investigación no creo que encontrase los mismos resultados que encontró en los años 50 del siglo pasado (un 2,5 % de las 1417 mujeres estudiadas tenían habitualmente 30 ó más orgasmos consecutivos).

El parto orgásmico y la recuperación de la maternidad implican recuperar una sexualidad femenina perdida. Aunque ahora las mujeres creamos tener más libertad sexual que antes, en realidad tenemos más libertad formal pero más represión y más violencia interiorizada (los úteros espásticos y atróficos, los dolores de parto y de regla, así como los cánceres de útero y mama serían la punta del iceberg de esta violencia). Dicha recuperación supondría un cambio de paradigma de sexualidad femenina, recuperar la noción y el conocimiento antiguo que antes se tenía de la misma. Hoy por hoy existe una desinformación y un desconocimiento generalizado de la sexualidad de la mujer, como lo demuestra este artículo sobre el parto orgásmico.
La Mimosa marzo 2009
NOTAS:

(
1) MERELO BARBERA, J., Parirás con placer, Kairós, Barcelona 1980.
(2) Citado por Merelo Barberá y en el monográfico de Integral sobre Embarazo y Parto Gozosos
(3) MASTERS, W. y JOHNSON, V., Human Sexual Response, Little, Brown & Co, Boston 1966.
(4) HITE, Sh. El Informe Hite, 1977, citado por Merelo y en el monográfico de Integral.
(5) SERRANO VICENS, R. ,La sexualidad femenina, Júcar 1972; Informe Sexual de la Mujer Española, Lyder 1977.
(6) READ, G.D., Revelation of childbirth, William Heinemann Medical Books, 1945. El libro más conocido de
Read es :Childbirth without fear, 4th ed. Harper and Row, New York 1972;
(7) Junto con una investigación sobre el parto sin dolor en aborígenes africanas y también sobre los nociceptors que
determinan la sensibilidad al dolor.
(8) MARTIN CALAMA, J., ‘Fisiología de la Lactancia’, Capítulo 7 del Manual de Lactancia Materna, Asociación Nacional de Pediatría, editorial Médica Panamericana.
(9) NILES NEWTON, Maternal emotions, Nueva York 1955.
(10) Por ejemplo Diccionario de Símbolos, Juan Eduardo Cirlot, Ed.Siruela, Madrid 1969, voces ‘sequedad’, etc.
(11) ORTIZ OSÉS, A. Las claves simbólicas de nuestra cultura Anthropos, Barcelona 1993.
(12) ODENT, M. El agua, la v ida y la sexualidad, Urano, Barcelona 1991.
(13) AMBROISE PARÉ, L’Anatomie, Livre I, ‘Sur la generation’, 1575. Citado por Yvonne Knibielher
en Histoire des Mères, Montalba, 1977.
(14) CHOISY, M., La guerre des sexes, Publications Premières, Paris 1970.
(15) Para quien no tenga el libro de Masters y Johnson, Human Sexual Response, en donde se publicaron los electro-
uterogramas del orgasmo, están recogidos en mi librito Pariremos con Placer (2ª edición): www.casildarodriganez.org
(16) LEBOYER, F. El parto: crónica de un viaje, Alta Fulla, Barcelona 1976.
(17) WILHELM REICH (1952), en Reich habla de Freud Anagrama, Barcelona 1970.
(18) MICHEL E. MONTAIGNE, Ensayos, libro I, XVI.
(19) MICHEL ODENT, La Cientificación del Amor, Creavida 2001. Los estudios que cita son:
- REZAPUR, M. et al., Myometrial steroid concentration and oxytocin receptor density in parturient women at term.
Steroids 1996; 61:338-44
- FUCHS, AR., et al., Oxytocin and the initiation of human parturition. Stimulation of prostaglandin production in
human decidua by oxytocin
. Am. J. Obstet. Gyneco. 1981; 141:694-97
- SOLOF, M., HINKO, A., Oxytocin in receptor and prostaglandin release in rabbit amnion, The Neurohypophisis,
Annals of the New Y. A.of Sciences, 1993, Vol 689:207-218
- INSEL Y SAPHIRO en: PEDERSEN ET AL., Oxitocin in maternal, sexual and social behaviours, Annals of the
New York Academy of Sciences, 1992; 6527
GARRIDO, M.C., El juego del corro en la cultura femenina, Inédito 2006.
(21)FERNANDEZ DE CASTRO, CH., La otra historia de la sexualidad, Martínez Roca, Barcelona 1990.

domingo, 22 de marzo de 2009

Sobre la función orgánica y social de la sexualidad (I)

Todo invita a amar y todo ama
Y todo por vivir amando vive.


Baltasar E. de Medinilla

Amo naturalmente a quien me ama
Y no sé aborrecer a quien me aborrece
Que a la naturaleza el odio infama.


Lope de Vega

Meciendo mi carne
Meciendo a mi hijo
Voy moliendo el mundo
Con mis pulsos vivos.

Gabriela Mistral



Los poetas y las poetisas a veces han intuido y han puesto palabras a la verdadera función y al verdadero funcionamiento del amor, hilándolas y ritmándolas significativamente. Recuerdo que en mi adolescencia recitaba lo de todo invita a amar y todo ama/ y todo por vivir amando vive, y las palabras con su ritmo y su sentido me mecían como una madre, haciéndome ver lo que vive y ama sobre la Tierra, más allá de la dominación y del fratricidio imperantes. No podía imaginarme que un día poesía y ciencia se darían la mano, para explicarnos cómo y por qué el amor y la vida funcionan de la manera en que lo hacen. Los versos de Medinillla se confirman en sus dos dimensiones, corporal y social, en diferentes campos; los hallazgos arqueológicos del siglo pasado se añadieron a los de la historia y la antropología (1), y los de la endocrinología y la neurología, a lo que la sexología y el psicoanálisis ya habían revelado (2). Explicarlo es una tarea que me viene muy grande, y estas líneas sólo tratan de dar algunas pistas.

La pulsión sexual y la capacidad orgástica
Para empezar, la sexualidad es un sistema que forma parte de la fisiología humana. Según los tratados de neurología (3), el proceso comienza con el impulso sexual que se desencadena desde el hipotálamo. El movimiento expansivo del placer, percibido como temblor, onda, oleaje, borbotones, etc., en su infinita gama de formas, ritmos, intensidades y matices, recorre todos y cada uno de los rincones y niveles orgánicos que nos conforman (molecular, celular, órganos, etc.), imprimiendo un tono y un ritmo unísono a todo el organismo. Nuestra morfología implica dicho movimiento que cumple una importante función en las autorregulaciones parciales y en la del cuerpo como un todo. La capacidad orgástica corporal existe desde la etapa intrauterina y hasta que sobreviene la muerte. La sexología científica del siglo pasado llamó también ‘carga libidinal’ o ‘libido’ al potencial orgástico inherente al organismo humano. Reich, desde esta perspectiva científica, decía lo mismo que Medinilla cuando aseguraba que la pulsión sexual es la pulsión vital per se (4), que deshace la coraza, impulsa, anima y regula el organismo humano. Por eso, la castración sexual ha sido siempre una técnica de desvitalización para la domesticación de los animales, humanos incluidos.
Hay que tener en cuenta dos cosas difíciles de ver desde nuestro condicionamiento cultural: la producción del deseo y el proceso de expansión del placer son mecanismos del sistema autónomo (o involuntario) parasimpático, el cual supone un estado de relajación corporal, difícil y escaso en un tejido social competitivo; y también que es un proceso interno espontáneo de nuestro metabolismo básico, que cuando se trata de pautar o convertir en una metodología diseñada exteriormente se cortocircuita con diversas consecuencias.

Las emociones y el inconsciente
La neurología (3) también explica que las pulsiones orgánicas como las sexuales, defensivas o de lucha, cursan con emociones y sentimientos para implementar su desarrollo. El sentimiento amoroso y la emoción erótica acompañan el desarrollo de la pulsión sexual produciendo una armonización de los sistemas corporales, en un movimiento expansivo tan impresionante que a veces se ha calificado de sentimiento oceánico, como si el cuerpo fuera tan solo una gota de agua en medio de toda el agua y fuerzas del océano. Sin embargo, si la pulsión se inhibe, el sentimiento y la emoción quedan huérfanas de la pulsión que las daba sentido, provocando una pérdida de la sabiduría emocional, creando desconcierto y ansiedad. El llamado analfabetismo emocional es fruto de la represión, y es la punta del iceberg de un fenómeno represivo interno más amplio. La propia desconexión interna, fraguada en un desarrollo ontológico de inhibiciones continuado, hace que el proceso sexual y su frustración sean a menudo sensorialmente imperceptibles e inconscientes.
De hecho, el inconsciente fue descubierto por G. Groddeck (5) al observar las pulsiones sexuales más fuertes y a la vez más silenciadas de nuestra sociedad: las pulsiones maternales. El amor materno tiene, en la madre y en la criatura, la carga libidinal más alta porque es el único amor simbiótico de la vida humana, y la fuerza y características de la pulsión se formaron para mantener la atracción mutua durante el desarrollo orgánico en estado simbiótico. La importantísima función de esta libido, en un periodo especialmente sensible de nuestra formación, fue descrita por M. Balint (6). Hablar hoy del amor materno como una producción del sistema sexual suena a marciano (7), porque está desfigurado y corrompido, sometido a una represión particularmente inexorable según palabras de Freud (8). Es preciso tener en cuenta la devastación patriarcal de la sexualidad de la mujer (la anulación del deseo que ha supuesto su sometimiento durante generaciones, los ginocidios recurrentes de las cazas de brujas, la actual fuerza del marketing sociológico, etc.) para comprender cómo es posible que nuestro condicionamiento cultural consiga la trágica supresión actual de la libido materna, d-esquiciando toda la sexualidad y toda la vida humana.
La sexualidad es un encadenamiento de procesos que tienen lugar en todos los niveles de organización del cuerpo, pero no es un proceso que se cierra en el cuerpo humano, sino que está abierto al exterior, y depende de que los demás congéneres, empezando por la madre del periodo simbiótico de gestación, vivan a su vez en el despliegue de su libido, en el continuum de la sexualidad y del amor. Si el cuerpo no puede abrirse al amor y a la sexualidad de sus congéneres, su repliegue y su encierro acaban por frenar la producción propia. No hay placer sin con-placer. La sexualidad tiene una expansión y una función básica en el tejido de las relaciones sociales. Como decían Deleuze y Guattari (9) el deseo recorre o debería recorrer el campo social.
Pese a las actuales apariencias, la sexualidad impulsa todas las etapas de la vida humana, siendo la sexualidad coital sólo una parte de la misma. El proceso sexual tiene una función reguladora que va más allá de la reproducción, tal y como el propio deseo y nuestra propia experiencia diaria se encargan de hacernos saber, a pesar del acorazamiento y de las desconexiones internas

Una armonía hecha de diversidad, reconocimiento y reciprocidad
Según palabras del neurólogo francés H. Laborit: “Somos un conjunto hipercomplejo de sistemas, en el que cada sistema engloba al precedente y se halla englobado por el de complejidad superior: así pasamos de la molécula al complejo enzimático (…), luego a las organizaciones intracelulares, luego a las células, de éstas a los órganos, de los órganos a los sistemas, hasta alcanzar el nivel del organismo entero” (10). Esta organización en niveles de complejidad, por un lado es un resultado evolutivo, y por otro, un requisito de la propia complejidad y diversidad in-formacional, es decir, de la complejidad y diversidad de funciones que nos dan forma y nos hacen ser lo que somos y no otra cosa.
El proceso evolutivo que dio lugar a los organismos vivos complejos se ha llamado simbiogénesis (11), y explica que las formas de vida evolucionaron de las más simples a las más complejas por acoplamientos simbióticos (de ahí el término ‘simbiogénesis’). Una simbiosis quiere decir que dos formas de vida autónomas, con su capacidad de autorregulación y su ecosistema propio, se unen promoviendo una autorregulación conjunta y un ecosistema común en el que ambas quedan englobadas, manteniendo cada cual su propio funcionamiento autorregulador. Esto explica que una célula no deja de ser una célula porque forme parte de un tejido. Es decir, la simbiogénesis explica que en un organismo hipercomplejo cada sistema que lo forma tiene una capacidad de autorregulación propia, y por eso se dice que es un ‘sistema cerrado’ en su organización, y al mismo tiempo “abierto” en su relación ‘in-formacional’ con los otros sistemas. Tan importante es que se mantenga el cierre organizativo de un sistema (su autorregulación), como su apertura informacional y relación con los demás (autorregulación común). Los sistemas orgánicos están continuamente enviándose señales entre sí y en todos los sentidos y direcciones, y cada vez se encuentran más enzimas, fijadores, moduladores, etc. que forman parte de los procesos, así como los ‘receptores’ de las señales… Es una armonía hecha de diversidad, reconocimiento y reciprocidad. La relación establecida entre todos los niveles, hace que los mensajes in-formacionales circulen electrónicamente, molecularmente, etc., traspasando moléculas, células, órganos, etc. La morfología corporal que estudiamos en el bachiller es un compendio de encadenamientos que forman un determinado nivel de organización corporal: las redes vasculares en las que viajan todo tipo de moléculas, las redes neurales, neuro-musculares, neuro-endocrino-musculares, cardio-vaculares… etc. etc. Imaginemos ahora todo lo que sucede a otros niveles, pensando tan sólo en el recorrido de un electrón que viaja en cascada en los procesos de oxidación, o el proceso de formación de las moléculas de ATP, o en cualquier otra cosa conocida de nuestra fisiología, para entender que la ‘apertura’ de los sistemas supone una infinidad de avisos y señales circulando armoniosa y continuamente en el hipercomplejo conjunto corporal.

La sinergia y el principio de co-operación
Y ahora pensemos en el modo de funcionar unísono y sincronizado de toda esta complejísima organización. Dice Laborit: “Si en un organismo no existen jerarquías, no existe relación de dominio, es porque cada célula, cada órgano, cada sistema, realiza una función cuya finalidad es participar en la conservación de la estructura del conjunto, sin la cual ningún nivel de organización, del más simple al más complejo, podría sobrevivir” (10). A diferencia de la organización jerárquica vertical por la que circulan las órdenes, en el mundo orgánico circulan los avisos y las señales, según establecido en su propia formación en el proceso evolutivo. Este tipo de organización, sin jerarquización a pesar de su increíble diversidad y complejidad, se ha llamado sinergia (12), y ha sido posible en una larga evolución de procesos de simbiogénesis.
Así pues la cooperación no es un principio ético o político, es un principio orgánico. Es un principio ético en la medida en que es necesario que la cultura no vaya contra natura.
La sinergia de un organismo presupone su armonía interna; de otro modo no sería tal organismo; la armonía de la diversidad es una cualidad in-formacional de los entes orgánicos (13).
. Esta comprensión de la dinámica y morfología interna de las formas vivas nos permite entender la función del movimiento del placer que recorre los diferentes niveles de sistemas orgánicos (molecular, celular, etc.) estableciendo un tono y un ritmo unísono común a todos; es decir, es una función sinérgica para el desarrollo de todas las cualidades y capacidades corporales. Podemos entender también que su inhibición produce cierres, desconexiones, repliegues, contracciones, rigideces, acorazamientos, encharcamientos, putrefacciones… en definitiva el despiece corporal. El alma es una unidad imaginaria que compensa el cuerpo realmente despiezado, decía Jesús Ibáñez (14), explicando hasta qué punto son necesarias estrategias culturales de sublimación emocional para reprimir la sexualidad. Despiece y enfermedad como explicó Reich (15): retracción, agonía y muerte de las células (origen del cáncer), cuando pierden la regulación de la apertura de ciertos sistemas; señalando en concreto la relación entre el cáncer de útero y de mama y la represión sexual de la mujer, relación ya confirmada por estudios epidemiológicos.

Un importante indicador del placer: la densidad y la ubicación de los receptores de oxitocina
Veamos ahora en concreto un aspecto de la fisiología del proceso sexual. La pulsión sexual pone en marcha un específico sistema neuro-endocrino-muscular, que activa el sistema autónomo parasimpático y cierra el simpático (si se abre el simpático el proceso automáticamente se detiene); segrega un cóctel de hormonas sexuales, entre otras la oxitocina (2) que al llegar a sus receptores específicos, ubicados en unos determinados haces musculares inervados al parasimpático, les hace vibrar y latir (contracción-distensión, sístole-diástole), para bombear y eyectar el líquido seminal, eyectar flujo vaginal para proceder al coito, bombear y eyectar la leche de las glándulas mamarias, abrir los haces musculares del útero para proceder al parto, o simplemente expandir el placer por todo el cuerpo, porque no por casualidad la ubicación de los receptores de oxitocina coincide con lo que llamamos zonas erógenas del cuerpo. Leboyer, refiriéndose al parto, habló del ritmo ciego y todopoderoso del mundo visceral, y Odent ha explicado (16) que ese ritmo es el ritmo de la pulsión, de la secreción de oxitocina y del latido de los tejidos y vísceras donde se hallan los receptores de oxitocina (por eso popularmente se dice que el amor verdadero es visceral); un ritmo simultaneo al de los otros niveles de nuestra morfología.
El sistema sexual tiene un proceso de formación ontogénico, y la cantidad de receptores de oxitocina es variable (17) y depende del desarrollo de las pulsiones sexuales primales e infantiles. En culturas previas al Tabú del Sexo, antes de la prohibición de la sexualidad espontánea, encontramos juegos y bailes que estimulaban y recreaban la sexualidad uterina desde la infancia: los famosos corros femeninos (18), danzas del vientre y otras prácticas autoeróticas en torno a la excitación del útero (las famosas escobas de las brujas no eran para volar), incrementaban la densidad de receptores de oxitocina necesaria para el desarrollo de la capacidad orgástica, y para parir fácilmente y con placer. Las pulsiones infantiles tienen una función orgánica necesaria y un sentido benefactor en la vida humana. R. Serrano Vicens (19) recogió 1417 historias sexuales de mujeres que revelan que el desarrollo de la capacidad orgástica femenina durante la infancia y la adolescencia, con prácticas autoeróticas y lésbicas, en la España de los años 50, antes de la era del marketing, era todavía muy elevada; y que la ninfomanía de la mujer es un calificativo calumnioso misógino para hacer patológico y anormal un hecho normal y natural. Este estudio muestra también, corroborando lo anteriormente dicho, que cuanto más desarrollo de la sexualidad en la infancia y adolescencia, más éxito y mayor grado de satisfacción se daba en las relaciones conyugales. Muestra también que la actual división de la sexualidad ‘homo’ y ‘hetero’ es artificial. Serrano Vicens era médico de cabecera.
El placer siempre está producido por el sistema sexual y tiene una gama infinita de formas, intensidades y matices. Maryse Choisy (20) ha descrito un tipo de orgasmo atípico en mujeres al que llamó ‘no paroxísmico’, que se produce cuando el útero en lugar de latir mantiene un determinado temblor sostenido, como el temblor de una medusa suspendida en el mar. Choisy habla de orgasmo porque realiza toda la descarga del potencial libidinal al igual que los otros tipos de orgasmos, como lo prueba el estado subsiguiente de plena gratificación. Pero hay procesos en que se descarga sólo una pequeña parte del potencial, o se descarga de forma muy sutil. Hay estudios que muestran que en una comida amistosa, en la que la gente se siente a gusto, se producen secreciones de oxitocina; y también hay estudios hechos en mujeres, cuando se juntan con amigas, comprobándose también la subida de los índices de oxitocina; y también hay quien piensa que la risa, que hace temblar las células con sus flexibles membranas, forma parte del sistema sexual o es un pariente cercano.
La sexualidad produce la sensación del bienestar que acompaña a la autorregulación corporal, a la plenitud de la armonía de la sinergia corporal (como cuando un gato ronronea); por ello tonifica y anima a los cuerpos, propicia iniciativas y creatividad (ganas de hacer cosas, pasión por las cosas), y se retroalimenta seduciendo, consintiendo y complaciendo. “Buscar el placer y evitar el dolor es la vía de acción –algunos dirían Ley- del mundo orgánico”, decía Kropotkin (21), resumiendo de modo sencillo la función de la sexualidad. El placer no es una ilusión del neocortex, hay que decirlo, porque lo único que nos enseñan en el sistema educativo es la morfología de los órganos genitales. Ni siquiera en las universidades de medicina o de psicología se habla del deseo y de la capacidad orgástica, cuando la ciencia tendría ya todos los datos para acabar con los mitos y mentiras inventados para organizar la inhibición de la sexualidad. Especialmente grave es el mantenimiento del oscurantismo en relación con la maternidad, por su función clave en la vida humana.

Una civilización es sostenible si respeta el funcionamiento básico de la vida
Los antropólogos y antropólogas del siglo pasado que hicieron trabajo de campo en algunos lugares alejados de nuestra civilización (22), coinciden en señalar la espontaneidad y la felicidad de las gentes, que en la simplicidad de sus vidas mantenían el funcionamiento básico de la vida. Dicho esto, hay que añadir de inmediato que la vida no es incompatible con la tecnología o la industria, y que una civilización puede ser todo lo compleja que se quiera, sólo tiene que respetar lo básico de la vida para que sea sostenible. Nuestra civilización patriarcal no es sostenible porque impide el modo de funcionar básico de la vida.

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(1) Ver los libros ‘El Asalto al Hades’ (cap.2), ‘La sexualidad y el funcionamiento de la dominación’ (epílogo), y ‘Pariremos con placer’. (www.casildarodriganez.org/libros).
(2) Ver ‘La represión del deseo materno y el matricidio a la luz de la neurología y la práctica clínica neonatal’ (Jaca 2006) y ‘El matricidio: correlación entre líbido y fisiología’ (Zaragoza 2006) (www.casildarodriganez.org), en donde cito algunos de ellos. Señalar también por su importancia: ODENT, M., ‘¿El final del asesinato de Cristo?’, revista francesa L'Arc nº 83, (www.esternet.org); a los autores LABORIT,H., SCHORE, A.N., LLOYD DE MAUSE y NILS BERGMAN (‘Le portage Kangaroo,’ ‘La Leche League France’, marzo 2005). En cuanto a la endocrinología hay dos libros que constituyen un hito en la cientificación del amor: PEDERSEN C.A. ET AL ‘Oxitocin in maternal, sexual and social behaviours’, ‘Annals of the New York Academy of Sciences’, 1992; 6527; y NEWTON,N., ‘Maternal emotions’, Nueva York 1955.
(3) KAHLE, W., ‘Atlas de Anatomía III: Sistema nervioso y órganos de los sentidos’, Omega 1994.
(4) REICH, W. (1942), ‘La función del orgasmo’, Paidós 1995.
(5) GRODDECK, G. (1923), ‘El libro del ello’, Taurus 1981.
(6) BALINT, M. (1979), ‘La falta básica’, Paidós 1993.
(7) En Japón sí existe el concepto de amae o amaeru para designar el amor primal. Takeo Doi (1962) ‘Amae, a key concept for understanding Japanese personality structure’. Psychologia (Kyoto), vol 5,1.
(8) FREUD, S. (1931) ‘Sobre la sexualidad femenina’, Tomo III Ob. Completas, B. Nueva, 1968.
(9) DELEUZE, G. y GUATTARI, F., ‘El antiedipo, capitalismo y esquizofrenia’, Paidós 1985.
(10) HENRI LABORIT (1981) ‘Mecanismos biológicos y sociológicos de la agresividad’, en ‘La violence et se causes', ed.UNESCO, Paris (pág.49). (www.unesco.org).
(11) MARGULIS, L., SAGAN, D. ‘¿Qué es la vida?’, Tusquets 1996.
(12) Sobre los tipos de organización ver ‘¿Domina el sistema neurológico humano a los demás sistemas del cuerpo?’ pulposymedusas.blogspot.com
(13) Más pistas sobre la armonía orgánica en el cap. 1 de ‘El Asalto al Hades’ (nota 1).
(14) IBAÑEZ, J., ‘Por una sociología de la vida cotidiana’, Siglo XXI 1994.
(15) REICH, W. (1948), ‘La biopatía del cáncer’, N.Visión 1985.
(16) ODENT, M., Primal Health, Clairview 2002.
(17) ODENT, M., ‘La cientificación del amor’, Creavida 1999.
(18) GARRIDO, M.C., ‘El juego del corro en la cultura femenina’, Inédito 2006.
(19) SERRANO VICENS, R., ‘La sexualidad femenina’, Júcar 1972; ‘Informe Sexual de la Mujer Española’, Lyder 1977.
(20) CHOISY, M., ‘La guerre des sexes’, Premiers 1970.
(21) KROPOTKIN, P., ‘Folletos Revolucionarios I’, Tusquets 1977.
(22) ZERZAN, J., en ‘Futuro Primitivo’ (Numa, Valencia 2001) cita varias decenas de ellos. También recogido por Felix Rodríguez de la Fuente (‘Animales Salvajes de África Oriental’, Everest 1984).

viernes, 19 de diciembre de 2008

Hace falta una Declaración Universal sobre la Condicion Humana


Estos días atrás, con motivo del aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, distintos medios se han hecho eco de la desgraciada situación en la que están estos reconocidos y proclamados Derechos. Y lo más inquietante es que parece que vamos de mal en peor, es decir, que estamos peor que hace unos años.

Hace ya tiempo que Alice Miller vaticinó este agravamiento de la violencia y de la violación de los derechos humanos; de hecho, es lei motiv de su obra. La correlación entre el trato a la infancia y la violencia social es una evidencia abrumadora.

La sociedad se ha dotado de leyes y de normas para regular los niveles de violencia, como si el hombre fuera 'un lobo para el hombre', y lo que hace falta es apelar y reconocer que los seres humanos somos generosos, desprendidos, amantes desinteresados, complacientes, compasivos, responsables predispuestos a conservar la vida y a cuidadarnos l@s un@s a l@s otr@s.
Los niveles de violencia y de violación de los derechos humanos no van a disminuir mientras que se siga creyendo en el fratricidio y no se fomente la confianza y el desarrollo de las cualidades humanas originales o innatas. Dicho de otro modo, el desarrollo de los Derechos Humanos requiere del desarrollo de las cualidades que caracterizan la condición humana.

La idea es hacer una Declaración Universal sobre la Condición Humana, no sólo porque tendrían que mostrar el panorama de la restauración social de los paradigmas originales de la vida, sino como estrategia para lograr un mayor respeto a los Derechos Humanos reconocidos, en tanto y no se logra dicha restauración social.

En 1965 un grupo de científicos, del entorno de la UNESCO (entre los que se encontraba Federico Mayor Zaragoza), hizo una declaración sobre la violencia, para afirmar que no está genéticamente determinada, y que científicamente no se puede sostener aquello de que ‘el hombre es un lobo para el hombre’.

Quizá habría que partir de aquella Declaración para elaborar una Declaración Universal de la Condición Humana, que sirviera de referente para que los agentes sociales y políticos implementaran planes de fomento y de desarrollo de dichas cualidades.
P.D.
Esta idea surge de mi experiencia con l@s niñ@s:
Cuando en ambientes de tensión competitiva y autoritaria se apela a su condición fraterna, se produce un cambio radical de comportamiento. Recuerdo una vez el caso de dos niñas de 7 y 4 años entre las que había una dinámica de rivalidad enquistada; la pequeña tenía una posición de privilegio con respecto a la niña mayor, y ésta reaccionaba haciéndola de rabiar, quitándole las cosas, etc., y entonces la pequeña lloraba y acudía a la gente mayor que trataba de arreglar las cosas, con los típicos, ‘cada cual tiene que jugar con sus cosas’, ‘un ratito cada una’, ‘no hay que pegarse’, etc. Le expliqué a la mayor que lo natural es que l@s herman@s mayores cuiden a los pequeñ@s, y que la relación de herman@s es de lo más hermoso que hay en la vida, añadiendo el relato de Margaret Mead de cómo funcionaba la infancia en Samoa, en donde l@s niñ@s a partir de un momento, creo recordar 2 años o así, dejaban de estar al cuidado de las madres y pasaban el día con el grupo de niñ@s, y eran l@s niñ@s mayores quienes cuidaban y se hacían cargo de l@s pequeñ@s; así le dije a la niña mayor ella tenía que cuidar de la pequeña como si fuera su hermana menor, como hacían los samoanos. La niña mayor cambió el comportamiento de manera tan radical que yo fui acusada de pertenecer a una secta que manipulaba a l@s niñ@s con "a saber qué métodos", pues no podían ni imaginarse que la niña de 7 años pudiera albergar otro tipo de sentimientos que los de la rivalidad y la posición de dominio en base a la jerarquía por la edad.

Esto es solo un ejemplo. Entre mis hij@s hay una diferencia de edad de casi 5 años, y en ciertas etapas de su infancia se juntaban a diario en casa grupos de niñ@s, vecin@s y amig@s de amb@s, que venían a jugar, con esa diferencia de edad, y el funcionamiento samoano fluía sin conflicto alguno. Si yo tenía que bajar a comprar pan o a alguna cosa, les decía sólo que se acordasen de Samoa, lo cual quería decir que l@s mayor@s tenían que estar al tanto de l@s pequeñ@s porque yo no lo iba a estar.

Mis amig@s que han hecho turismo por el mundo, conociendo mi interés por la infancia, me han ido enviando postales de niñ@s (de la India, Kenya, etc.) y conservo algunas en las que se puede ver a niñ@s de 5 ó 6 años llevando aúpas a pequeñ@s. Esto es un vestigio del tipo de relaciones infantiles samoano.

La relación natural es que l@s mayores cuiden de l@s pequeñ@s. Me remito al texto Continuities and Discontinuities in Cultural Conditioning de Ruth Benedict(1) para entender por qué nuestra cultura destruye esa relación, al negar las habilidades, capacidades, sentimientos, sentido de la responsabilidad de l@s niñ@s, haciendo de ell@s una panda de tont@s y de inútiles consumistas que sólo hacen que dar trabajo.

La extrapolación a gran escala puede parecer utópica o irrealizable, pero creo que es lo que hay, que no hay otra posibilidad de salvación para la Humanidad, que esta de la promoción de nuestras cualidades básicas, es decir, la restauración del funcionamiento de todo lo básico - biológicamente determinado - que ha sido violado. La civilización contra natura es un suicidio, y la llamada inteligencia artificial es el arma que está ejecutando este suicidio. Esto no es una negación de la tecnología o de la industria, o de la necesidad de crear artificios inteligentes: sólo es el reconocimiento de que la civilización, los artificios y la inteligencia tienen que estar en armonía con la naturaleza, no pueden violar los aspectos básicos de su funcionamiento. Nuestros hábitos y costumbres tienen que modificarse para restaurar un modo de funcionar acorde con nuestras cualidades básicas.
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(1) Psychiatry, Vol.1, May 1938.

Aunque el fascismo se vista de seda, fascismo se queda


EL CONDUCTISMO EMOCIONAL
Y LA CREACIÓN DE UNA TEORÍA DE SUSTICIÓN DE LA SEXUALIDAD,
PARA UN NUEVO ORDEN SOCIAL ORWELLIANO

El conductismo emocional no podía ser otra cosa que una estrategia política perversa. No había otra explicación, era un diagnóstico per se, y también por exclusión. Se trata:

1º) de hacer desaparecer la noción de la sexualidad; ahora bien, como reprimir la sexualidad en nombre de la civilización ya no suena políticamente correcto, lo que se hace es

2º) descomponerla en ‘instinto’ por un lado, y en ‘emociones’ por otro; porque tanto el control (e incluso la represión) de los ‘instintos’ como el de las ‘emociones’ sí pueden tener una apariencia políticamente correcta, a diferencia de lo que ocurre con la sexualidad después de todo lo avanzado en el siglo pasado; por ello nos han bombardeado con la noción de las ‘emociones-negativas’, que está sustituyendo con éxito la noción de ‘sexualidad-pecado’ que ha quedado desfasada; así es como la necesidad del autocontrol de las emociones encubre la autoinihibición de la líbido, y permite un margen de argumentación y de justificación para implementarla.

3º) finalmente se va dando al impulso sexual una apariencia perversa, asociándolo incluso identificándolo con las prácticas sexuales impuestas por la fuerza, para que parezca que el impulso sexual lleva a la agresión sexual, al abuso, a la violación, etc., lo que de hecho ya se ha logrado con la sexualidad infantil.

Los tres aspectos forman parte de una estrategia global de una ‘nueva’ teoría conductista para un nuevo orden social orwelliano, de dominación invisible y sumisión inconsciente.

Voy a señalar algunas cosas que he percibido recientemente, de diversa importancia en cuanto al impacto social, que tienen en común el que me han hecho pensar en lo arriba escrito.
Hace poco, en una entrevista en la televisión le preguntaron a Eduardo Punset su opinión sobre el cambio climático. Respondió que para él lo importante no era lo de fuera sino lo de dentro de las personas, las emociones, que había que controlar (sic). Creo que no hace falta hacer demasiados comentarios a su respuesta, tanto por la negación implícita del cambio climático y de la necesidad de tomar medidas políticas y económicas urgentes, como por la razón de dicha negación, nada menos que la reivindicación del control de las emociones, así en general, sin paliativos: ni los Diez Mandamientos ni la moral católica en sus peores versiones han sido tan totalizadoras en la represión de los seres humanos, pues hacían una definición puntual y concreta de lo que debía ser reprimido; desde luego que eran cosas básicas como la pulsión sexual por un lado, y la ira, la soberbia etc. para posibilitar la sumisión, por otro, etc. Pero aquí se aboga por un control de la totalidad, de las emociones en general, con todos sus flecos, supongo que para reordenarlas globalmente según ‘la nueva conciencia’ del nuevo diseño social para las nuevas generaciones: a saber, la ‘nueva conciencia’ de un positivismo capaz de convertir en ‘positivo’ cualquier cosa, y entonces convertirnos en disciplinadas y positivas cobayas, consumidores más positivos todavía y superpositivos esclavos (CCE); es decir, seres humanos robotizados y manipulados por el Poder absoluto de una minoría fanática que en estos años ha conseguido amasar un poder político y económico de una dimensiones únicas en las historia de la humanidad. Somos las CCE de la sociedad orwelliana, que trabajamos, consumimos y dejamos que experimenten con nuestras vidas como si fuéramos cobayas, y que no pensamos ni sentimos, del puro acorazamiento en el que sobrevivimos. O eso parece, porque así es como funcionamos, como si el acorazamiento nos impidiera pensar y sentir.

Han podido diseñar agujeros negros para succionar la gran inmensidad del capital financiero mundial: eso pueden hacerlo porque el Capital es un artificio sin capacidad de autorregulación, y como tal artificio le pueden cambiar sus elementos para acumular más y con más control lo acumulado. Sin embargo con respecto a los seres vivos, este Poder es un gigante con los pies de barro, y sus programas de alteración de los procesos en los organismos vivos no acaban de funcionarles del todo; a veces programan una cobaya para que salga con el pelo naranja o azul, y les sale con el pelo rojo o verde; meten programas para conducir los egos, pero no tienen en cuenta la criatura humana que subyace al ego, y a veces ésta sale respondona y no se deja amilanar por el ego, y le da la vuelta a ese programa meticulosamente diseñado para su ego.

Sin entrar en la miseria científica de la respuesta de Punset, la miseria humana es difícil de catalogar. Se entiende ahora su lanzamiento mediático por la trama política dedicada a implementar la sociedad orwelliana.

La segunda cosa que me ha llamado la atención, es el libro último de Michel Odent que me ha llegado, Ecología Prenatal de la editorial Creavida. No lo he leído todavía, sólo le he echado un vistazo y me ha llamado la atención el título del capítulo 8: Esbozo de una teoría sobre los instintos-emociones. ¡Pobre Michel Odent! Con lo ardiente defensor que es de la sexualidad humana y de su función corporal y social… Esto es otra pieza más de la creación de una teoría de sustitución de la sexualidad, que permita implementar el nuevo orden de dominación invisible, mediante el control voluntario de las emociones… y de las conductas, claro. Una nueva teoría, además de la mano de un autor identificado con ‘la cientificación del amor’, etc. etc. Incluso encabezan el capítulo con una cita mía sobre la función de los flujos y efluvios de la sexualidad maternal en las relaciones sociales, pero asegurándose de que la cita sólo dice que dichos efluvios y flujos proceden del cuerpo materno, y que no aparece la palabra ‘sexualidad’: dejando así la puerta abierta a hacerlos provenir de ‘los instintos-emociones’.
La estrategia es perfecta, pues evidentemente, nadie puede negar que la pulsión sexual forma parte de ‘los instintos de supervivencia’ de la especie humana, y tampoco se puede negar que los impulsos sexuales cursan con emociones. Es una maniobra dialéctica sutil con la que me he topado a menudo, como lo de decir que la energía sexual es una energía cósmica, y utilizar esta afirmación, que es cierta, para desviar la función concreta de la sexualidad hacia una deriva mística, es decir su sublimación (la estrategia jungiana para implementar la sublimación). Es como si digo que mis manos forman parte del cosmos (lo cual es tan evidente que es casi tautológico), y me quedo ahí obviando la función concreta de mis manos con respecto a mi cuerpo. Es decir, se trata de una estrategia discursiva que consiste en silenciar el meollo básico del asunto, y derivarlo por realidades amplias globales o que le subyacen, todas ellas innegables, reales, lo cual hace más fácil que cuele la desaparición de lo básico.

Llevan años bombardeándonos con la biología del amor sin sexualidad, la vida sin autorregulación, los cuerpos sin líbido, ¡¡el cuerpo a cuerpo con la madre como una metodología!!, el juego infantil como método pedagógico, el analfabetismo emocional y sexual, etc., etc., y ahora ya la nueva teoría de los instintos-emociones: todo con tal de hacer desaparecer los impulsos que hacen que las personas se muevan por sí mismas, es decir, hacer desaparecer lo que hace que no seamos objetos, ni máquinas ni robots, para que efectivamente seamos como los seres inanimados que no se mueven por sí mismos. Suprimir los impulsos propios es el pre-requisito para ser movidos por las cuerdas con las que nos tienen sujet@s.

Hay muchas imágenes que pueden representar esta robotización: hay una que he mencionado a menudo, el chupete de plástico. Otra imagen es la del niño o niña que en cuanto tiene cinco minutos sin programación, dice ‘me aburro’, y acto seguido los padres le enchufan la tele o la videoconsola.

El niñ@ que se aburre en cuanto tiene 5 minutos libres, es un hecho insólito en la historia de la Humanidad. Un hecho insólito que junto con el chupete de plástico debería ser objeto de toda la atención de la antropología. Harían falta tesis doctorales para estudiarlo, claro que ya están sustituyendo los doctorados por los masters, para que nadie piense e investigue por su cuenta.

Antes l@s niñ@s estaban siempre en la calle correteando e inventando todo tipo de juegos y de cosas, y las madres salían a llamarles cuando estaba la comida lista, y a veces les costaba conseguir hacerles entrar en casa. Ahora los padres se pasan el día comprando juguetes y apuntándoles a actividades extraescolares para que sus hij@s no se les aburran y no les den la lata.

Volviendo a las cosas que me han hecho pensar en la estrategia contra la sexualidad, quería mencionar también un cortometraje que me ha enviado un desconocido por Internet, diciéndome que lo ha hecho inspirándose en mis libros. En el documental aparecen dos muñecos de aspecto robótico, un hombre y una mujer realizando un coito o algo así, mientras que una pequeña máquina, como si fuera un despertador, hace tic-tac y va echando oxitocina. La estética es de un surrealismo mecanicista, propia de lo contrario de la sexualidad, es decir, propia de la tecnosexología. En un momento dado, el hombre saca un puñal y agrede a la mujer. Al final aparece una frase supuestamente mía (aparece con mi firma) contraponiendo el útero y el corazón. O sea viene a decir que si el impulso sexual es agresivo, el amor ‘bueno’ no debe salir del útero sino del corazón. Estoy haciendo un resumen de memoria y rápido, pero se puede ver dicho corto en: http://www.animacam.tv/contenido.php El título del corto es ‘Oxitocina’ . Así pues según el autor de este documental mis libros inspiran actos de violencia sexual.

Decía que estos datos tienen distinta importancia pero el mismo significado, y apuntan en la misma dirección: descomponer el fenómeno real de la sexualidad, para poder implementar una represión disfrazada de ‘control’ de sus componentes por separado, y acabar malignizando y asociando la pulsión sexual a la perversión y a la violencia.

Así tenemos el siguiente panorama global: El SIDA, como peste asociada a la promiscuidad, los embarazos y abortos de adolescentes, la pedofilia asociada al abuso infantil y convertida en plaga, etc.; y para terminar, en el mundo de la judicatura y penitenciario, toda una concatenación de sabotajes encaminados a que los agresores sexuales cometan cuantas más tropelías mejor, con jueces y secretarias que no encarcelan a los ya juzgados y condenados por delitos sexuales, funcionarios que no vigilan a los que llevan pulsera con GPS, etc.

En cuanto al movimiento reivindicativo de la maternidad, me remito al escrito colgado en esta misma blog ‘El deseo materno existe y hay que decirlo’; en resumen, hay una doble estrategia: una, la de la ocultación de las pulsiones sexuales maternas para las mujeres en general; y la otra, la administración de hormonas artificiales y otras drogas para disuadir fácticamente a las mujeres que tienen acceso a la información.

Versos de Lope de Vega


Amo naturalmente a quien me ama
y no sé aborrecer a quien me aborrece:
que a la naturaleza el odio infama.


Lope de Vega, de La Filomena


L@s poetas con cierta frecuencia nos sorprenden por su capacidad de expresar en pocas palabras tratados enteros de filosofía o de política. Aquí tenemos en tres versos la condición recíproca, y por ello armoniosa, de la sexualidad, y el sentido bondadoso de la naturaleza. Lope de Vega además de gran poeta, era un gran antropólogo y un gran sociólogo.

Entre sus hallazgos socio-antropológicos están la diferencia entre la madre antigua verdadera y la madre patriarcal, y la diferencia entre la piel y el paño de tela para un bebé recién nacido.

Al igual que Machado, de una pincelada deshace la confusión entre las cosas de la vida
y las cosas del fratricidio y de la dominación.

NOTA A AÑADIR AL LIBRo "PARIREMOS CON PLACER" 2ª EDICIÓN

Sobre la densidad de los receptores de oxitocina

La densidad de los receptores de oxitocina en el tejido muscular uterino es variable, según un estudio realizado en músculo uterino de mujeres a las que se les había practicado una cesárea. Se tuvo en cuenta si la cesárea había sido programada, si se había realizado un trabajo previo sin lograr la dilatación necesaria, y si se había realizado dicho trabajo suministrando oxitocina sintética. Se encontró una variabilidad en la densidad o cantidad de dichos receptores (1).

Esta variabilidad estaría en relación directa con la facilidad o dificultad de los partos, lo cual es consistente con todo lo dicho en el apartado sobre La fisiología natural del útero de este libro.

Michel Odent (2) sugiere que, a su vez, esta variabilidad dependería de la vida sexual de la mujer antes del parto, lo cual corroboraría lo dicho en el apartado La represión de la sexualidad en la infancia y el útero espástico también de este libro.




(1) Rezapur M. et al., Myometrial steroid concentration and oxytocin receptor density in parturient women at term. Steroids 1996; 61:338-44. Citado por Michel Odent en la Cientificación del Amor. También cita los siguientes estudios:
Fuchs, AR., et al., Oxytocin and the initiation of human parturition. Stimulation of prostaglandin production in human decidua by oxytocin. Am. J. Obstet. Gyneco. 1981; 141:694-97
Solof, M., Hinko, A., Oxytocin in receptor and prostaglandin release in rabbit amnion, The Neurohypophisis, Annals of the New Y. A.of Sciences, 1993, Vol 689:207-218


(2) Michel Odent, La cientificación del amor, Ed.Creavida 2001

miércoles, 22 de octubre de 2008

EL DESEO MATERNO EXISTE Y HAY QUE DECIRLO

A propósito de la idea de ‘criar con el corazón’, pensé que no, que ya no vale el argumento de que hay que decir las cosas poco a poco.

El deseo materno es una pulsión sexual, y existe, a pesar de todo, en nuestros acorazados y desconectados cuerpos, aunque apenas lata, aunque apenas derrita y perfore nuestras corazas, y casi ni le llegue al neocortex. Reprimido, inhibido y calumniado, a pesar de todo, es la esperanza de la humanidad.

Como decía Michel Odent en una reciente entrevista, la cuestión no es qué le pase a tal o cual criatura concreta; la cuestión es si la humanidad puede sobrevivir si se hacen innecesarias las hormonas del amor… qué grado de robotización de los cuerpos puede soportar nuestra especie, y qué grado de robotización alcanzaremos si se castra su impulso básico.

El deseo materno es la pulsión sexual que guía y regula la maternidad. Esta es la verdad de la maternidad que no se sabe o que no se dice. Después de tres generaciones de partos hospitalarios y de lactancia artificial, las consecuencias son tan desastrosas en términos de enfermedades mentales y psicológicas (depresiones, suicidios), y en términos de violencia infantil y social, y son tan evidentes, que la gente empieza a hacerse preguntas, a buscar explicaciones y a relacionar las cosas. ¡Y vaya Ud. a saber si no se topan con la verdad! Sobre todo porque hay muchas cosas que están ‘cantando’, como la neurología y las prácticas clínicas neonatales, y que están confirmando lo que ya sabíamos desde otros campos de las ciencias (historia, arqueología, antropología, sociología, sexología, etc.)

La pulsión del deseo en general, es una experiencia que todavía muchos seres humanos hemos conocido, y sabemos que existe. Y también el deseo materno es una experiencia que hemos vivido muchas, quizá, espero, suficientes mujeres.

Esta experiencia proporciona el conocimiento de que las técnicas amatorias son aspectos secundarios, y que lo esencial de la sexualidad y de la capacidad orgástica humana, es el deseo. Refiriéndome a la sexualidad coital, que es la más conocida, creo que todo el mundo sabe que se pueden practicar las 400 posturas del kamasutra, y ni rozar siquiera la experiencia de una relación espontánea guiada por el deseo. Las posturas por sí mismas no nos derriten por dentro ni producen flujos. Sólo lo hacen en la medida en que ayudan a la inducción o producción del deseo. El deseo por sí mismo, antes de guiarnos hacia cualquier postura, sólo con producirse, nos derrite y nos licua.

El sentido del olfato, tan importante en la inducción del deseo (recordemos la famosa anécdota de Napoleón y Josefina), guía los movimientos de las criaturas recién nacidas para llevarlas al pezón de la madre. Basta con abstenerse de cometer la normalizada violación de sus cuerpos que se practica en los hospitales, y respetar sus impulsos. Dice Bergman que explicar y hacer que la madre o una enfermera coloque a la criatura en la postura adecuada para empezar a mamar, es peor (Restoring the original paradigm).

La tecnosexología que en su día ya denunció Merelo-Barberá, ahora se aplica a la maternidad, sin necesidad siquiera de hablar de sexualidad maternal. Así se recomiendan las posturas para dar de mamar, el contacto piel con piel, la no separación… aspectos físicos que se pautan, seguramente necesarios en nuestro mundo de maternidad medicalizada, pero que cuando se proponen sin decir lo esencial, el deseo, siguen dejando el campo abonado para la robotización de la maternidad.

Inhibida la pulsión del deseo, entonces ya sólo queda ‘educar’ y conducir convenientemente las conductas, las posturas, los sentimientos y las emociones. En mi último libro he tratado de explicar el conductismo emocional que se practica hoy, como alternativa al desasosiego que producen las emociones desarraigadas de las pulsiones, y para encauzarlas en nuestros hábitos culturales y sociales.

En los tratados de neurología (Kahle, Universidad de Frankfurt) se explica que las emociones y los sentimientos se producen para acompañar e implementar el desarrollo de las pulsiones. Las pulsiones de las situaciones de alerta y de defensa, como la ira, la cólera, el enfado, etc., de hecho las conocemos y nombramos precisamente por los sentimientos que las acompañan, aunque también conocemos otros aspectos de su fisiología, como el aumento del ritmo y la presión sanguínea, la sudoración, la tensión muscular –carne de gallina, pelos de punta, nudo en el estómago-, descargas de adrenalina y cortisol, etc.. Las pulsiones sexuales del estado normal de relajación, también cursan con sus sentimientos y emociones amorosas. Todos los sentimientos y emociones forman parte de las pulsiones que animan el cuerpo, y que le mantienen vivo. Pero nuestra sociedad de relaciones de dominación no trata de mantener los cuerpos en su plena vitalidad, sino todo lo contrario.

Educar las emociones, si no fuera porque en realidad es una estrategia política perversa, sería algo tan ridículo como educar los glóbulos rojos o cualquier célula de nuestro cuerpo. No hay que educar ninguna emoción: ellas saben más que todos l@s psicólog@s del mundo junt@s, y además están a nuestro favor, a favor de nuestra autorregulación y de nuestro bienestar. La educación emocional encubre una estrategia de regulación y ‘normalización’ de las conductas, y se construye, obviamente, sobre una gran mentira sobre el cuerpo humano; es la psicología de los cuerpos que inhiben automáticamente sus pulsiones, la psicología del despiece y de la descomposición corporal al servicio de la política de la dominación invisible y de la sumisión inconsciente.

Hoy por hoy, la pulsión sexual ha desaparecido de nuestro mundo conceptual. De ser el pecado de la carne ha pasado a la nada. ¡Cómo vamos a entender a las pobrecitas emociones que han quedado huérfanas y desamparadas del propio cuerpo que las ha producido! ¡Cómo no sentir ansiedad ante semejante descalabro! Los sentimientos y las emociones que vagan erráticas en nuestros cuerpos, nos desasosiegan porque no podemos entenderlas, no podemos entender lo que nos pasa, y no podemos poner remedio a lo que nos causa malestar puesto que no podemos identificarlo. Entonces vienen y nos dicen que somos analfabetos emocionales y que tenemos que educarnos emocionalmente, y nos lo creemos. Esta nueva psicología del conductismo emocional incluso a veces se presenta bajo el epígrafe de ‘bioenergética’, un concepto que inventó Reich para referirse a la energía sexual como energía de la vida (La producción sexual es la producción vital per se. Reich, La función del orgasmo), y que ahora se desvirtúa para convertirse en lo contrario, en la negación teórica de la producción sexual: la psicología de los cuerpos sin líbido.

Las emociones son sabias, tan sabias como las pulsiones que mantienen nuestro metabolismo basal mientras dormimos. Los cuerpos humanos no son analfabetos; son sabios. Cuando estamos conectad@s con nuestras pulsiones, también nuestras emociones y sentimientos son transparentes, y percibimos su origen y su sabia función a favor de nuestro bienestar y de nuestra autorregulación. Y cuando las emociones y los sentimientos son transparentes, no se nos puede engañar ni someternos inconscientemente. Y es que, cuando desinhibimos el deseo, recuperamos la armonía original entre las pulsiones y las emociones, un importante aspecto de la unión sinérgica de todos los sistemas nuestro cuerpo, y entonces este recupera todo su esplendor, su transparencia interna, su capacidad y su fuerza. He encontrado referencias antropológicas de al menos tres pueblos cuyas mujeres podían decidir cuando se quedaban embarazadas, sin fármacos ni condones.

La represión puntual de las pulsiones no es suficiente para hacernos perder la sabiduría corporal. Si el neocortex trabaja en armonía y a favor del cerebro límbico, tras los percances ocasionales la autorregulación se recupera. Por eso hace falta engañar al neocortex para que actúe de inhibidor del cerebro límbico; y por eso no tenemos que saber que el deseo existe, que la pulsión sexual es lo que pone en marcha el desarrollo de nuestra capacidad orgástica y que forma parte de nuestra regulación fisiológica; y muy especialmente, que guía y regula la maternidad. En la era de la dominación invisible, ya no se puede prohibir directamente el ‘pecado de la carne’ que explícitamente reconoce la pulsión corporal.

Pero en el fondo todo esto es poco novedoso. Lo nuevo es su apariencia ‘científica’ y su grado de sofisticación para adaptarse a una sociedad que, como predijeron los autores de la novela de ciencia-ficción, requiere que la gente no se de cuenta de que está siendo controlada y utilizada. Cuando yo era joven, esto que ahora llaman ‘educación emocional’, se llamaba sublimación del deseo y de la líbido. El amor, aunque dijeran que salía del alma y no del cuerpo, también lo situaban en el corazón. El corazón late para bombear la sangre y no es un órgano erógeno; y por eso quizá es un buen sitio para recolocar imaginariamente los sentimientos amorosos una vez desconectados de las pulsiones. “Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío” era nuestro mantra que recitábamos mientras que sublimábamos nuestras pulsiones adolescentes; o también “Sagrado Corazón de María, sed mi salvación.”



Lo de pintar el amor con sus rayos, lo copiaron de las sociedades prepatriarcales, que pintaban úteros y pechos, sus latidos y los movimientos expansivos de las ondas de placer. Una imagen vale más que mil palabras, dice el refranero, y con un poco de incienso y de canto gregoriano, puedes llegar a la sublimación mística más exquisita. Y, por si acaso, el corazón rodeado de una corona de espinas, uniendo el amor sublimado y el sufrimiento.

El amor verdadero no tiene el epicentro en el corazón, sino más abajo, en el vientre, donde nace el deseo, la pulsión sexual. Y no se expande en línea vertical ascendente, sino por todo el cuerpo, como los tentáculos de los pulpos que rodean y abrazan las panzas de los cántaros prepatriarcales.

El deseo materno es la pulsión sexual que guía y regula la maternidad. Esta es la verdad de la maternidad que no se sabe o que no se dice. La responsabilidad de quienes lo saben y no lo dicen es grande porque -también lo saben- el matricidio es de facto un genocidio. Y no es ninguna metáfora. Es tan grande la responsabilidad como la de los que sabían que los campos de concentración nazis eran campos de exterminio, y no lo dijeron.

Hace poco leí en Internet que se estaba experimentando con cobayas la aplicación de hormonas artificiales y otras sustancias, para inhibir total o parcialmente la impronta. Antes de formularme la pregunta de si sería sólo para aplicaciones en la ganadería, todas las células de mi cuerpo se me encogieron del susto; como con la escisión de los núcleos atómicos o la ingeniería genética: ¿quién, con qué criterios, y hasta qué punto puede controlar la aplicación de estas tecnologías? Todo eso es lo que en un instante ‘pensaron’ las células de mi cuerpo, y también por supuesto, mis neuronas. Desde luego ya no estamos en los tiempos en que se echaba bromuro en la comida de los presos o de los conventos para inhibir el apetito sexual, ahora las cosas están más perfeccionadas. Y si, independientemente de la intencionalidad, llevamos ya años aplicando hormonas artificiales en otras etapas de la vida sexual de la mujer, como en la contracepción, en el parto o en la menopausia, con dosis tan calibradas y formas tan variadas como los óvulos vaginales o los parches, también se podrían llegar a aplicar para contener el deseo materno en la lactancia, como complemento de la tecnosexología y del conductismo emocional.

Las hormonas artificiales no pueden sustituir a las hormonas naturales. Las hormonas naturales no son solo un compuesto químico: se producen con las pulsiones, en un momento y en unas circunstancias determinadas, con un ritmo y una cadencia específica, en interacción y al unísono con otros múltiples y complejos procesos que abarcan a todo el cuerpo. La pulsatilidad de una hormona es un concepto que ya aparece en los estudios clínicos, y los hay por ejemplo, que muestran que la eficacia del reflejo de eyección de la leche depende de la pulsatilidad de la oxitocina. Y sabemos también la diferente acción de la oxitocina sintética -vaginal o intravenosa-, y de la oxitocina segregada de forma natural en el parto.

El control de la sexualidad humana ha estado siempre en relación directa con la necesidad de una determinada robotización y manipulación de los cuerpos. La sexualidad femenina es una amenaza latente; es un conocimiento antiguo, por más que hoy esté velado, que la capacidad orgástica de las mujeres es incompatible con la exclusividad monógama, y que parir y lactar con y por placer forma parte de las cualidades filogenéticas de nuestros cuerpos. En cualquier caso, es importantísimo y extremadamente urgente acabar con la mentira corporal que afecta a la maternidad, saber y decir que el deseo materno existe y para qué existe.

La Mimosa, 18 de octubre 2008

lunes, 8 de septiembre de 2008

Amamantar por placer

AMAMANTAR POR PLACER Y LA UBICACIÓN DE LOS RECEPTORES DE OXITOCINA
Reseña del libro EL CRISANTEMO Y LA ESPADA de Ruth Benedict (1946) (Alianza editorial, Colección antropología), comentada a la luz del MATERNAL EMOTIONS de Niles Newton (1955).
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Amamantar por placer no es una referencia al neolítico o a la Edad Dorada de Cervantes, o al tratado de anatomía de Ambroise Paré del siglo XVI; es lo que ocurría en el Japón, al menos hasta mediados del siglo pasado.

La antropóloga Ruth Benedict realizó un estudio de la sociedad japonesa por encargo del gobierno de los Estados Unidos, que requerría ‘comprender al enemigo’ en la IIª Guerra Mundial. El título 'el crisantemo y la espada', hace referencia a las luces y a las sombras que Benedict encontró en aquella sociedad.

El libro cuenta que la sociedad japonesa funciona o funcionaba de manera distinta, y en algunos aspectos al revés que la norteamericana: el periodo de mayor rigidez era el de la adultez, y el de mayor libertad y relajación, el de la infancia y la vejez. El sistema de coerción y de disciplina social se levanta sobre un tipo de ‘pecado original’ peculiar y específico, que deben expiar, y que se presenta como ‘una deuda’ que deben pagar. Pagar la deuda de vivir se identifica con su integridad y su dignidad humana, de tal manera que cualquier cosa queda subordinada a ese deber. Esta creencia es muy firme y estricta, y explica la rigidez y la disciplina de l@s japoneses.
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Sin embargo, cuenta Benedict, que contrariamente a lo que suponía, se encontró con un modelo de crianza mucho más amoroso que el occidental. Esto es consistente con el ‘amae’ que cuenta Michael Balint -citando al psiquiatra japonés Takeo Doi-: ‘amae’ (y su derivado ‘amaeru’) es un concepto japonés que no tiene equivalente en nuestra lengua y significa ‘amor primario’. Dice Doi que a los japoneses les cuesta trabajo creer que en las lenguas europeas no exista una palabra equivalente a ‘amae’ (y yo añado, que menos de lo que nos cuesta a nosotr@s creer y entender lo que significa dicha palabra). ‘Amae’ entonces, según Balint, es el tipo de amor que corresponde a la etapa primal de la vida humana, que tiene la carga libidinal más alta. Es el amor además del aprendizaje y puesta en marcha de las bases erótico-relacionales de la vida humana, como explicaba Juan Merelo-Barberá. Eliminar desde el principio el ‘amae’ es la vía seguida en occidente para establecer la dominación (por eso no existe palabra equivalente), que evita tener después que tomar medidas drásticas, como en el modelo musulmán.

Cuenta Benedict que según el sistema de creencias o paradigma de vida japonés, el periodo de mayor placer para las mujeres era el del amamantamiento. Tal era el reconocimiento y la consideración social que tenía el amamantar. Como dice Bergman, un paradigma es una presunción de cómo son las cosas, un sistema de creencias que se dan por inmutables y por lo tanto, nadie se interroga por ellas. Amamantar con y por placer formaba parte del sistema de creencias sobre la vida humana en la sociedad japonesa. No se imaginaban que las cosas pudieran ser de otro modo, o que pudiera existir un mundo sin ‘amae’.

Según Benedict, el gobierno japonés emprendió (no dice la fecha, en las primeras décadas del siglo XX) una campaña recomendando el destete a los 8 meses, con toda una serie de argumentos supuestamente científicos, que presentaban el destete como necesario para el bienestar y la salud del bebé. Las mujeres japonesas, dice Benedict, no hicieron caso y la campaña sólo tuvo algún eco entre las clases medias. Aún convencidas de que el destete era lo mejor para sus hij@s, las mujeres no siguieron las recomendaciones de las autoridades sanitarias, porque no querían renunciar al placer de amamantarles. Su resistencia fue grande, pues además eran criticadas de malas madres, de egoístas, por no obrar por el bien del bebé y sólo pensar en su propio placer. Es decir, que encima, como siempre, el placer se asociaba al sentimiento de culpa. Cuenta Benedict que l@s bebés eran siempre cargad@s, como ya sabíamos, dormían con las madres, etc.; y también que aprendían a hablar antes que a andar, cosa para la que Benedict no encontraba explicación. Sin embargo, ahora, a la luz de los recientes hallazgos que han trascendido de la neurobiología, sí podríamos entenderlo, sabiendo que existe una correspondencia entre el desarrollo y formación del sistema neurológico y el tipo de relación con la madre.

Volviendo al estudio de Benedict, el modelo de socialización japonés, al igual que el islámico, tiene una mayor permisividad en la etapa primal (lo que no quiere decir que sea total puesto que en Japón también se prohibía el calostro y la teta los tres primeros días), y luego asestan el golpe brusco; en lugar del proceso sutil y elaborado de nuestra civilización donde la represión, la drástica supresión del 'amae' empieza desde el mismo nacimiento.

En lugar de mutilaciones genitales, los japoneses tienen un sistema de chantaje emocional verdaderamente bestial, según el cual, l@s niñ@s viven bajo la amenaza de ser abandonad@s. Cuenta Benedict que el sistema forma parte de la cultura y de los hábitos sociales, hasta el punto que un visitante desconocido, sin estar previamente advertido, le seguirá el juego a una madre que le diga a su hij@ que el visitante ha venido para llevárselo; lo mismo que en nuestro país cualquiera le sigue el juego a una madre que le dice a su hij@ que van a venir los Reyes Magos. Bajo esta amenaza explícita, l@s niñ@s hacen cualquier cosa que se les mande hacer.

El relato de Benedict sobre el amamantar por placer, es consistente con el estudio fisiológico de Niles Newton (Maternal emotions, 1955). Newton era médico de un hospital y comenzó a investigar los casos clínicos de patologías de la lactancia: mastitis, obstrucciones, etc.; primero con un enfoque fisiológico y luego ya ampliando la investigación a demás factores psicológicos, sociales, sexuales, etc.

Sus primeros trabajos publicados fueron sobre el reflejo de eyección de la leche, el cual se realiza con la llegada de la oxitocina a la fina retícula muscular de los alveolos de los pechos (yo me he enterado de esto al leer a Newton). Newton se dio cuenta de que muchas veces había leche en las glándulas mamarias, pero no podía salir porque fallaba el reflejo de eyección, produciéndose los enquistamientos, mastitis, etc. Es decir, que estamos en lo mismo que le pasa al útero: falla el deseo, falla la sexualidad femenina, falla la producción de oxitocina, y entonces falla la fisiología de la lactancia. Newton después investigó la relación, en una misma mujer, de las diferentes expresiones de su sexualidad, la valoración de su condición femenina, etc. encontrando estadísticamente correlaciones significativas.

Así pues, las ‘contracciones’ del útero durante la lactación, también detectadas clínicamente, se deben a la oxitocina. La ubicación de los receptores de oxitocina, en los músculos del útero y de los pechos, explica la anatomía del sistema erógeno femenino, y también la relación entre el placer en los pechos y en el útero, tal como la describe Paré (y tal como lo expresan los dibujos del neolítico):

Luego existe una simpatía desde las mamas a la matriz: porque acariciando el pezón, la matriz se deleita de manera especial y siente un temblor agradable porque este pequeño extremo de la mama tiene un delicado sentir, debido a las terminaciones nerviosas que tiene: con el fin de que los pezones tengan afinidad con las partes que sirven a la generación, y también para que la mujer ofrezca y exhiba con mayor agrado sus pechos a la criatura que se los acaricia dulcemente con su lengua y su boca. Con lo cual la mujer siente un gran deleite, principalmente cuando hay leche en abundancia.

[Or y a-t-il une sympathie des mamelles à la matrice : car chatouillant le tétin, la matrice se délecte aucunement et sent une titillation agréable parce que ce petit bout de mamelle a le sentiment fort délicat, à cause de nerfs qui y finissent: à celle fin que même en cela les tétins eussent affinité avec les parties qui servent à la génération, et aussi à ce que la femelle offrît y exhibât plus volontiers ses mamelles à l’enfant qui les chatouille doucement de sa langue et bouche. A quoi la femme sent un grande délectation, et principalement quand le lait y est en abondance.]
Ambroise Paré, Tratado de Anatomía, 1575.

La activación del reflejo de eyección de la leche con la llegada de la oxitocina, que describe Newton, explica ‘la simpatía’ entre las mamas y la matriz, y también que ‘el deleite’ esté en relación con la abundancia de la leche (cuanta más leche, más pulsación de los músculos eyectores, etc.). También explica que las japonesas de Benedict siguieran amamantando por su propio placer, a pesar de haberlas hecho creer que no era bueno para sus bebés.

Esto es también consistente con los pulpos que las mujeres de hace tres mil años dibujaban en sus cántaros, cuyos ocho tentáculos, en la mayoría de los que he visto (entre otros, los 34 cántaros del museo arqueológico de Naxos), salen de los pechos. Amamantar entonces era el periodo de mayor placer en la vida de una mujer (como en el Japón que cuenta Benedict). Entonces corría la prolactina, la hormona del cuidado, también por el campo social, como dice Odent; era la sociedad del apoyo mutuo regulada por la economía sexual (Reich). ¡Vaya cambio de paradigma de mujer y de sociedad! ¡Y que no nos digan que es culpa de la tecnología! No hay que cuestionar la tecnología, pues si se recuperase el funcionamiento básico de la vida, todo lo demás se iría reajustando poco a poco.

Después del relato de Benedict y de Newton, queda claro que el contacto piel-con-piel del 'Cuidado Madre Canguro' (Kangaroo Mother CAre) de Bergman, es un indicador superficial de un proceso corporal más global, que va a depender, en nuestra sociedad, del grado de acorazamiento y desconexión interna del cuerpo materno. Se supone que la piel con piel puede activar y desencadenar la relajación necesaria para el proceso sexual, etc., pero hay que saber que lo decisivo es la carga libidinal de la relación corporal, carga que se puede reconocer por el placer que sientan las madres (y que necesariamente será compartido con su bebé, pues de otro modo no sería tal).


P.D.
A veces escribo en presente siguiendo las palabras de Benedict y a veces en pasado: no sé lo que habrá cambiado la sociedad japonesa en estas 7-8 décadas.

sábado, 30 de agosto de 2008

¿Domina el sistema neurológico los demás sistemas del cuerpo?

DOMINA EL SISTEMA NEUROLÓGICO HUMANO A LOS DEMÁS SISTEMAS DEL CUERPO?
Las cosas como son y las palabras para decirlas.


Recientemente han intentado convencerme de que el sistema neurológico humano es superior y domina sobre el resto de los sistemas que forman nuestro cuerpo. La cuestión me ha parecido muy importante, y me ha movido a escribir estas líneas.

Nuestra civilización tiene un lenguaje adaptado. Esto quiere decir que nombramos y pensamos las cosas definiéndolas por la manera en que tienen de funcionar en esta sociedad. Las cosas de la vida que pasan pero que no se ven, no se nombran ni se piensan; y cuando las percibes, no tenemos palabras para decirlas. Y así es como, cuando la percepción pasa, lo que habíamos percibido en un momento dado, retorna a su condición de invisible.

La adaptación del lenguaje es, claro está relativa; en muchos aspectos las relaciones de dominio tenazmente invisibilizadas, se ponen en evidencia; también las comparaciones entre distintas culturas nos hacen ver que lo que creíamos inmutable no lo es, o que lo que creíamos monolítico resulta que puede ser descompuesto en miles de otras cosas que se reorganizan continuamente de forma diversa y caótica, etc. etc. Pero aún así, las palabras son el esqueleto básico del orden simbólico que se instala en nuestro inconsciente y nos gobierna en muchos aspectos.

La incapacidad de imaginarnos y de conceptualizar muchas cosas de la vida y de su funcionamiento, es tan importante que, sin ella, los discursos que sustentan la represión de la vida en todos los campos, no se podrían mantener.

Por ejemplo, la incapacidad de imaginarnos y de conceptualizar la verdadera maternidad, o la armonía natural entre los dos sexos, la fraternidad entre hombres y mujeres que debería englobar las relaciones coitales (y no a la inversa, como manda el orden falocéntrico), o la armonía natural entre generaciones, etc. etc.

Otro ejemplo es el del pobre Machado, que tras percibir el distinto funcionamiento de la vida y del mundo de la dominación, tenía que dar un rodeo para distinguirlos, con aquello de “lo que se pierde si no se da’ y ‘lo que se pierde si no se guarda”, y así seguimos dando rodeos para distinguir las cosas.

También Bergman en su documental Restaurar el paradigma original… tiene que empezar por explicar el título; explicar lo que es un ‘paradigma’ (la presunción que nos hacemos de las cosas), para que se pueda entender que tenemos una presunción implícita equivocada del concepto de maternidad y del cuidado de l@s bebés.

Esta reflexión se centra en la presunción equivocada que nos hacemos de las cosas que son diferentes; una extraña tendencia a ver las diferencias en un orden jerárquico, sin ni siquiera darnos cuenta de que la jerarquización puede ser algo innecesario y ajeno a ellas. Pues la asignación de categorías jerárquicas es inconsciente y casi automática, y tenemos la mente siempre dispuesta a verlo todo jerárquicamente, los calificativos clasificadores de mejor, más fuerte, más importante, superior, más list@, más guap@, etc., en la punta de la lengua. Hay dos sexos en los seres humanos, y, zás, ya está, uno es superior a otro: hemos construido toda una civilización basada en la presunción de que los hombres son mejores y superiores que las mujeres, etc. etc., superioridad que ha sido profusamente argumentada con todo tipo de disparates sostenidos por las ciencias, las humanidades, las religiones, etc., durante siglos y siglos. Puesto que llevamos siglos viéndonos a nosotr@s mism@s y a nuestr@s hij@s, etc. jerarquizad@s, no es de extrañar que tengamos esta incapacidad de ver las cosas como son.

Sin entrar en la intencionalidad, en el por qué se inventó esta peculiar manera de ver las cosas, es preciso fijarse en ella para poder entender por qué el funcionamiento armónico y unísono de los sistemas que forman un ser vivo no nos cabe en la cabeza; y eso que tenemos la palabra para decirlo, la palabra sinergia: la decimos pero aún así, es como si no acabara de entrarnos en la cabeza.

La filosofía griega sentó las bases de la generalización del patriarcado en el siglo V a.c., con esta manera equívoca de ver las cosas. Aristóteles resumió este equívoco con aquello de que

Para hacer grandes cosas es preciso ser tan superior a los semejantes como lo es el hombre a la mujer, el padre a los hijos, el señor a los esclavos.

Haciendo trizas las relaciones sinérgicas, armónicas, de consanguinidad y grupales, entre los seres humanos que habían resultado de la propia evolución de la vida.

La simbiogénesis o endosimbiosis seriada es la teoría evolutiva que dice que las formas de vida evolucionaron de las más simples a las más complejas, por acoplamientos simbióticos. Es decir, que dos formas de vida con capacidad de autorregulación en sus ecosistemas correspondientes, se unen creando una autorregulación común y un ecosistema común más favorable para ambas. Y así se fueron haciendo organismos cada vez más complejos con sistema de autorregulación común, que engloba de forma armonizada los sistemas que le forman, y sus autorregulaciones específicas. La armonía entre las autorregulaciones de cada parte y la autorregulación del conjunto en un organismo complejo solo se puede entender como el resultado de un proceso evolutivo endosimbiótico; el resultado, el funcionamiento armónico común se ha llamado sinergia. En una organización sinérgica, cada parte realiza su función con su movimiento propio establecido filogenéticamente. Nadie le da órdenes a un glóbulo rojo de lo que tiene que hacer. Sin la perspectiva evolutiva de la simbiogénesis, es imposible imaginar que algo tan complejo funcione de modo armonioso y sincronizado como lo hace el cuerpo humano. ¿Cómo es posible que todos los sistemas del cuerpo humano funcionen al unísono, a todos los niveles, molecular, plasmático, celular, tejidos, órganos, sistemas enteros, etc., todas las reacciones químicas, físicas, los cambios moleculares, etc.? El acoplamiento sincronizado de las células para formar tejidos, los tejidos para formar órganos, las redes vasculares, neurales, neuromusculares, etc., es el resultado de un proceso evolutivo ‘endosimbiótico’. Puede haber otros fenómenos, pero esto es lo esencial de la vida y de su evolución.

La diversidad es imprescindible para el funcionamiento de la vida, y en el del cuerpo humano que, como dice Laborit, es un conjunto hipercomplejo de sistemas; tiene que haber diversidad para realizar las distintas y complejas funciones, unidas sinérgicamente. ¿Cómo es posible que la humanidad se haya pasado 2 ó 3 milenios creyendo que los hombres son más importantes o mejores o superiores que las mujeres? ¿No es obvio que la diferencia de sexos es imprescindible para el funcionamiento de la vida, es decir, que cada uno de ellos no podría existir sin el funcionamiento del otro? Los sistemas que forman nuestro cuerpo son todos imprescindibles (cada uno necesita del conjunto y el conjunto necesita de cada uno) e importantes.

Al jerarquizar las diferencias y hacer que unas cosas sean mejores y superiores que otras, rompemos la armonía fijada evolutivamente. Y además nos impide comprender y mantener el sentido que tiene la diversidad en la vida. Por ejemplo, cuando se traduce ‘maternal’ (Bachofen) por ‘matriarcal’, al asignar a la madre la función de mando la sustraemos la función libidinal fijada evolutivamente para el mantenimiento de la vida humana.

Si hay una palabra para definir la vida esa palabra es armonía. La armonía de la diversidad. Porque cualquier ente orgánico, cualquier especie está hecha de funciones diversas necesariamente armonizadas.

En las manadas de elefantes que recorren todavía algunas sabanas, se observa que las hembras y los machos caminan agrupad@s por sexos, y que a la cabeza del grupo de hembras marcha la más vieja… y esto se interpreta como una posición de dominio, y se dice que esta hembra es la ‘matriarca’ del grupo. La hembra más vieja es la que tiene más experiencia y más conocimiento acumulado y por eso realiza la función de ir abriendo el camino. Pero ¿tiene que suponer necesariamente una relación de dominio sobre las demás? ¿Por qué tenemos que entender una función específica como superior? ¿Quizá porque en nuestro mundo cuando alguien controla algo lo utiliza para manipular a los demás? Pasa lo mismo con el ‘jefe’ indio de nuestras películas de indios y vaqueros. Ahora resulta que con la palabra ‘jefe’ se traducía una palabra de la lengua indígena que no quería decir ‘jefe’, sino otra cosa que no existe en nuestro mundo, y era una función general de servicio, necesaria para el funcionamiento grupal. Este ‘jefe’ no tenía ningún poder de decisión, y su función no tenía ninguna connotación de dominio o de superioridad, aunque tuviera el reconocimiento de sus herman@s de hacerse cargo de una serie de labores grupales (lo mismo que hay un servicio de barrenderos para que funcionen las economías domésticas). Porque resulta que el tal ‘jefe’ era el mayor currante de todo el grupo, que trabajaba para todo el colectivo. ¡Cuántas funciones y cuántas cosas reales pero invisibles hay todavía que no tienen palabras para decirlas!

¿Por qué traducimos interpretando esa función del indio como si fuera una función de ‘jefatura’ (que implica tomar decisiones por los demás, dar órdenes, controlar su ejecución, etc.), que nada tiene que ver con la función que en realidad hacía, y que se puede hacer sencillamente sin atribuirle categoría jerárquica? Desde luego, es difícil de imaginar cosas de las que no hemos tenido ni siquiera la noción de su existencia, ni han sido nombradas en nuestra cultura. Como tampoco entendemos la diversidad de funciones de la vida, y que la vida es un encaje de diversas funciones armónicamente acopladas. Y en cambio estamos acostumbrad@s a un tipo determinado de funcionamiento en los que siempre hay alguien que está por encima de otr@s.

Entonces, lo que pasa es que, si se jerarquiza una función que no tiene nada que ver con tomar decisiones por los demás, dar órdenes y controlar su ejecución, es precisamente para introducir estas otras funciones que en principio eran ajenas a la función original.

La categoría jerárquica se atribuye además de acuerdo con el tipo de dominación que rige en nuestra civilización: lo que hacen los hombres, las mujeres, l@s niñ@s, los señores, los esclavos…

Y también, como en nuestra civilización la dominación descansa en la quiebra de la armonía entre el cerebro límbico y el neocortex, y en el sometimiento del primero al segundo (para mantener reprimida una parte de nuestra vitalidad), decimos que el neocortex es el ‘cerebro superior’, y así se explica y se dice cuando se estudia el cerebro humano.

Y en línea con esto, se dice que el sistema neurológico domina y es superior al resto de sistemas.

El argumento que me daban para defender la superioridad del cerebro y del sistema neurológico sobre los demás sistemas del cuerpo humano, era el cráneo, la osamenta que tenemos para protegerlo, que ningún otro órgano tiene.

Y seguimos con lo mismo, porque la vida pone dispositivos para proteger las cosas que hay que proteger, y es absurdo establecer una jerarquía entre las cosas por el tipo de protección que tienen. El tipo de protección es el adecuado para cada cosa, y precisamente porque son distintas y diversas cada una tiene distinta protección; y resulta que el cerebro, la masa encefálica, los lóbulos y las glándulas son de una textura super blanda que debe tener una adecuada protección. Lo mismo que la caja torácica, todo el costillar está para proteger el corazón y los pulmones, etc. Para que se entienda mejor:

Los delfines cuando van de un sitio a otro, nadan poniendo en medio de tod@s a las madres con crías para protegerlas, y esto no quiere decir que la madre con la cría, por estar especialmente protegida, sea un tipo de delfín ‘superior’ o ‘dominante’.

Todo es cuestión del cristal con el que se mira. Porque mira por donde, si en lugar de ser una delfina madre fuera un delfín macho, seguramente nos dirían que es el ‘jefe’ o el ‘patriarca’ que va escoltado por sus subordinados. Pero como es una delfina madre con su cría, a nadie se le ocurre decir que la delfina es superior, sino que se entiende por sentido común el proteger lo que debe ser protegido (o en todo caso, se diría que la delfina es inferior porque es más débil)

Según la jerarquía social establecida (Aristóteles), a quien deba ser protegido suele considerársele como más débil e inferior: así se consideraba inferior a las mujeres, a l@s niñ@s, etc. Pero en cambio, si se protege a un hombre, no es porque sea más débil, sino porque es un jefe superior, como el sistema neurológico humano que ‘domina’ nuestro cuerpo.

El otro argumento que se me daba para establecer la superioridad del sistema neurológico es que es lo último que deja de funcionar cuando uno se muere, es decir, que la muerte se declara con el electroencefalograma plano. Tampoco le veo sentido a este argumento. Es posible que sea el último sistema en dejar de funcionar, y puede ser una observación interesante para tener en cuenta en el funcionamiento del cuerpo, pero ¿por qué este aspecto específico tiene que configurarle como más importante, superior o dominante sobre los demás sistemas? Me parece tan arbitrario como el decir lo contrario, que el primero que deja de funcionar es el más importante, el que domina a los demás o el ‘superior’; y que por eso, tras fallar el más importante, se empiezan a morir los demás. Antes, cuando no había sistemas de ventilación artificial ni electroencefalogramas, se decía que nos moríamos cuando se paraba el corazón y dejábamos de respirar, porque dejamos de meter oxígeno. ¿Se consideraba por eso el sistema respiratorio o el cardiovascular ‘superior’ a los demás? También podríamos establecer que el sistema ‘superior’ es el reproductivo, porque ahí es donde nace y se hace el embrión humano; o que el ‘superior’ es el sistema erógeno porque es el que nos da más placer, y el placer es lo que mueve la vida… ¿Más sugerencias para establecer un baremo de categorías jerárquicas? Puede ser el sistema que más trabaje, el que más calorías queme, o el que menos, según nos pille el día. En las modas, da igual la moda que sea, lo importante es que exista la moda para que haya un baremo con respecto al cual clasificar a las mujeres para fomentar la competitividad. Pero en las cosas de la dominación, ahí los baremos no son arbitrarios, lo superior no puede ser cualquier cosa.

¿Por qué no se ve la función del sistema neurológico como una función al servicio de la sinergia corporal, al igual que el placer, o que el sistema cardio-vascular (un sistema de distribución a cada célula del oxígeno, nutrientes, etc. y de retirada de los productos de desecho), o que el sistema digestivo (que da las ‘ordenes’ al cerebro -en realidad envía señales- para que aparezca la pulsión de las ganas de comer, y que es capaz de despiezar y desmenuzar todo lo que ingerimos, de separar lo que sirve de los productos de desecho, de filtrarlo todo y transformarlo en las sustancias que todas y cada una de las demás células requieren), o los órganos de la percepción sensorial (ojos, oídos…) que ‘dan las órdenes’ al cerebro de tantas y tantas cosas?

Los discursos de la dominación, con su jerarquización, aplastan el sentido que tiene la diversidad y distorsionan las funciones originales; nos impide ver que la vida es la armonía de la diversidad, una autorregulación sin línea de mandos jerárquica.

De hecho no hay argumentos, pues todos dependen de la perspectiva. Todos los sistemas del cuerpo se están continuamente enviando señales (enzimas, moduladores, hormonas, etc.) que se pueden ver como órdenes emitidas por organismos jerarquizados a conveniencia, o como funciones o señales entre organismos in-formacionalmente relacionados (con trasvase de materia y energía), dentro de la autorregulación sinérgica y común del cuerpo humano.

Lo que se jerarquiza es por conveniencia social; es una arbitrariedad sujeta, determinada o impuesta por el pacto social; pero esta arbitrariedad es ajena al funcionamiento de la vida.

Una vez establecida la superioridad del cerebro y del sistema neurológico, entonces sólo hay que dar un pequeño paso para establecer la superioridad de los que tienen el cerebro más desarrollado, es decir los que son más ‘inteligentes’.

Y así con poco esfuerzo llegamos al paradigma fascista de los superhombres, de la inteligencia artificial y de la élite de superhombres ‘inteligentes’ que deben gobernar el mundo.

En un principio ya no hay necesidad de asociar la inteligencia superior a los hombres, a los adultos, a determinadas razas, o religiones, o linajes o a su poderío económico… pero si escarbamos un poco también nos acaban diciendo que tal raza tiene un determinado diámetro cráneo-encefálico o un coeficiente intelectual mayor, que tal religión tiene acumulada tanta sabiduría, que tales linajes y sectores sociales tienen más desarrollada la inteligencia y también la educan mejor, que poseen técnicas para desarrollar la inteligencia, etc. etc.

La Mimosa, 25 de agosto 2008


Se entiende que cada nivel de organización debe tener por finalidad la del conjunto,
y que la finalidad del conjunto debe permitir la de cada nivel de organización subyacente(…)
Si en un organismo no existen jerarquías, no existe relación de dominio,
es porque cada célula, cada órgano, cada sistema,
cumple una función cuya finalidad es participar en la conservación de la estructura del conjunto,
sin la cual ningún nivel de organización, del más simple al más complejo, podría sobrevivir.

Henri Laborit, Mecanismos biológicos y sociológicos de la agresividad, en La violence et se causes, ed.UNESCO, Paris 1981. (pág.49). Se puede descargar en
www.unesco.org